Algunos piensan que preocuparse por un ser querido es una demostración de amor. Como los padres que no pueden dormir, hasta que sus hijos regresan a casa o cuando tienen problemas que no logran resolver. Hay quienes tienen la creencia de que si se preocupan, serán capaces de prevenir algo serio. Como aquellos que viven haciéndose chequeos de salud... en caso de que aparezca alguna enfermedad.

¿Qué nos conviene hacer cuando atravesamos alguna dificultad?

Buscar dentro de nosotros buenas ideas para enfrentarlas y superarlas. De nada sirve preocuparnos, solo nos llena de ansiedad y nos aleja de la salida a nuestros problemas, además de limitar la calidad de nuestra vida.

Comparto algunos tips que pueden ayudarnos a mantener las preocupaciones bajo control:

Clasificar las preocupaciones que tenemos

Si nos tomamos un tiempo para considerar todas las preocupaciones que tenemos y después le asignamos a cada una un puntaje, lograremos priorizar nuestras actividades. Es decir, determinar de qué nos tenemos que ocupar primero. De ese modo, no solo nos relajaremos sino que no perderemos tiempo en preocupaciones inútiles. Si yo tengo un hijo internado y pierdo el trabajo, ¿cuál de las dos cosas será mi prioridad? Obviamente, que mi hijo se sane y vuelva pronto a casa. La falta de trabajo, aunque es importante, pasará a segundo plano. Seguramente cuando mi hijo se recupere, el ocuparme de mi vida laboral será mi prioridad.

Quitarle a las preocupaciones el poder de enfermarnos

Nosotros podemos, desde la voluntad, decidir que ninguna preocupación será tan importante como para afectar nuestra salud. Si yo te preguntara qué preocupaciones tenías hace cinco años o hace dos años, muy probablemente ya no lo recordarías. ¿Y las del mes pasado? Tal vez recordarías solo algunas cuestiones. La razón de esto es que la mayor parte de las preocupaciones que tenemos (y les damos tanta importancia hasta el punto de enfermarnos) son secundarias.

Buscar más de una solución a nuestros problemas

En lugar de usar nuestro precioso tiempo en preocuparnos, deberíamos usarlo en generar varias soluciones a cada uno de los problemas que tenemos. Invirtamos tiempo y esfuerzo en analizar cómo se puede resolver todo lo que nos ocupa... y nos preocupa. Lo aconsejable es encontrar al menos cinco posibles salidas a un mismo problema. Si hace mucho frío, no podemos hacer nada para cambiar esa situación. Pero sí podemos decidir cómo vamos a reaccionar: si nos quedaremos en casa calentitos o nos abrigaremos bien y saldremos a la calle, a pesar del clima. Tener una alarma en casa no nos asegura que no podremos sufrir un robo pero nos brinda un poco de tranquilidad. Es una previsión que hace nuestra preocupación más leve porque nos trae alivio.

Algunas personas son muy buenas para elaborar soluciones. No se asustan frente a las circunstancias difíciles sino todo lo contrario: estas los estimulan a pensar y así activar ideas para ocuparse de sus preocupaciones. ¡No se ahogan en un vaso de agua! ¿Sos una persona de preocupaciones o de soluciones? Dedicar un tiempo por semana para priorizar problemas y hallar soluciones nos permite descubrir herramientas interiores que ignorábamos que teníamos. Las soluciones a los problemas se encuentran en nuestro interior.

Todos los seres humanos poseemos la capacidad de generar ideas para resolver problemas. Si ya probamos algo y no funcionó, deberíamos probar algo distinto. Cuantas más opciones probemos, más capacidad de resolución desarrollaremos. Nacemos con un potencial ilimitado que debemos ir soltando en el camino de la vida y el mejor momento para hacerlo es cuando atravesamos alguna dificultad.

¿Querés ser libre de la preocupación excesiva? Convertite en un "resolvedor de problemas". Tenés la fuerza interior para derribar gigantes, es decir, para superar cualquier adversidad por dura que esta sea.