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Memorias de costa a costa sobre el agrarista Bernardino Horne

Lo recuerdan bien en Colón y mejor en Paraná, y es difícil hablar de alimentos y arraigo en la Argentina sin mencionar su nombre.

Sábado 04 de Julio de 2020

El trabajo de las comunidades campesinas, el combate a los latifundistas, fueron desvelos del entrerriano, recordado por sus conocimientos, su militancia y sus convicciones cooperativistas.

“Nuestro país es de los que tienen más concentrada la propiedad rural... La tierra fue, y lo es aún, objeto de especulación sobre su valor social sin que el Estado haya hecho ni haga nada, para evitar la apropiación de ese valor”.

Son palabras de Bernardino Horne, dos veces concejal de Concordia, dos veces diputado nacional, ministro de Hacienda, Justicia e Instrucción Pública del gobierno provincial de Luis Etchevehere; secretario de Agricultura y Ganadería de la nación durante la presidencia de Arturo Frondizi, notable entre los pensadores sobre el uso y la tenencia de la tierra, y cooperativista activo.

El próximo 1ro. de noviembre se cumplirán 120 años de su nacimiento en Colón en 1900. Uno de los dirigentes que más conoce y admira su trayectoria, y que lo trató en persona, es el cooperativista de Paraná Pedro Aguer.

Mejora genética

“Corría el año 1959. Gobernaban, en la provincia de Entre Ríos, Raúl Uranga, y en la Nación, Arturo Frondizi. Eran Secretario de Agricultura Bernardino Horne y Director de Ganadería, Granja Caza y Pesca Gumersindo Aguer. Las dos reparticiones, la nacional y la provincial, hoy tienen nivel ministerial”, recuerda Pedro, el hijo de Gumersindo.

“El doctor Horne y el profesor Aguer, amigos desde la juventud, habían militado en la UCR y cuando se produjo la escisión lo hicieron en la UCRI. Ya en el Gobierno continuaron en contacto, inspirados por la misma causa que los había unido (tiempo antes): la ruralidad. Horne había escrito La Transformación Agraria, un proyecto de lo que podría haber sido un comienzo oficializado de la Reforma Agraria, tan agitada como bandera y tan postergada siempre”, dice Pedro.

“Sólo relataré un hecho que sirve para muestra de lo que se puede hacer desde el gobierno cuando se trabaja con ideas claras y en consecuencia de éstas. Había que promover, fomentar y estimular la industria lechera en la Provincia.Era necesario mejorar los planteles de ganado vacuno en los tambos, para lo que hacía falta impulsar un cambio en la genética de la raza Holando Argentina, lo que demandaría un importante de-sembolso, que quienes se dedicaban a la explotación tambera y no lo hacían de manera exclusiva sino complementaria, no estaban en condiciones de realizar; pues tenían un ganado de mala calidad para producir los promedios requeridos para que la producción fuera rentable”.

Y sigue Pedro: “Se requería adquirir reproductores en establecimientos especializados, cuyos precios de cabaña eran inalcanzables. También se presentaba la necesidad de organizar el tambo con tecnología, y sobre todo con una alimentación adecuada, de lo que se ocupó de manera eficaz el INTA, años después; con la gestión de los veterinarios, doctores Nóbel Babboni y Juan Santillán”.

Prepare el tinglado

“Aguer -hace memoria su hijo- le escribió a su amigo Secretario que sería muy oportuno crear un Centro de Inseminación Artificial, para acelerar el proceso, con gratuidad para los tamberos, pues el método estaba dando excelentes resultados donde se lo aplicaba, en todo el mundo. En la provincia estaban funcionando uno o dos tambos particulares que lo hacían, pero no con carácter gratuito, de manera cerrada. La respuesta vino en un telegrama: ‘Prepare el tinglado que van dos toros’”.

“A la semana estaban en Paraná un toro Willys y el otro Baradero; ante la urgencia hubo que habilitar el hangar (desocupado) que estaba en La Picada (en el hoy Complejo Almafuerte), y allí mismo se instaló el Centro de Inseminación Artificial, con el correspondiente laboratorio, que se inauguró conducido por el doctor Argentino Tos, asistido por un ayudante de apellido Godoy. Luego el centro continuó funcionando con la dirección técnica del señor Perreta”.

