Memorias del Salado
Sábado 28 de Abril de 2018

Inundaciones, un documental que nació de las entrañas y el dolor

A días de la inundación de 2003, realizadores audiovisuales, productores, periodistas y comunicadores santafesinos se autoconvocaron para registrar lo que estaba sucediendo y aportar una mirada local a la peor tragedia que sufrió la ciudad en su historia. Quince años después, los integrantes de Santa Fe Documenta vuelven a juntarse.

Los primeros días de mayo de 2003 eran de dolor, desorientación y confusión para los santafesinos. La ciudad no era la misma, y no volvería a serlo. El 29 de abril el agua tapó gran parte del territorio y aún no se comprendía bien qué había pasado con el Salado. Miles de personas vagaban por las calles buscando a sus amigos, a su familia, a sus conocidos, en centros de evacuados que se fueron improvisando y revisaban listas de evacuados que fueron confeccionando cientos de voluntarios en espontáneos centros de carga de datos.

Vecinos armados en los techos, protegiendo lo poco que había quedado. Ejército, helicópteros y ciudad militarizada a oscuras. Centenares de botes, piraguas y embarcaciones recorriendo las calles de San Lorenzo, Villa del Parque, Chalet, Barranquitas, Villa Hipódromo, Villa Oculta, Centenario, intentando rescatar lo que el agua no se había llevado o destruido. Ese fue el contexto en el que un grupo de realizadores audiovisuales santafesinos decidió autoconvocarse.


•LEER MÁS: 15 años, 15 fotos


Había que registrar lo que estaba pasando. Había que unirse para hacerlo. No era tarea para solo un grupo de personas. Había que aportar miradas diferentes, otras voces. No hay santafesino que no haya sufrido directa o indirectamente lo que sucedió. La tristeza invadía la ciudad. En todas las familias aún había un tío, un primo o un hermano inundado. Había evacuados y autoevacuados y era preciso juntarse y empezar a documentar lo que estaba sucediendo.


•LEER MÁS:"Subimos a la canoa a las 20.30, con el agua a dos metros", el recuerdo de quien era el director del Alassia



Así nació el colectivo Santa Fe Documenta. Sin tener en claro cuál iba a ser el destino final de las más de 70 horas de imágenes que aportaron más de veinte realizadores audiovisuales, productores y periodistas de distintos palos, decidieron en ese momento que lo importante era que todo esto que pasaba quedara grabado. Cinco meses después, en la plaza 25 de Mayo, en uno de los tantos actos que se realizaron para reclamar justicia y reparación por lo sucedido se estrenó Inundaciones, un documental producto de la necesidad de contar, de mostrar, de interpelar. Algo absolutamente visceral.

A quince años de esa experiencia, en diálogo con UNO Santa Fe, Pablo Testoni –quien desde el grupo Mate Cosido encabezó la convocatoria por la cual se gestó Santa Fe Documenta– rememoró aquellos días y contó que, a raíz de un nuevo aniversario del ingreso del agua a la ciudad, la intención es volver a juntarse y analizar lo realizado pensando en generar una nueva producción que permita reflexionar y por sobre todas las cosas mantener la memoria y el reclamo de justicia activos.


•LEER MÁS: Memorias del Salado


MDS para notas link.jpg

VER ESPECIAL


—¿Cómo y por qué surgió el colectivo Santa Fe Documenta?

—En medio de la catástrofe que vivimos en esos días, lo primero que nos surgió, como a todos los santafesinos, fue pensar en nuestros amigos, familia y vecinos. Una vez que pudimos sacar los pies del barro, como todos los santafesinos también, volvimos de alguna forma sobre nuestros saberes y vimos rápidamente cómo los psicólogos se convocaban, cómo los enfermeros se convocaban. Quien podía dar una mano desde su lugar lo hacía también, más allá de arrastrar un mueble, buscar una canoa o pensar qué es lo que podía hacer. Y eso surgió inmediatamente, a principios de mayo. Lo primero fue hacer desde la comunicación y no solamente pensar lo que estaba pasando, sino también reflejarlo. En forma caótica, lo primero que vimos fue una situación que nos desbordaba a todos, no solamente por el tipo de tragedia que vivíamos, y por el dolor, sino que también esto territorialmente no era lo que veníamos haciendo en nuestro periplo periodístico y comunicacional.

