Viernes 23 de Diciembre de 2011
Al acercarse diciembre, las ciudades se visten de luz, los negocios llenan sus aparadores, el tráfico aumenta, y los árboles y pesebres adornan cada lugar. Y, como es de esperarse, con todo ello también llega el tan esperado aguinaldo y nuestros ahorros, que se van volando.
Algunas tarjetas de crédito se llenan de deudas. Pero, ¿qué sucede en diciembre que los negocios se llenan de gente, los amigos y familiares de regalos y sin embargo, algunos terminan con una sensación de enorme vacío, tanto en el alma como en la billetera?
La Navidad es una oportunidad de demostrarse cariño; se procura reunirse con los seres queridos para compartir y festejar, así como darles regalos. Estos obsequios, resultan la manera de decirles a familiares y amigos que se los quiere, sin embargo, la compra de los regalos puede realizarse sin control.
Generalmente, el comprar produce una sensación agradable, estrenar y recibir o dar presentes es algo lindo. Pero cuando se pierde el control y se consume de manera compulsiva, esto se puede convertir en algo patológico.
La Navidad despierta en algunas personas sentimientos de nostalgia y, a veces, de vacío y depresión. Frente a ello, comprar suele producir una sensación agradable, el estrenar, el adquirir aquello que todo el año quisimos, puede bajar la ansiedad; pero cuando es esta actividad la única que produce placer, baja la tensión y calma la angustia, puede que tengamos un problema.
La compra compulsiva delata como característica, cierta “irresistibilidad” a comprar por impulso cualquier cosa que a la persona le llame la atención, necesite o, mejor dicho, piense que necesite, la consigue inmediatamente sin poder esperar, ya que el hecho de comprar le brinda cierto placer, aunque éste sea momentáneo.
La gente compra en Navidad; es tradición recibir regalos de Papá Noel o de los Reyes Magos, hay intercambios con los amigos y familiares, y es cuando se recibe el aguinaldo y con éste la libertad de darse algunos gustos e, incluso, lujos.
Pero, ¿cómo saber si esto de gastar y comprar no se convirtió únicamente en una forma de disminuir sentimientos de angustia, suprimir soledades o evadir toda la parte nostálgica y depresiva que en algunas personas acompañan a la Navidad?
El comprador compulsivo suele tener una sensación de pérdida de control sobre sus hábitos de gasto. De repente se queda sin dinero y no tiene claro en qué lo gastó. Esto le provoca un sentimiento de culpa al terminar las compras, tiende a ocultar cuánto gasta y a veces, esconde artículos nuevos, compra por comprar sin realmente pensar si el producto es necesario o útil.
Suele tener en su casa muchos artículos acumulados o repetidos; incluso, compras sin abrir. El comprador compulsivo gasta más de lo que puede pagar, se termina su aguinaldo y su sueldo en artículos y no le queda nada para asumir los gastos del día a día.
La persona que presenta esta patología suele tener actitudes extremas, que van desde un estado de euforia hasta de tristeza y, finalmente, de culpa. Comprando busca llenar o evadir ciertos sentimientos de vacío, que se incrementan en la época decembrina.
Este problema va más allá del control de la persona, sabe que no le alcanza el dinero o que no necesita el artículo, o quizá que no podrá solventar los gastos que realmente son necesarios para vivir y, sin embargo, no puede dejar de comprar. Cuando esto sucede se requiere de un apoyo terapéutico.
Para todos aquellos que presentan esta euforia por comprar sólo en diciembre, se sugiere lo siguiente:
-Antes de salir de compras hacé un presupuesto. Priorizá los gastos que cubren necesidades básicas, para después ver si se puede ahorrar algo y destinar una pequeña parte para la compra de los regalos.
-Llevar el dinero destinado a gastar en regalos de Navidad en efectivo (bien guardado y no todo junto) y no llevar tarjetas de crédito para no excederse en los gastos.
Recuerda que lo que realmente importa es la intención y no el costo de lo material. Asimismo, hay que tener claros los valores personales, dando mayor importancia al “ser” como persona que al “tener”.
Se pueden buscar formas creativas de expresar afecto, en lugar de comprar regalos, como dar tarjetas, regalar poemas, momentos para compartir en familia y con los amigos, restando importancia al consumismo y lo material.