Opinion
Miércoles 13 de Diciembre de 2017

La tercera etapa de la Masonería Argentina

Hace 160 años se constituía en nuestro país la Gran Logia de la Argentina Masónica. El 11 de diciembre de 1857 siete de las logias masónicas existentes en Buenos Aires se agruparon y constituyeron la actual Gran Logia de la Argentina.

Es 2017 un año de celebraciones para la Masonería: 300 años de su etapa especulativa y filosófica, 160 años de la fundación de la Gran Logia de la Argentina. En ambos casos existen abundantes precedentes.

La etapa especulativa y filosófica alumbró en 1717 en coincidencia con los intensos cambios políticos y sociales en Europa, los trabajos de la Royal Society de Londres y el advenimiento público de la ciencia como factor para el razonamiento de numerosos fenómenos reservados hasta entonces a diversas creencias de carácter dogmático. En nuestro país, la Gran Logia nace en 1857 en pleno desarrollo del proceso de organización nacional, después de Caseros.

Será la Masonería el ámbito neutral de encuentro para muchos dirigentes, un lugar donde se discutirían proyectos de fuerte incidencia en la sociedad, entre ellos la secularización de los cementerios (1859), la unificación del país con el ingreso de Buenos Aires a la Confederación (1860), la sanción del Código Civil (1869), la lucha contra la epidemia de fiebre amarilla (1871) en la que perdió la vida Roque Pérez, primer titular de la Masonería, a la cabeza de los rescatistas, el Congreso Pedagógico (1882), la ley 1.420 de educación común, gratuita y obligatoria (1884) y la creación del Registro Civil (1884). Ya en el siglo XX, la Reforma Universitaria, cuyo centenario celebraremos el año que viene.

No llama la atención, entonces, que prohombres de la Masonería como Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros, hayan alcanzado la Presidencia de la Nación, ni que los propios Mitre, Sarmiento y también Leandro Alem hayan sido elegidos Grandes Maestres de la Masonería Argentina. No llama la atención, entonces, que prohombres de la Masonería como Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros, hayan alcanzado la Presidencia de la Nación, ni que los propios Mitre, Sarmiento y también Leandro Alem hayan sido elegidos Grandes Maestres de la Masonería Argentina.

Esa etapa de crecimiento sostenido, aún con sus inequidades y turbulencias, se quebró en 1930 con el derrocamiento del Presidente Hipólito Yrigoyen, también másón. El advenimiento militar de facto al gobierno de la República, el posterior fraude electoral y los profundos cambios de la economía internacional (y local) desde el ''crack'' de 1929, instalaron una realidad cada vez más diferente.

Millones de inmigrantes e hijos de inmigrantes sobresaltaban el andamiaje conocido con sus demandas de mayor justicia social y organización política. Grandes negociados (carnes, CADE, tierras de El Palomar), llamaban la atención sobre la quiebra ética.

El advenimiento de Mussolini, Stalin, Hitler y Franco en la escena mundial hicieron de la década del 30 un cóctel explosivo que estallaría en 1939 con la Segunda Guerra Mundial. En medio de una escena tan intensa se instalaron diversas corrientes del nacionalismo, varias de ellas teñidas por apoyos solapados o explícitos a los totalitarismos europeos, en especial el fascismo y el nazismo.

El programa trazado desde 1852 tocó a retirada, más allá de notables y muy valiosos esfuerzos personales para ''aggionar'' el país desde puntos de vista democráticos e inclusivos. Lo demás es materia conocida. La declinación institucional e ideológica también opacó el desarrollo de la Masonería.

La reinstalación de las Instituciones en 1983 abrió una nueva perspectiva, en que la Masonería Argentina se ha reinstalado en las capitales de todas las provincias y ha recuperado buena parte de su membresía. La reinstalación de las Instituciones en 1983 abrió una nueva perspectiva, en que la Masonería Argentina se ha reinstalado en las capitales de todas las provincias y ha recuperado buena parte de su membresía.

Ciudades medianas y pequeñas también cuentan con logias ("talleres de ideas") y un flujo de personas jóvenes y de mediana edad se incorporan todos los días y permanecen atentas a las necesidades y desafíos que presenta el siglo XXI.

En diversas universidades nacionales funcionan cátedras de Librepensamiento y la tarea en defensa del laicismo y la igualdad de oportunidades acaba de ser reconocida por el Comité de Laicidad Republicana de Francia.

Desde su edificio histórico, ubicado en Perón 1242 de la Ciudad de Buenos Aires e inaugurado en 1872, y desde todas sus sedes sobre la amplia geografía argentina, la Masonería protagoniza su tercera etapa con el abandono del secretismo y la apertura a la sociedad: alrededor de 10.000 personas se acercaron para conocernos en la reciente Noche de los Museos, tal como ocurrió en años anteriores y en otras ciudades del país.


La tarea de hoy por el mejoramiento de la educación, el crecimiento de los ciudadanos, la comprensión y difusión de lo que nos enseñan la ciencia y la tecnología, el desarrollo de la filantropía, el afianzamiento del laicismo y de las ideas republicanas según las nuevas condiciones que plantea esta centuria integran el nuevo proyecto, esta tercera etapa. Es nuestra responsabilidad actual.

(*) Gran Maestre de la Masonería Argentina (2017/20).