"Habíamos cubierto inundaciones en Santa Fe, pero siempre era el Paraná y los puntos a los que uno sabía que tenía que ir para encontrarse con el desborde del río. Sí sabíamos que era una superficie muy grande como para poder abordarla de una forma íntegra, que era la pretensión en cuanto al territorio. Así que, desde el Grupo Mate Cosido, nos convocamos y empezamos a hacer algunas coberturas. Ese fue un poco el espíritu, llamar a compañeros que además vengan de otro palo audiovisual, otras metodologías y así fue como convocamos abiertamente. Vinieron amigos que estaban trabajando como fotógrafos, productoras independientes como Cien Volando, o el taller de cine El Pibe, realizadores, grupos como Canoa, entre otros. Armamos un grupo de 23 realizadores cuya pauta fue producir algo en conjunto", agregó.


•LEER MÁS: Aprender a recordar sin fotos


—¿En un primer momento la premisa era registrar todo lo que pasaba?

—Sí, de una forma ordenada en el territorio. Ver quién iba al norte, quién el oeste, quién a los centros de evacuados. Como nosotros empezamos a trabajar en medio de la corrida, teníamos primero que recuperar esa etapa muy dolorosa, que es la que nosotros le llamamos el agua, el escape. Fue registrar qué había pasado en el momento en el que te das cuenta que te estás inundando. La inundación tiene una forma dolorosísima. Una cosa es el momento del quiebre de la tierra a partir de un terremoto o un incendio y otra cosa es el agua, que cuando entra tiene un tiempo y parece que no te va a pasar, que lo podés superar, hasta que te das cuenta que te supera y te inunda totalmente. Entonces, para nosotros era importante encontrar ese momento, documentarlo y al mismo tiempo estar con los afectados. Así como también en simultáneo, que también estaba pasando, el momento del escape y la búsqueda del refugio que se armó como todos sabemos de forma solidaria, con un Estado que estaba desbordado y qué no sabía en qué parte había fallado. Había claramente responsabilidades y un Estado con una situación de culpabilidad tan grande. Fuimos a buscar también adónde se refugiaba la gente y ahí encontramos una serie de registros y testimonios que nos hablaban de historias, de personas que habían tenido desapariciones familiares.

—¿Cuál es el recuerdo de ese momento?

—Recordamos imágenes que son muy fuertes, como el momento de revisar listas. Es una situación terrible en la que uno está buscando dónde está su familiar, cuando a las horas de la inundación empezaron también a surgir una cantidad de informaciones que no se podían chequear en cuanto a lo verdadero.

—Hubo mucho rumor por esas horas, ¿no? Se decían muchas cosas respecto de lo que estaba pasando...

—Había un terreno muy permeable a todo ese tipo de versiones. Entonces, teníamos medios nacionales trabajando que tenían de alguna forma que alimentar constantemente a sus móviles. Al segundo día de la inundación teníamos cuatro móviles satelitales en la ciudad, con la demanda que se tiene desde los noticieros nacionales de generar ese tipo de información. Desde que la morgue estaba atiborrada, hasta que los cuerpos se habían llevado a Paraná. Me acuerdo la anécdota del espacio de los abuelos en Santa Rosa de Lima, que se dijo que habían fallecido todos. Tuvimos que corrernos de ese punto de vista tan inmediatista y tan amarillo y empezar a encontrar otras historias, donde veíamos que, más allá de la situación la gente había vivido otras circunstancias. Tenía, "protocolos solidarios", es decir, sabía a quién recurrir, ubicaba a sus familiares, y todo un camino alternativo que no era el camino que en su momento se proponía desde algún lugar del Estado. Al mismo tiempo, nos relacionamos con las asociaciones de los afectados y surgieron también las demandas de los evacuados, la Marcha de las Antorchas, entre quienes apuntaban más hacia la justicia y los que estaban más enfocados en poder volver a sus casas.


•LEER MÁS: El trabajo colectivo como eje de la reparación


—¿Qué te impactó más a nivel personal de lo que sucedió esos días?

