Secuestró, retuvo, ocultó y explotó sexualmente a dos mujeres, de las cuales con una tuvo dos hijos. Las obligó a prostituirse en las ciudades de Rafaela, Santa Fe y Villa María, en la provincia de Córdoba. En 2008 cayó preso por un homicidio ocurrido en el barrio San Lorenzo, en el sur de la ciudad, y desde la misma colonia penal de Recreo seguía hostigando a sus víctimas. Ayer por la mañana fue condenado.

Así de esa manera, podría resumirse la causa que llegó a juicio la semana pasada al Tribunal Oral Federal de Santa Fe y que tuvo en el banquillo de los acusados a Claudio "Gringo" Rodríguez, un proxeneta perteneciente a la banda "Jim West", que desde hace años opera en la zona sur de la capital provincial.

Ayer, el tribunal de jueces camaristas -compuesto por José María Escobar Cello, María Ivón Vella y Luciano Homero Lauría- lo sentenció a once años de prisión efectiva como autor del delito de sustracción, retención u ocultamiento de una persona con el fin de obligarla a hacer algo contra su voluntad, agravado porque el autor logró su propósito y porque la víctima era menor de 18 años.

El fallo consideró además declarar culpable a Rodríguez por haber promovido la prostitución de una menor por medio de la violencia y amenazas en torno a una de sus víctimas. No obstante ello, también lo sentenció por trata de personas por haber mediado el engaño, la violencia, las amenazas y el abuso de la situación de vulnerabilidad de otra de sus víctimas.

• LEER MÁS: Un juicio oral que destapa cómo funciona la trata de personas en la prostitución

La sentencia dictada por el tribunal fue más baja de la que solicitó en su alegato de clausura, el pasado miércoles, la fiscal general auxiliar Natalia Palacín, cuyo pedido había sido de 15 años de prisión. De igual manera, el fallo del tribunal unificó la condena anterior que purga Rodríguez por un homicidio, y que se tramitó en la Justicia provincial, por lo que el dictamen resolvió fijar la pena en 18 años.

Una secuestrada, la otra engañada

La causa comenzó a partir de los testimonios de las víctimas que, tras escapar de los prostíbulos donde se encontraban cautivas, pudieron narrar lo vivido entre el 2003 y 2007, cuando cayeron en manos de Rodríguez.

En 2003, N.G. (que en ese entonces tenía 15 años) fue secuestrada por dos hombres al salir de una clase de educación física en una escuela del barrio Santa Rosa de Lima. Fue cargada en un automóvil blanco con vidrios polarizados y trasladada (encapuchada) hacia una vivienda, donde fue encerrada en una pieza con un colchón en el piso.

Días después fue trasladada hacia una propiedad de la ciudad de Rafaela; allí fue recibida por dos mujeres, las cuales la alojaron en una pieza vidriada donde había otras mujeres y le adjudicaron distintas identidades. Al tiempo, fue obligada a prostituirse durante un mes aproximadamente. Cuando no podía más, sus cautivadoras llamaban a Rodríguez, quien llegaba a esa vivienda -que oficiaba como prostíbulo- y mediante golpes y amenazas le dejaba en claro lo que tenía que hacer: seguir prostituyéndose.

De Rafaela fue trasladada, con documentos falsos, hacia un prostíbulo ubicado en la ciudad de Villa María (Córdoba), donde pasó un tiempo prolongado, el cual nunca pudo ser establecido por la joven, quien ni siquiera tenía permitido salir del lugar en el que se encontraba para que no identifique dónde estaba ubicado.

Entre el 2006 y el 2007 la joven fue trasladada hacia Santa Fe y obligada a ejercer la prostitución en un hotel ubicado en cercanías a la terminal de ómnibus. Pero ese paso iba a concluir ya que sus captores la trasladaron a una vivienda de Goyena al 3600, desde donde pudo escapar tras un descuido.

La otra víctima, M.L., tuvo un lazo diferente con Rodríguez. Lo conoció en el barrio San Lorenzo y por medio de engaños, el hoy condenado le prometió trabajo en Villa María y mejores condiciones de vida. Al llegar la joven, que en ese entonces tenía 17 años, terminó dándose cuenta de que aquella propuesta tenía como fin ser explotada sexualmente.

"Con la misma finalidad y utilizando la misma metodología que para N.G., la trasladó permanentemente desde la ciudad de Santa Fe a los mismos prostíbulos de las ciudades de Rafaela y Villa María", explicó en su alegato de clausura la fiscal Palacín.

El cautiverio continuó

A pesar de que la primera víctima escapó de las manos de sus captores, Rodríguez continuó hostigándola años después. En este sentido, la propia víctima explicó en una oportunidad que el proxeneta, por medio de amigos y allegados, obligó a la joven a que lo visite en la Comisaría 9ª de la capital provincial, cuando el sujeto ya se encontraba detenido por un crimen cometido con arma de fuego.

A su vez, también le hizo llegar un trozo de papel con el número de teléfono que utilizaba cuando ya se encontraba preso en Las Flores. De todas maneras, la joven fue fuerte y resistió todo ello para poder contar todo el calvario durante el juicio.

La misma situación le tocó vivir a la otra joven que fue engañada por Rodríguez. En ese caso, la situación fue diferente, es que la muchacha tuvo que visitarlo en el penal en distintas oportunidades. Tal situación derivó en que ambos tengan dos hijos.

Dictamen final

El pasado martes 21 de noviembre, el caso llegó a juicio y por el mismo pasó una serie de testigos -entre ellos investigadores del caso y familiares de las víctimas-, que dejaron firme la hipótesis que tuvo el caso a partir del testimonio de las jóvenes.

Pese a que el mismo Rodríguez, al momento previo a la sentencia, se declaró inocente y que todo había radicado en un problema familiar, el tribunal impuso el peso de la ley por un caso por demás de impactante y que revela, una vez más, cómo opera la trata de personas en los prostíbulos de la ciudad, la región y el país.