Sábado 17 de Marzo de 2012
Decenas de miles de personas en España se sientan los lunes por la noche delante del televisor para ver “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, un nuevo reality semanal que entró con fuerza a finales de enero en la parrilla de televisión y que se ha convertido en un fenómeno social, catapultado por la interacción que la red social twitter permite entre los espectadores.
Cinco hombres, aconsejados por sus madres en esta empresa, buscan pareja entre un grupo de candidatas que intentan imponerse sobre el resto de pretendientas. En uno de los casos, los aspirantes son hombres, como el pretendido, porque la cadena privada Cuatro ha incluido a un joven empresario gay entre quienes buscan el amor -y también el sexo- en esta experiencia televisiva.
El reality es una adaptación del formato internacional “Who wants to marry my son?”, que se emitió también con éxito en países europeos como Alemania, Francia o Bélgica. Llegó a España cuando parecía que los formatos de la telerrealidad que inició hace ya más de una década “Gran Hermano” estaban prácticamente agotados.
“¿Quién quiere casarse con mi hijo?” ha demostrado que aún hay espacio para que lo que algunos califican de “telebasura” logre cosechar éxitos de audiencia entre un público heterogéneo que consume con avidez este programa, calificado por algunos como “vulgar” y hasta “ignominioso” y “vergonzante”.
El programa tiene una media del 10,2 por ciento de share, lo que se traduce en 1,824 millones de espectadores. Y encuentra en twitter una plataforma publicitaria gratuita. Porque la red social arde los lunes por la noche, cuando los espectadores se afanan en registrar las frases más célebres de los personajes y convierten en “trending topic” los hashtags relacionados con el programa, como #quienquierecasarseconmihijo o #hijostrospidos.
“Yo tengo una amiga que es negra, negra, negra, y lo lleva maravillosamente bien”, dijo una de las madres, viuda de diplomático, en uno de los primeros programas. Otra no dudó en asegurar que le gustaban los niños negros porque “parecen conguitos”, refiriéndose a una marca de maní bañado en chocolate. En otra entrega, una de las candidatas le dijo a otra: “El día que te comas un mosquito tendrás más cerebro en el estómago que en la cabeza”. Todos los comentarios quedaron inmortalizados en la red social.
“Empecé a verlo de coña (para reírme) y acabé enganchándome porque estaba alucinada con lo que veía. Y creo que eso nos ha pasado a muchos”, cuenta Julia, traductora de 31 años, que alguna noche de lunes se cita incluso con los amigos para ver las andanzas de unos protagonistas que rozan lo esperpéntico y caricaturesco y sueltan como si nada comentarios que no aguantarían el examen del más tibio defensor de lo políticamente correcto.
Madres dominantes, manipuladoras, que arrebatan a sus hijos el protagonismo y que actúan a sus anchas -atacando y criticando a las aspirantes y hasta mintiendo a sus hijos- con el argumento de buscar la felicidad de sus vástagos. Estos, sometidos, intentan rebelarse pero acaban dándoles la razón. Las aspirantes compiten por su hombre con todas sus armas, exhiben grandes dotes de interpretación y algunas olvidan en momentos el concepto de dignidad.
“Nunca pensé que fuera a ver algo así y que en estos tiempos pudiera ver un programa de televisión en el que la imagen de la mujer queda denigrada, no sólo por el hombre al que aspiran a conquistar, sino también por las propias madres, que en alguno de los casos buscan abiertamente una mujer objeto para sus hijos”, dice Julia.
Los protagonistas, con edades entre los 27 y 45 años, no tienen desperdicio. Un químico stripper que utiliza a las mujeres sin pudor y cuya mayor aspiración en la vida parece ser la de acostarse con toda hembra que se le cruce, lo que en Twitter le ha valido del sobrenombre de “Quimifucker”.
“Me horroriza ver la imagen que se da de las mujeres, fomentada por ellas mismas, pero a la vez no puedo apartar los ojos de la pantalla”, dice Lucía, licenciada en Humanidades de 28 años.
Otro de los protagonistas es un empresario homosexual que roza el trastorno obsesivo compulsivo de orden y se enfada con sus pretendientes por dejar un CD en el suelo o les obliga a pasar la mano por un sillón de terciopelo para quitar la marca que han dejado al tocarlo a contrapelo.
El resto son un estudiante de periodismo que debería haber terminado la carrera años atrás y que se gana sus euros como modelo, un informático virgen a los 27 años y un abogado de familia a quien le sirve la comida un mayordomo y cuya madre, viuda de diplomático, tiene enmarcado un retrato de Saddam Hussein y exige que su futura nuera sea católica, de derechas y del Real Madrid.
Las situaciones grotestas y los comentarios sin autocensura -misóginos, esperpénticos y hasta racistas en ocasiones- constituyen una de las claves del éxito del programa. Hasta el punto de que hay quien ha llegado a preguntarse, ante las barbaridades que a veces se escuchan, si no serán actores interpretando papeles.
“En determinados círculos no me atrevería a decir abiertamente que lo veo todos los lunes”, sostiene Lara, politóloga de 35 años, “pero me ha enganchado, no puedo evitarlo”.(DPA)