—Habíamos estado trabajando en los últimos diez años en la organización social de todos los sectores afectados. Ver inundada la FM Popular, un bastión de la organización social en Santa Rosa de Lima, ver la biblioteca, fue muy duro. Habíamos también estado trabajando en Pompeya en una escuela que había sido formada por la comunidad, también inundada. Es decir, la destrucción un tejido social en el peor momento de Argentina. Realmente eso fue lo que más me impactó. Recordemos que veníamos de la crisis más profunda que había vivido Argentina y nosotros habíamos trabajado mucho lo que había sido diciembre de 2001, así que también teníamos esa mirada. Entonces, en un tiempo de mucha pobreza, como fueron los 90, en un tiempo de catástrofe social en 2001, sobre eso el agua era realmente muy triste y hubo momentos en donde no podíamos contenernos a nosotros mismos. La palabra de la gente, el desconsuelo, la repetición del "no me quedó nada", o "perdí todo". Eso era muy fuerte, todos los reportajes terminaban o empezaban con un "perdí todo".

—¿Qué pensás que fue más duro para los afectados, la inundación en sí o el regreso al hogar?

—La inundación tiene el momento de la tragedia, en donde a veces surgen fortalezas que uno no sabe que tiene. Entonces, había toda una adrenalina puesta en el rescate, que hacía que quienes estaban afectados no reflexionen. En la vuelta no. Claramente fue un momento duro. Con mucho respeto les pedimos a algunas familias que nos avisen cuando iban a volver por primera vez, y tenemos registrado desde que se abre la puerta y te encontrás con todo. Realmente muy fuerte, porque una casa es el contenedor de todo el bagaje en cuanto lo que uno pudo lograr, las pequeñas o grandes riquezas. Los libros, las fotos, el álbum familiar, los discos, los documentos. Ese fue un momento muy terrible donde no hay palabras. Lo vivíamos en un gran silencio y tengo que decir que no vimos momentos de desborde sino de resignación, que era algo más fuerte. Pero, también siempre hay un después y la inundación también tiene eso. Está el momento de la salida, el momento del regreso, pero después está la recuperación.

—¿Qué recordás de esas entrevistas?

—Recuerdo que decían claramente que lo que es del río, el río se lo lleva. De alguna forma había unas sentencias muy fuertes y desde lo ambiental también se decían muchas cosas. Había hipótesis que planteaban que esos lugares volverían a ser el lecho del río y que no debían ser de nuevo zona residencial. ¿Cómo le explicás a cientos de miles de personas que estaban sobre el lecho? En la medida en la que se comprendía que lo que había pasado era claramente que no se había cerrado la defensa y que de alguna forma, asegurando ese anillo, esas tierras de San Lorenzo, Centenario, Santa Rosa, Villa del Parque, Barranquitas, podrían volver a ser tierras residenciales y que la gente vuelva a vivir como lo hizo a lo largo de tanto tiempo. Eso fue también todo un momento. Volver a creer en el barrio, reactivar la comunidad y de alguna forma a volver a trabajar sobre las casas que habían quedado terriblemente deterioradas. Solo cuatro años después vuelve a llover a en Santa Fe y vuelven a inundarse los barrios en condiciones similares, con lo cual otra vez las pérdidas. Entonces, era como una espada latente de que esto podía volver a ocurrir. Fue muy triste y muy doloroso y a nosotros nos parecía que teníamos que recrear esas imágenes y tenerlas porque de alguna forma había que debatir qué hicimos con el crecimiento en Santa Fe, qué hicimos con nuestras relaciones con el río y qué pasa con esa relación. Son muchas reflexiones que uno vuelve a hacer y sentimos que a lo largo del tiempo se han hecho muchas cosas bien y se han podido recuperar y sanar algunas heridas y en otras cosas, todavía no.

—¿Es el momento más terrible, más trágico que tuviste que registrar?

—Es el momento en donde uno tiene la subjetividad a flor de piel. Eso también en el documentalismo uno lo va entendiendo. Probablemente lo hayamos estudiado y desde el momento que uno encuadra está recortando, pero realmente vivimos esa subjetividad. Fue uno de los momentos en donde esto te queda muy claro, estás en un entorno del cual no podés salir y no podés dejar de contarlo porque estás adentro. Todo lo que hagas va a estar teñido totalmente, y si en algún momento uno busca objetividades, en la inundación no lo podía hacer. Era un momento en donde todas esas cosas se transmiten mucho y te impiden reflexionar de una forma normal o correcta. En una inundación uno está con los miedos, las broncas, las tensiones que te produce una catástrofe de ese tipo. Realmente fue lo más doloroso que nos tocó hacer, y uno lo rememora y sigue pensándolo. Por eso está latente y nos queremos reconvocar para reflexionar un poco en el tiempo y para ver qué es lo que hicimos y qué es lo que hemos producido.

