Los relatos de viajes, otra forma de seguir recorriendo

Amanece en la ruta. Los libros de viajes han proliferado en los últimos tiempos, aunque desde épocas muy lejanas, personajes y celebridades de todo el mundo.

Jueves 17 de Octubre de 2013

Por Patricia Losada

losada.patricia@diariouno.net.ar

Los libros de viajes han proliferado en los últimos tiempos, aunque desde épocas muy lejanas, personajes y celebridades de todo el mundo dejaron plasmados en cientos de páginas sus experiencias, su mirada única de un destino o de un simple traslado en tren. Se pueden encontrar desde aquellos escritos en primera persona, como un diario de viaje o como relato que se mezcla con la ficción, con lo periodístico. Pero lo más enriquecedor es la mirada del autor que describe su vivencia, su encantamiento que fluye cuando se llega a un lugar desconocido o se está frente al monumento o pueblito que alguna vez soñó.

“Desde finales del siglo XVIII y con plenitud en el XIX, el viaje tuvo un valor cultural que definía una nueva calidad de la experiencia, y por lo tanto exigía un nuevo tipo de escritura literaria, autónomo de los modelos propios de la narrativa como el cuento y la novela”, explica Jorge Monteleone en su libro El relato de viaje, una recopilación de escritos que incluyen desde Sarmiento hasta Umberto Eco.

También Victoria Ocampo, Marcel Proust, Jean Paul Sartre, Italo Calvino, Frank Kafka y Vinicius de Moraes aparecen en esta recopilación exquisita. Los viajes han sido abarcados desde otro perfil. Por ejemplo el libro Los no lugares, del antropólogo francés Marc Augé, es atrapante y muy singular: describe magistralmente aquellos espacios de transitoriedad como un hotel, una autopista o un aeropuerto donde el viajero se encuentra en ellos en forma circunstancial.

El autor reflexiona sobre la identidad del individuo en función de su relación con esos espacios que transita. Para los amantes del relato, lo mejor es leer a Martín Caparrós, considerado uno de los grandes referentes del relato de viajes. “Sigo sospechando que los viajes son otra cosa. Que son el cuerpo de esa mujer que ponía el cuerpo en el funicular del Victoria Peak con una remera innecesaria que decía Keep on lookink y que volví a ver un rato después, revolcándose con un rubio en el pasto de la colina y nunca más. O dos mujeres extremadamente pobres, flacas, sucias en Cap Haitien que se compraron un ramito de flores secas… Creo que esto sé de los viajes.

Esto que afortunadamente es obsceno. El resto pronto se vuelve desconocido, ajeno: es el discurso que se organiza para sobrevivir, para pagar las deudas, estrategias para alejar las imágenes que alguna vez importarán”, dice en su premiado libro Larga distancia.