Lo dijo el padre Ignacio
Domingo 01 de Abril de 2018

"La Iglesia no puede ir contra la vida, pero nunca condenó a una mujer por abortar"

Nacido en Sri Lanka, el sacerdote Ignacio Peries cumplirá en 2019 cuarenta años en Rosario. Las multitudes que lo siguen aseguran que sus manos sanan. Su repercusión ya es internacional.

Ignacio Peries termina su charla con La Capital y se dispone a fotografiarse a pedido del diario. Falta un día para que presida el tradicional Vía Crucis y está viviendo horas extenuantes de trabajo. Su popularidad y convocatoria atraviesan un momento cumbre: apenas sale a la explanada de la parroquia Naividad del Señor, pasa un muchacho en moto que lleva puesta una gorra. Al observarlo, el joven se detiene frente al templo y le pide una bendición. Segundos después, el cura confiesa: "Este chico está saliendo de la droga". El sacerdote se muestra conforme. En la entrevista, admite que se siente "útil". Agradece la confianza de la gente y contesta desde su profunda fe todos los temas. Habla del perdón, que "es solo de Dios" y lanza su posición sobre el aborto. "La Iglesia jamás puede ir contra de la vida, porque Dios es dueño de ella. Pero nunca condenó a quien se lo haya practicado".


—En estos días, la Iglesia repite que está favor de la vida. ¿Ha mencionado el tema en sus mensajes?

—Ya lo hice varias veces. Es un tema complicado porque las decisiones obedecen a conflictos personales. Sin embargo, la Iglesia nunca va a estar en contra de la vida, esa es su vocación y compromiso. Decimos que Dios es el dueño de la vida; no puede irse en contra de eso. Pero, por otro lado, la Iglesia nunca condenó a nadie que se haya hecho un aborto. Al contrario, acompaña, consuela y le da paz para sobrellevar la decisión. Puede existir un decreto, una ley, pero no se puede cambiar la opinión de la Iglesia. Sería un peligro decir lo contrario, porque nadie respetaría la vida y no significaría nada.


—¿Qué respuesta se le puede dar a quien toma esta determinación?

—No puede dejarse de perdonar. Dios no condena al que se equivoca. Pero es imposible cambiar los valores y principios morales de la Iglesia, su postura, la doctrina fundamental. Cada uno reacciona ante sus conflictos sentimentales, sociales o malas experiencias. Pero el perdón es solo de Dios. Si uno sabe manejar sus sentimientos con Dios, todo se puede superar. No se trata de quitar la libertad de nadie, cada uno lleva su conciencia de vida y si cree que se equivoca y busca el perdón, estará perdonado.


—Este tema generó conflictos. ¿La Argentina está muy dividida?

—Nadie es santo, todos nos equivocamos y después queremos justificar nuestros errores. Pero Argentina no está tan dividida. Hay paz y tranquilidad en comparación con otros países. El error es que muchos argentinos se van a los extremos, sin equilibrio. Por ejemplo, la persona que esta equilibrada, disfruta la vida. Hay que evitar la violencia, a la que se tiende a ir antes de llegar al diálogo. Algunos creen que gritando pueden callar la boca de los demás. Yendo a los extremos, no queda espacio para entender.

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—¿Cuál es el mensaje para este año?

—Que Dios no necesita sacrificios ni holocaustos. He notado que las personas buscan paz y perdón en virtud de sus conflictos, materiales, sentimentales y sociales. Y eso se va a hallar de manera muy personal porque cada uno tiene su forma de mirar, entender y sentir a Dios. Se trata de interpretar ese perdón que se busca, por lo tanto es una cuestión muy personal. Este es el tema principal de este año: buscar la paz y el perdón con sus defectos, virtudes, mentalidad y conflictos. Buscar a su manera ese contacto con el dueño del perdón; una cuestión directa, un vínculo personal.


—¿Tiene pensado su mensaje final del Vía Crucis o surge espontáneamente?

—Durante el Vía Crucis se siente lo que la gente pide y está buscando. La atracción más importante de la iglesia Natividad son los enfermos. Es increíble la cantidad de gente que ha sanado, encontrado la paz y viene mucho para agradecer. Pero aparte de eso, hay gente que pide por trabajo y este año noté la necesidad de paz incluso entre los jóvenes.


—¿Eso ocurre porque hay demasiada tensión social?

—Sí. Eso produce sufrimiento, que no se entiende y requiere un porqué. Muchos han proyectado su futuro, con expectativa: la compra de una casa, el casamiento. Y después encuentran que no pueden concretar ese anhelo. Así, la gente se desespera porque no puede cumplir los sueños y queda alterada y esa sensación se traslada a la familia, al trabajo, a los amigos, a la sociedad. Por eso, las personas vienen en busca de tranquilidad.


—¿Este año se ha notado más esa imposibilidad de concretar los anhelos?

—Le ocurre a mucha gente, especialmente a la juventud. Porque a pesar de que se habla de drogas, violencia y robos, hay muy buena juventud, sana. Familias que quieren mantener esta vida sana con proyectos para concretar. Me siento útil cuando veo que puedo transmitir la paz y noto la confianza que la gente tiene en mí.


—Pero también es un compromiso...

—(Risas) Sí, pero la gente tiene gran esperanza en mí. Creo que a casi 40 años de Vía Crucis sin interrupciones, ese acercamiento que fue creciendo muestra que Dios responde y que la fe mueve a la gente. De esta manera, uno siente que vale la pena el sacrificio de todos los días, que genera que el descarriado vuelva al camino de la vida.


—Usted suele decir que es un nexo con Dios y que él logra la sanación. Pero no le pasa a todos los curas.

—Quizás porque no todos se quieren comprometer. Hay que estar cuando la gente lo necesita, no cuando yo lo necesito. Eso obliga prácticamente a dejar de lado la vida privada para responder a quienes nos necesitan. Es un compromiso grande. Algunos sacerdotes tienen miedo a comprometerse. No obstante, los más jóvenes, empiezan a mostrarse con mucha fe. Porque de eso se trata, de estar convencido plenamente, con fe ciega hasta siendo sacerdote.

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Sorprendido de su popularidad


El padre Ignacio se sorprende de su popularidad. En una oportunidad vio en el aeropuerto John Kennedy de Nueva York cómo varias personas rezaban la oración de Natividad del Señor junto a la medalla que entrega en la parroquia. Sus misas son seguidas en 27 países a través de internet. Los fieles le envían mensajes en busca de alguna sanación y luego asisten al Vía Crucis rosarino para agradecer. Minutos antes de que La Capital ingresara a entrevistar al srilanqués, una familia estadounidense salía de charlar con él. "Uno no puede creer que su nombre se escuche en Rusia, Finlandia, India, China o Malasia", remarca. Y ni hablar de las mujeres que por su intercesión logran ser madres. Ellas van luego a bautizar a los niños a la parroquia de Ignacio e incluso no dudan de llamarlos así, igual que el cura que las ayudó. "Hay una generación de Nachos, Margaritas o Mateos (por los padres del sacerdote)", señala.


Fuente: La Capital