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Una joven santafesina, veintiocho días atrapada en un crucero en medio del océano

"Acá estoy, flotando como una cascarita de nuez", contó la rosarina Sofía Oxrud al describir el desgarrador presente que atraviesa. La joven no puede trabajar sobre el barco porque finalizó su contrato y sólo desea volver a casa.

Sábado 11 de Abril de 2020

A Sofía Oxrud se le entrecorta la voz a medida que intenta describir el presente que la envuelve. Pasó de vivir una especie de sueño arriba de un crucero a padecer una pesadilla. “Me contrató la empresa Royal Caribbean para trabajar como staff técnico de escenario del barco Radiance of the Seas. Venía todo bárbaro hasta que de repente se fue poniendo todo oscuro por el coronavirus, y los cierres de puertos y fronteras”, arranca relatando la rosarina en diálogo con La Capital de Rosario.

“Desde hace 28 días que estamos arriba del barco, ya sin contrato porque encima el pasado 25 de marzo me informaron que caducaba el vínculo, aunque aseguraron que nos iríamos a casa el 27, una vez que llegáramos a Sidney. No pasó eso y estoy prácticamente confinada en mi camarote y sin saber cómo realmente terminará esto”, acota con impotencia a flor de piel. Al instante confiesa que “ahora estamos navegando de Australia hacia Singapur, ya que supuestamente el 16 de abril podremos anclar y después emprender el retorno. Aunque no sé qué pasará porque al darnos poca y nada de información trascendió que incluso podríamos ir a Malasia.... A la vez afirmó que “luego comenzará otra odisea, la de volver a casa porque están casi todas las fronteras cerradas”.

“Acá estoy, flotando como cascarita nuez”, desprende con cierta dosis de humor Sofía como para romper el hielo y empezar a graficar la historia que está escribiendo “confinada prácticamente de un crucero que circula con casi 300 tripulantes, de los cuales la mitad no podemos trabajar o colaborar porque ya no tenemos contrato con la empresa. Estamos acá arriba sin poder hacer nada. Esto es desesperante, ya que hay gente encerrada con fiebre, pese a que te dicen que están bien”.

La rosarina formaba parte de una comitiva de 800 tripulantes que el pasado 9 de febrero se embarcó desde Australia, donde hace base la empresa. Venía desarrollando sus firmes conocimientos en montajes de obras e iluminación sobre el teatro que tiene el crucero Radiance of the Seas. Ya conocía el rubro porque desde hace un tiempo que se dedica a este tipo de trabajo sobre las imponentes embarcaciones. Todo transitaba por los carriles de la normalidad “hasta que el pasado 14 de marzo desembarcamos a todos nuestros huéspedes en Sídney, luego de que Nueva Zelanda anunciara el cierre de sus puertos por el avance del coronavirus cuando hacíamos el contorno sur del Pacífico. Nadie pensó lo peor en ese momento”, remarcó. “Desde entonces no pisé más tierra, van 28 días”, se lamentó. Asegura que la información se fue modificando minuto a minuto. Y recién el 25/03 le comunicaron que “nos terminarían los contratos a todos los que no fuéramos tripulación esqueleto operativa (600 tripulantes) y que nos iríamos a casa el 27, una vez que llegáramos a Sídney”. Lo raro es que ninguno tenía vuelo o algún itinerario de viaje. Nos mintieron”.

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“El 26 a la mañana, en un mensaje impresentable e insensible, el capitán del crucero nos anunció que Australia nos había cerrado sus puertos y que no nos dejaba ni atracar para cargar combustible y que esperaban una decisión definitiva del gobierno australiano”, describe Sofía. “El 28 de marzo informan que las autoridades australianas habían determinado cerrar sus puertos hasta junio y darnos 24 horas para llegar a Port Kembla para realizar tareas sanitarias, abastecimiento de provisiones y combustible y que luego deberíamos salir por completo de sus aguas. Y así fue, llegamos el 30 a ese puerto y, bajo un estricto control policial, logramos cargar provisiones y combustible. A eso se le sumó que dejaron bajar a la tripulación australiana, pero el resto no. En consecuencia, seguimos a bordo”, graficó.

La rosarina además afirmó que “el 31, sin ningún tipo de información de planes o nuestro destino, y sin ningún caso de coronavirus a bordo nos comunicaron que RCI decidió confinar nuestras cabinas por 72 horas sin poder ni asomar la nariz por la puerta. Una actitud nada solidaria para el momento que vivimos”.

Y agregó: “Después de varios días, lo peor fue cuando el 4 de abril transfirieron a 500 tripulantes de origen asiático a otros barcos, por lo cual quedamos acá casi 300. La mitad se denomina esqueleto, que sería una especie de planta permanente, y el resto era el personal contratado, que ahora no podemos hacer nada”.

“En su momento seguimos trabajando para cerrar el barco con la promesa de volver a dejarlo a disposición porque nos decían que se reactivaría todo. Pero no pasó nada de eso. Nos dieron fechas estimativas, aunque pasó marzo y ya medio abril casi, y nada de nada”, puntualizó Sofía con marcada indignación. "Por momentos parecemos terroristas por cómo nos tratan quienes quedaron a cargo. Somos sólo laburantes que queremos volver a nuestros hogares”, se lamentó.

¿Cómo hacen para alimentarse? “Nos brindan tres raciones de comida: desayuno, almuerzo y cena. Pero la calidad y variación, pese a tener provisiones a bordo, bajó considerablemente ya que hay cocineros habilitados para sólo 156 tripulantes, y somos el doble”, narró. “Casi todo el barco está cerrado”, pintó de manera desoladora.

“Ya llevo 28 días de cuarentena total, seguimos flotando, completamente varados, sin puerto donde desembarcar y sin trabajo, ya que la empresa nos terminó los contratos”, se indigna Sofía, que en el ambiente es conocida como París. “Me tocó ahora una cabina con ojo de buey, pero muchas personas, entre ellas varios amigos, no vieron la luz del sol durante tres días”, dijo.

Un silencio de misa invade la charla por momentos. Del otro lado de la línea se escucha una respiración fuerte. Sofía toma una bocanada de aire y retoma el diálogo a modo de despedida. “Esto no da para más. No veo la hora de que el barco llegue a Singapur y nos dejen bajar, caso contrario nos mandarían a Malasia. Luego será momento de afrontar otra odisea, la de volver a casa porque sé que hay muchas fronteras cerradas, entre ellas las nuestras. Pero bueno, primero espero bajar del crucero. Luego se verá todo lo demás, ya que esta situación es deprimente en todo sentido. Quiero volver nomás”, concluyó esta rosarina que quedó varada en una imponente embarcación en medio del inmenso océano Pacífico.

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