Lo que señala Pedro Aguer es la lucidez del ministro y su determinación. Sin más palabras, sin promesas ni demoras, se limitó a mandar los toros.

“Lo destacable -continúa como ejemplo de los hechos concretos- es que a los dos años de su inauguración se realizó en la Sociedad Rural de Paraná una exposición de terneras y terneros nacidos por ese método de reproducción”.

Cotapa y Contagú

“Hoy, la explotación tambera pyme ha sido reemplazada por la gran escala propia de la acumulación.Pero, en su momento, la provisión gratuita (estatal) del sistema reproductivo, la orientación del INTA y la creación de las cooperativas Cotapa y Cotagú, contribuyeron a la promoción de una nueva vida para los tamberos y sus familias, que dejaron las formas antihigiénicas de la explotación, por métodos mecánicos de ordeñe, modernos, progresistas, incluyendo una organización socioeconómica cooperativista, con vistas a una nueva vida. Por cierto, a esto último lo señalamos con profundo dolor -agrega Pedro Aguer- porque el combate al éxodo rural, que era uno de los propósitos fundamentales de estas iniciativas, se frustró por la creciente tendencia de las injusticias de políticas de raigambre antipopular y antinacional, cargadas de complicidades y corrupción”.

Pedro Aguer recuerda que la Ley de Transformación Agraria que promovió Horne “causó su caída, junto con Carlos Florit, el Canciller de Frondizi, que cayó por restablecer las relaciones con Cuba”.

Luego se explaya en el tema de la inseminación como tecnología de avanzada. “El toro de tambo era un peligro para la familia, pues se lo tenía estabulado y resultaba muy difícil manejarlo ya adulto por su bravura, no así el toro de rodeo que vive suelto a campo. Por cierto, cuando los tiempos del centro, una extracción de semen alcanzaba para fecundar entre 50 y 80 vacas. Hoy alcanza para 500... Acá se hacía la dilución con clara de huevo. Y eso se hacía en el laboratorio del mismo centro. Hoy se importa el semen en termos que se guardan en la heladera. Los terneritos que nacían en las chacras de nuestros tamberos tienen el padre en Canadá, Holanda, EEUU, etc.”, señala el maestro cooperativista.

La chacra Graliber

Pedro Aguer cuenta que Horne tenía en Paraná “una hermana casada con el Odontólogo Wibert, que vivía en calle Alem. En La Picada tenía una granja ‘Graliber’ (la compró Luis Lossi), a la vera del Arroyo Sauce. Tenía un hermano Benjamín, con una chacra en lo que hoy es el Tilcara. Era el suegro de Cacho Barbagelatta. Yo iba con mi viejo a esos lugares. Ellos frecuentaban mi casa de calle Pellegrini 418, que fue el primer domicilio de COTAPA”, comenta Pedro ante nuestras consultas.

“Horne era abogado. Muy conocido en la costa del Uruguay. Tenía muchas relaciones ahí por su estadía en Colón, pero no me acuerdo cuánto tiempo vivió en esos lares. En las reuniones se destacaba por su oratoria sencilla, muy didáctico en las explicaciones. Muy conversador en los temas que sabía. Por cierto -añade- lo acusaban de ser comunista. Los radicales del pueblo lo acusaron de peronista porque Perón lo convocó para que lo asesorara sobre el trigo cuando la crisis del trigo candeal”.

“A Paraná no pasaba más de un mes sin venir porque disfrutaba del tambo en Graliber. En mi casa pasaba las mañanas enteras tomando mates y conversando con mi viejo sobre temas rurales, de cooperativismo, de política social agraria”.

En la otra costa

El profesor Alejandro González Pavón realiza un aporte fundamental sobre las convicciones de Horne, con motivo del aniversario 163 de la Colonia San José.

“Bernardino Horne, un hijo de esta región, que supo mamar desde el seno de madre la rica historia que compone estos solares, y más aún, los de la Colonia San José, por ser ésta el lugar en donde se afincaron sus antepasados”, dice en un comentario que realizó en el diario El Entre Ríos y recuerda que Horne fue conocido como el centinela del agro argentino, “tal como lo expresa una de las placas conmemorativas en su bóveda familiar en el Cementerio de nuestra ciudad” de Colón.

