La columna de Stamateas
Domingo 25 de Febrero de 2018

A mejor comunicación, mejor relación

Muchas veces nos sucede que no entendemos absolutamente nada de lo que nos dicen o nos quieren decir. La calidad de nuestra comunicación marcará la calidad de nuestra relación interpersonal. Si tu comunicación es buena, tu relación también lo será.

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Los seres humanos hablamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos porque somos comunicadores. El 70% de los problemas en el ámbito laboral son de comunicación y el altísimo porcentaje de los problemas de pareja y familiares también. Todos fuimos malentendidos o mal interpretados alguna vez. Tal vez escribiste algo en Facebook y tus lectores te malinterpretaron. Como consecuencia, tuviste muchos comentarios negativos o muy poca gente respondió. Muchos les echan la culpa a los demás porque no entienden, o se la echan a sí mismos porque no saben expresarse.

La comunicación es verdaderamente complicada y esa es la razón por la cual aparecen a menudo los malentendidos. Pero un malentendido nunca es intencional, nadie se propone malinterpretar y siempre ambas partes pierden. A mayor cantidad de público al que uno le habla, mayor capacidad de ser malinterpretado. Cuanta más gente te escucha, estadísticamente existe más posibilidad de que te malinterpreten porque el fenómeno de la comunicación es complejo.

¿Por qué tenemos problemas de comunicación?

Hay varios parámetros a tener en cuenta en este sentido. Para analizarlos comparto dos ideas al respecto:

1. El sentido y el contexto
Según el contexto personal, cada palabra significa cosas distintas para cada uno. Las palabras tienen diversos sentidos, lo cual se denomina polisemia en lingüística. Una misma palabra puede significar una cosa para uno y otra cosa para otro, porque el contexto propio de la palaba tiene multiplicidad de significados. Por ejemplo, algunos creen que discutir en la pareja es positivo y otros creen que es negativo. La cuestión está en qué entendemos por discutir. Algunos opinan que es malo porque discutir para ellos es pelear; otros en cambio opinan que es bueno porque discutir para ellos es dialogar.

Cuentan que en un zoológico, un león metió su garra a través de la reja y casi atrapó a una nena. Un señor que estaba ahí le pegó al león con el paragua y el animal retrocedió. Había un periodista allí y le dijo: "Señor, usted ayudó a la niña, usted fue bueno". "Lo que pasa es que soy creyente. Cuando vi que el león la quería comer, le pedí a Dios y Él le dio la fuerza a mi paragua para pegarle en la cabeza". El periodista era un anti-religioso y al otro día escribió en el diario: "Fundamentalista de ultra derecha agrede a inmigrante africano en la cara sacándole la comida". Eso se llama semántica: cada palabra significa algo distinto.

2. El sobreentendido y lo no verbal

Los lingüistas explican que hablamos mucho con sobreentendido. Por ejemplo, si yo le digo a mi esposa: "Vamos", quiero decir "vamos a casa" pero solo le digo una palabra y el resto se sobreentiende. Si vos le preguntás a alguien: "¿Tenés hora?" y esa persona te contesta que sí, vas a volver a preguntarle lo mismo. Porque lo que querés decir es: "Decime qué hora es" pero no lo decís directamente. Todos tenemos problemas con el sobreentendido porque las palabras significan muchas cosas. Solemos decir frases que solo nosotros entendemos. Si usás mucho el sobreentendido, podés tener un serio problema a la hora de comunicarte.

Y para complicarnos aún más, también está lo no verbal. Por ejemplo, el tono. Si yo empiezo a hablar rápido cuando doy una charla, uno dirá: "¡Qué energía!", y otro: "¡Qué ansiedad!". Y si hablo muy lentamente, uno dirá: "Qué aburrido, me estoy durmiendo", y otro: "Qué paz me transmite al hablar". Y no solamente tenemos el tema del tono, sino también el del cuerpo. Si yo te digo: "Te quiero y siempre te querré" y me cruzo de brazos, tendrás además del mensaje de las palabras, el contexto, el sobreentendido y el tono, el problema de no saber si lo que digo es verdad debido a mi lenguaje corporal. Además pueden aparecer también los silencios. Si alguien está hablando y de repente hace silencio, uno dirá: "Se olvidó lo que tenía que decir", otro opinará: "Está enojado", y otro pensará: "Me está desafiando". ¡Cómo cuesta comunicarse!

Algunas ideas útiles que podemos poner en práctica para mejorar nuestra comunicación y, como resultado, nuestras relaciones:

-Preguntar más (en lugar de afirmar o condenar).

-Prepararnos para hablar (pensar más en lo que vamos a decir).

-Aprender a preguntar y a meta comunicar (preguntar para ver si entendimos bien).

Aquel que maneja la comunicación, maneja la atmósfera. Hablar nunca es un acto inocente. En este año que comienza, te propongo fijarnos como meta a lograr mejorar nuestra capacidad para hablar, ser entendido y entender al otro.

¡Que mayor satisfacción que ser buenos comunicadores!