Otra vez una historia que vincula a un boxeador santafesino con el delito vuelve a estar en boca de todos. Y una singularidad inquietante: las víctimas o denunciantes de esos delitos han sido siempre mujeres.

Mientras el país habla del quíntuple asesinato de barrio Alfonso, donde el viernes pasado el agente penitenciario Facundo Solís mató a su expareja, la hija de esta y su novio, su exsuegra y su excuñada, muchos recordaron un hecho icónico de la violencia de género en la Argentina, que tuvo como culpable a uno de los mayores ídolos deportivos de Argentina: Carlos Monzón.

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Como se recordará, el nacido en San Javier, campeón del mundo mediano en los años 70, murió en una accidente en 1995, cuando tenía salidas sociolaborales, condenado por haber asesinado a su mujer, Alicia Muñiz.

Por estos días hay otro caso que se ventila en Tribunales. Es el que tiene como denunciado al también excampeón del mundo Carlos Baldomir, acusado de haber abusado sexualmente de su hija. El expúgil está preso a la espera de que se sustancie el juicio en su contra.

La carrera de Solís

Solís, a diferencia de los otros dos púgiles, no llegó tan lejos en el duro deporte de los puños. Su actividad deportiva se vio circunscripta a la Argentina.

Su récord, en la categoría crucero de acuerdo al sitio de estadísticas Box Rec fue de 10 peleas profesionales, de las cuáles ganó 5 (dos de ellas por nocaut), perdió tres (por puntos) y empató 2.

Su primera pelea fue el 15 de diciembre de 2012 en la capital provincial, ante Damian Miguel Romero, pelea que ganó por nocaut. La última fue el 10 de julio de 2015, contra Mauricio Roberto Caceda, con quien perdió por puntos.

Desde aquel entonces no volvió a subirse oficialmente a un cuadrilátero. Y seguramente, tras lo hecho el viernes pasado, nunca más lo hará.