Entonces toma expresiones de Horne publicadas en el centenario de la colonia San José, en 1957, un trabajo que tituló “Un ensayo social agrario. La colonia San José…”.

Allí recuerda que los inmigrantes europeos venían a Corrientes, luego iban a ser ubicados en Ibicuy, y se instalaron finalmente en campos de Urquiza.

Hay extensos detalles sobre las peripecias de los pobladores inmigrantes, la colaboración de Justo José de Urquiza, las fallas de la organización de la colonia en el nacimiento de la ciudad de Colón y localidades vecinas.

Todo eso mereció la atención especial de Horne, como centro de sus desvelos en torno de las posibles curas a los daños del latifundio y por el éxodo de las familias campesinas.

Para Horne, la transformación agraria no se limitaba a repartir tierras. Él tenía en cuenta aspectos integrales para la continuidad de las nuevas explotaciones, y por eso sus obras siguen siendo de consulta, si consideramos que uno de los males que padece la Argentina es precisamente el hacinamiento en las grandes urbes, el despoblamiento de vastas regiones, y que algunos intentos de cambio en el campo no pasaron de espasmos precisamente por la falta de organización, es decir, por la visión estrecha, limitada, de sus responsables. El coronavirus ha venido, precisamente, a desnudar este flagelo, y en general los dirigentes de diversos partidos se preocupan por los contagios en el hacinamiento (Gran Buenos Aires) pero les cuesta hablar del amontonamiento en sí como fuente de tantos daños a la salud.

“La tierra debe dejar de ser una mercancía, de uso exclusivo de quien la posee en propiedad, para ser considerada en función social. El hombre, factor activo de esa función -agrega Horne-, deja de ser por ello el elemento aislado, sin orientación, sin cultura y víctima permanente de una explotación sin contralor; y en tanto se trata de un factor social relacionado con la tierra,que produce para todos, es el Estado el que debe dar y garantizar las bases de su organización y protección, para que los objetivos comunes se cumplan. En lo que respecta al capital, la articulación con los anteriores factores mencionados es casi automática, en tanto el Estado, con su crédito especializado ha de tender al arraigo del agrario, independizándolo de la banca y delcomerciante particular”.

El sujeto social

La estudiosa Silvia Lazzaro, de la Universidad de La Plata, rescata expresiones como esta, de Horne, en torno de la problemática del poblamiento y la producción. Y dice: “El sujeto social que Horne instala en el centro de sus preocupaciones es la clase agraria cada vez más pobre y desamparada. En esta clase agraria Horne incluye a todo aquel que vive y trabaja en el campo, sean propietarios, arrendatarios, asalariados, peones o proletarios rurales, excluyendo explícitamente a todos aquellos que se llaman productores porque tienen establecimientos o grandes explotaciones, pero cuyos dueños viven en las ciudades y no trabajan en forma directa”.

Probablemente, agregamos nosotros, los excluidos por Horne sean los que hoy suelen autodenominarse: el campo. Vaya paradoja.

Pero también es cierto que la mayoría de las explotaciones y rubros que daban trabajo de manera masiva e intensa en el campo han sido reemplazados por una economía llamada de escala, con alta participación del capital financiero y escaso protagonismo campesino. Es decir, aquella clase social ayer empobrecida hoy vive en el destierro. Y es cierto que muchos de los puestos de trabajo son ocupados por máquinas.

Está todo para conversar: quiénes viven en el territorio, cómo viven, quiénes producen los alimentos, qué alimentos; para quién se cultiva la tierra o se interviene en la ganadería; cómo vivir en el campo y cuidar la salud del suelo, del agua; cómo promover la agricultura y restaurar el monte talado a la vez. La manera de recuperar la vida del ser humano dentro de la biodiversidad, y no como su enemigo. Cómo recuperar la red de relaciones y conocimientos del mundo campesino, sus tradiciones comunitarias, y curar a la vez del hacinamiento a tantos barrios víctimas de enfermedades propias de la vida en lugares inadecuados. Y todo ello, cuando las cooperativas de pequeños productores fueron muriendo (Cotapa y Cotagú por ejemplo), y los bancos estatales de la provincia y el municipio de la capital entrerriana, que debieran apuntalar el poblamiento sustentable, quedaron en manos privadas, de modo que su mirada no es integral sino enfocada en la ganancia, como es lógico.

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