—¿Cuál es la idea detrás de la nueva convocatoria a los integrantes de Santa Fe Documenta?

—Justamente, en ese tiempo surge un grupo de colectivos de video en 2001, que tienen que ver con el nuevo cine argentino y sobre todo con el nuevo cine documental argentino. Tenemos una raíz, que es Fernando Birri, que ilumina al documentalismo latinoamericano, pero en ese momento, 2000-2001, en medio de la convulsión social surgieron grupos que tenían la intención de trabajar miradas colectivas sobre hechos puntuales. Lo hicimos a partir de una catástrofe tan grande y nos quedó como deuda reflexionar sobre lo realizado. Nos han ayudado mucho investigadores que han vuelto sobre nuestra experiencia y han publicado documentos, ensayos, entonces la idea es volver sobre nuestra práctica y sobre las miradas que han tenido los investigadores sobre nuestra experiencia y poder cerrarlo con un documento que pueda relatar lo que hicimos después de 15 años. Tenemos también el desafío abierto de producir algo nuevo desde lo audiovisual. Santa Fe también se merece una apuesta de este material en valor, que surgió de manera desordenada, imperfecta, pero surgió, se hizo y se presentó. Fue una voz más de las que se alzaron en ese momento y nos parece que estaría bueno compendiarlo en un documento y tendrá un formato que el grupo quiera.

—¿Cuán diferente es la Santa Fe 2003 en relación con la actualidad?

—Mi visión es que se avanzó mucho en cuanto a prevención. No te podría decir si el Estado y las organizaciones a cargo están a la altura. Creo que, por lo menos, no volvería a pasar de la misma forma. Pero me parece que hay mucho para hacer, desde la educación en cuanto a lo ambiental, en relación con el agua, con el paisaje. Me parece que seguimos dando la espalda al Salado y eso no ha cambiado. La postal santafesina fue, es y será por mucho tiempo la mirada hacia el este, que es el Paraná y poca mirada hacia los barrios. Pero, me parece que algunas cuestiones, por trauma o por concientización han cambiado.

—¿Con el tiempo se fue perdiendo la participación en los actos y el reclamo de justicia?

—Cuando hay una Justicia como la santafesina que ha cerrado todas las puertas y también una clase política que de alguna forma ha encontrado en esta situación de congelamiento de causa, se produce una situación de no mover un avispero más que podría volverse en contra. Esto cruza a gran parte de la dirigencia política, aunque no los quiero meter a todos adentro de la misma bolsa. Me parece que tanto los gobiernos municipales como provinciales han encontrado en esto una situación de confort. Entonces, tarde o temprano, me parece que frente a tantas cosas que surgen nuevas se ha perdido dinamismo y participación a la hora de los reclamos. Creo, también para ser justos, que ha habido acciones que han contribuido a que las situaciones de emergencia hayan disminuido.

Sobre el final de la entrevista, Testoni concluyó: "Me parece que el reclamo de justicia, si se apagó, tiene que ver con una complicidad política que tarde o temprano termina de involucrar a la sociedad. No así las organizaciones que se mantienen firmes con su reclamo, porque quienes formaron parte del gobierno en aquel momento, y quienes tenían la información de avisar, reparar o disminuir sobre lo que pasó tienen que responder. Nosotros también como organización audiovisual lo mantenemos y seguiremos diciendo como el primer día que el reclamo nuestro es el de justicia y no a la impunidad".


Participaron de Santa Fe Documenta

Matecosido Producciones, Fabio González, Diego Chino Lenarduzzi, Marcelo Allende, Pablo Testoni, Mariana Rabaini, Ariel Gaspoz, Marcos Barberis, Sergio Caminos, Edgardo Gómez; Taller de Video El Pibe, Raquel Blackie, Claudia Ruiz, Isabel Marcón; Canoa, Pablo Cruz, Victoria Rey; Fundación Proteger, Priscila Sandoval, Gertrudis Bassi, Vilma Honnorat, Mónica Bournissent, María Langhi; Colaboraciones, Alejandro Carreras, Leandro Fridman, Hipólito Ruiz, Jorge Toum, Maricel Cherry, Teresita Cherry, Pablo Cuello, Carlos Gobet y Nicolás Sarudiansky.



Embed