La Región
Sábado 10 de Febrero de 2018

Finalmente, los huesos hallados en la búsqueda de una familia de Entre Ríos eran de animales

Los restos encontrados en un campo de Nogoyá, en el marco de la investigación sobre el paradero del matrimonio Gill y sus cuatro de hijos de entre 2 y 12 años, desparecidos en 2002, no son humanos, informó uno de los abogados querellantes.

Las doce piezas óseas fueron encontradas entre el lunes y el jueves pasado en un campo de una Estancia de Crucecitas Séptima, un pueblo a 50 kilómetros de Paraná del departamento de Nogoyá, eran de animales.

Las excavaciones se iniciaron el lunes luego de que un nuevo testigo aseguró haber visto a Gill haciendo pozos en La Candelaria, la estancia que pertenecía a Alfonso Goette, patrón del matrimonio, quien murió en 2016 en un accidente automovilístico. Los restos óseos fueron encontrados en "un pozo lleno de agua, que se vació y luego al pasar una zaranda por el barro que había debajo, se dio con este hallazgo", contó el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta.

En tanto, el juez indicó que los procedimientos continuarán en la zona durante las próximas dos semanas. Por su parte, el abogado querellante, Maximiliano Navarro, que representa a la madre de Norma Margarita Gallegos, esposa de José Rubén "Mencho" Gill, aseguró que los huesos hallados "corresponden con la morfología de animales".

En los trabajos participó el jefe del Departamento Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia, Luis Moyano, personal policial, y el médico forense de Nogoyá.

La última vez que los vecinos de la estancia La Candelaria supieron algo de la familia Gill fue el 14 de enero de 2002 cuando vieron a José Rubén "Mencho" Gill, el padre, trabajando en el campo. Seis meses después, un familiar denunció su desaparición y lo que ocurrió con ellos, desde entonces, fue un misterio.

No hay registros oficiales ni datos migratorios sobre el destino de Gill, de 56 años, peón rural; de su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26; ni de sus hijos María Ofelia, de 12, Osvaldo José, de 9, Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2.

Sin embargo, uno de los testigos a los que el fiscal Federico Uriburu volvió a entrevistar el año pasado contó que ese 14 de enero había visto a Rubén Gill quejándose por los pozos que le habían ordenado cavar en el campo donde trabajaba.

La desaparición de la familia fue dada a conocer, en primer lugar, por Goette, quien visitó a una de las hermanas de Rubén para preguntar por ellos, aunque pasaron seis meses para que un familiar presentara la denuncia en la justicia.

Carina Gill, sobrina de Rubén, aseguró que desde la familia buscan "que se termine todo, darle un cierre a esta historia porque ya son 16 años de incertidumbre, de no saber nada". María Adelia Gallegos, la madre de Margarita, la mujer de Gill, no tiene dudas sobre lo ocurrió: "el error es buscarlos vivos, porque ellos ya están muertos y enterrados", sostuvo. "Para mí tienen que buscar donde vivían hace catorce años, que es el campo de Alfonso Goette", pidió la mujer.