Martes 09 de Diciembre de 2014
Este experimento, realizado a bordo y fuera de la Estación Espacial Internacional, demostró que el cosmos puede ser menos hostil para los viajeros espaciales de lo esperado.
Entre los muchos peligros mortales que afrontará un viajero espacial, la radiación cósmica es uno muy importante, limitando considerablemente el tiempo que los astronautas pueden permanecer en el espacio sin incurrir en un riesgo excesivo para su salud por una dosis demasiado alta de esta radiación ionizante.
Para determinar las dosis reales de radiación a las que están sometidos los astronautas en un viaje espacial largo la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con instituciones de investigación de Alemania, Polonia, Austria, Suecia y Rusia, diseñó y llevó a cabo el experimento.
Matroshka
A un maniquí que imitaba el cuerpo humano se le insertaron varios miles de detectores. Estos detectores registraron las dosis de radiación cósmica dentro de la Estación Espacial Internacional y fuera de ella –en el espacio abierto– durante varios años. El esmerado análisis de los datos de Matroshka acaba de completarse, proporcionando algunos resultados inesperados.
“Se podría decir que descubrimos que el espacio abierto es menos hostil para los humanos de lo esperado. Las dosis efectivas relacionadas con un riesgo para la salud de los astronautas y calculadas a partir de medidas con nuestros detectores, fueron menores que las indicadas por dosímetros llevados por los astronautas”, afirma el Dr. Pawel Bilski. Los dosímetros individuales que lleva la tripulación de la ISS sobreestimaron la dosis real medida dentro del maniquí en un 15%. Sin embargo, en el espacio abierto esta sobreestimación superó el 200%.
Fuente: Planetario UNO / Jorge Coghlan (Vicepresidente del Code Santa Fe).