La re-reelección aún no está en la agenda

Viernes 04 de Mayo de 2012

Cualquier intento por reformar la Constitución Nacional que se plantee en este momento de la Argentina es pura especulación. O periodística, o de aquellos que buscando ser más papistas que el Papa, intentan quedar bien con La Rosada. No hay planes en este sentido en la cabeza de la Presidenta, y sólo se los deja correr porque no le conviene una discusión adelantada por su sucesión a poco de iniciar su segundo mandato.

Recién con la elección legislativa del año próximo el gobierno estaría en condiciones de analizar seriamente si podría llevar adelante una reforma, que hoy los números legislativos le impiden. Parece que muchos desconocen que para abrir un proceso de reforma se requieren dos tercios del Congreso, que con la actual composición es imposible. Y después, una elección de convencionales constituyentes, donde el oficialismo debería obtener un notable triunfo para asegurarse mayoría de voluntades que le permitan avanzar. Nada fácil, como se verá.

Tampoco hay en el oficialismo nombres de “sucesores” o eventuales candidatos. El gobierno recién se está reponiendo de las secuelas del caso Ciccone y las repercusiones que este tuvo sobre la figura del Vicepresidente Amado Boudou. Y aún debe “imponer” el nombre de Daniel Reposo como sucesor de Esteban Righi al frente de la Procuración, lo que costará un poco más de esfuerzo que lo previsto. Por eso, el gobierno sólo se limita a saborear el haber recuperado el centro del escenario político con la nacionalización de YPF, proyecto que este jueves será convertido en ley, con el apoyo de los bloques mayoritarios de Diputados.

El tema YPF permitió recuperar el debate político puertas adentro de las estructura partidarias de nuestro país adormecidas desde hace tiempo. Y es en el radicalismo donde con más fuerza se ha instalado el debate que, con la excusa de YPF, transmuta hacia un debate ideológico para saber donde pararse hacia el futuro. El radicalismo ahogó ese debate que se debería haber dado en las primarias del año pasado. Tanto Ernesto Sanz como Julio Cobos se arrepienten hoy de no haber presentado batalla interna a Ricardo Alfonsín, que no sólo hubiera fortalecido a la fórmula presidencial, sino que habría orientado ideológicamente al centenario partido.

Hoy subsisten dos posiciones: los que consideran que hay que consolidar el partido como fuerza de oposición y eventualmente buscar una alianza con el Frente Amplio Progresista y los que, como Oscar Aguad, creen que deben ir hacia la derecha y buscar a Mauricio Macri para el 2015. Esta ultima postura acaba de ser derrotada por una mayoría que, en el caso YPF, definió que se vote a favor de la nacionalización de la empresa, planteando disidencias en particular y criticando la responsabilidad del kirchnerismo frente a la actual crisis energética. Este grupo tuvo que soportar algunas frases fuertes, como las del diputado entrerriano Fabián Rogel, que disparó: “La foto de los radicales junto a Pinedo y Patricia Bullrich nos hizo mucho daño”. Por primera vez se escuchó al presidente partidario, Mario Barletta, que, sin titubeos, dijo: “En el radicalismo nadie votará en contra de lo dispuesto por el Comité Nacional”. Por lo tanto, Oscar Aguad y el grupo de diputados que lo acompañan en la rebeldía interna, o deberán ausentarse del recinto al momento de la votación, o quedarán expuestos a sanciones partidarias, que llegarían a la expulsión.

Frente al desafío de la nacionalización de YPF, salvo alguna sorpresa, la alianza liderada por el ex gobernador santafesino Hermes Binner pareció quedar mejor parada políticamente, ya que sin mayores planteos, definieron rápidamente el acompañamiento en general, y las disidencias en particular. Salvo la senadora Norma Morandini, que avisó en la discusión previa que se abstendría, los demás votarán de acuerdo a lo establecido. Lo que queda de la representación parlamentaria de la Coalición Cívica sigue a los tumbos, ya que mientras Elisa Carrió votará en contra -con durísimas críticas- otros apoyarán y otros se abstendrán.

El peronismo federal también pasa por la misma disyuntiva, dividido entre quienes apoyan o están en contra.Y el Pro y su nueva aliada política, Patricia Bullrich, votarán en contra, aunque tratando de disfrazar las contradicciones que han venido teniendo públicamente sobre este tema. El gobierno aprovechó el acto de Vélez, para soltar los fantasmas que lo asolaban desde el caso Ciccone y dar rienda suelta a los festejos por la recuperación de YPF. En el oficialismo también respiraron aliviados de que esta vez la bolilla no cayó en los juzgados manejados por el Dr. Oyarbide, y se detuvo en un juez de bajo perfil, sin cuestionamientos a la vista, el Dr Ariel Lijo. Ahora las energías de los abogados que trabajan en las cercanías de Boudou están puestas en lograr el desplazamiento de la causa del fiscal Rívollo, a quien responsabilizan por lo que ellos sostienen “un mal manejo de la causa”.

La movilización de Vélez renovó asimismo el poder de convocatoria del “Cristinismo” mostrando una nueva base de sustentación política, mucho más auténtica, fiel, altamente politizada y compenetrada con “el proyecto”, que la que venía mostrando el kirchnerismo en vida del ex Presidente Néstor Kirchner. Estas movilizaciones eran alimentadas por las estructuras sindicales ligadas a Moyano, los intendentes del conurbano bonaerense y algunos movimientos sociales.

El viernes se vio que los movimientos sociales de D’Elía, Depetris, Pérsico, más las agrupaciones propias como Kolina y La Cámpora tienen poder de movilización propio y están dispuestos a defender a capa y espada el proyecto. Hay que anotar también que, después de aquellos cruces por las desafortunadas expresiones presidenciales contra los docentes, en la apertura de las sesiones ordinarias del Parlamento, la CTA de Hugo Yasky y algunos gremios docentes, también fueron de la partida, renovando la transversalidad que en algún momento exhibió el kirchnerismo. Si, como lo viene haciendo hasta ahora, la Presidenta profundiza la “sintonía fina”, que conlleva tomar medidas que ya se ha visto significan, en muchos casos, desandar algunos caminos iniciados por el ex Presidente Kirchner, se estará definitivamente dando paso al “Cristinismo”, con renovados actores políticos, proceso que se inició en las elecciones del año pasado, cuando la Presidenta dejó de lado la estructura tradicional del PJ, enfrentó abiertamente a Moyano y puso su sello al proceso político que la depositó en nuevo período en la Casa Rosada. Ese proceso político aún está en construcción, y habrá que ver como se consolida.

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