La columna de la tercera edad
Domingo 15 de Octubre de 2017

La felicidad, ¿cosa de jóvenes?

Tal y como es señalado por diferentes investigaciones, las personas mayores refieren ser más felices que los jóvenes y los adultos y existen varios factores que influyen en ello. Algunos autores han argumentado que es debido a que tienen más conocimiento, experiencia y mejor manejo de los aspectos emocionales de la vida. Todo ello, entre otros aspectos, repercute positivamente en la percepción que tienen las personas mayores sobre su felicidad. ¿Por qué se cuestiona que durante la vejez se pueda ser feliz?

LAILA TOMAS.jpg

Si tuviéramos que responder rápida o linealmente esa pregunta no sería una tarea sencilla, pero quizá, comenzar por resaltar que todavía conviven en nuestra sociedad un sinfín de creencias que responden a un enfoque clásico sobre los estereotipos de la vejez, es un poco, comenzar a hacernos de la punta del ovillo, ya que la atribución de la vejez como una etapa de declive genera el rechazo por la misma, y el pensarla desde la angustia o la apatía.

Dicho enfoque clásico, basado en las pérdidas que se van acumulando en la medida que nos hacemos viejos, la mayor prevalencia de enfermedades, el deterioro cognitivo o la disminución sensorial inevitable, la pérdida de capacidad funcional, la poca sociabilidad de la persona de edad, etcétera, ocasiona el pensar como consecuencia, que las personas mayores sean más vulnerables en términos emocionales.

Sin embargo, los estudios que analizan el bienestar subjetivo de las personas mayores afirman que se mantiene estable incluso en edades muy avanzadas.

Evidentemente la actitud de las personas es fundamental. Si hacemos memoria, en numerosas entrevistas realizadas a personas centenarias sanas fue común escuchar que el optimismo y la actitud positiva en la vida son determinantes para llegar a edades avanzadas, -entre otros factores claro está-. Hay aspectos positivos que los adultos mayores valoran con mayor agrado que otros, y entre ellos se encuentra sobre todo el bienestar de la familia. Que su familia esté bien, tengan trabajo, gocen de buena salud, etcétera. Aunque imaginemos lo contrario, en menor medida se preocupan por su salud, y desean que las circunstancias actuales no empeoren y sobre todo que no tengan que depender de otros.

¿Será que a medida que envejecemos aprendemos a valorar lo importante y desechar aquello que es superfluo? ¿Es éste su secreto?. Rita Lev- Montalchini, científica y premio nobel de medicina, cuando cumplió los 100 años de edad le preguntaron cómo era la vida con 100 años y esta fue su respuesta: "Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve".

En la línea de los estudios mencionados, muchos han señalado que teniendo en consideración el aumento de enfermedades, la pérdida de capacidad funcional, sensorial, etcétera, que se va produciendo con la edad cabría esperar que todo ello tuviera consecuencias negativas en las emociones, es decir, que las emociones negativas aumentaran. Sin embargo esto no es así, sino que el bienestar subjetivo se mantiene estable incluso en edades avanzadas. Algunos autores lo han llamado la paradoja del bienestar, es decir, a pesar de las pérdidas que se pueden producir éste no empeora. Muchas veces entienden que en edades avanzadas, es común en padecer, pero, una vez más, se confirma que las personas mayores utilizan recursos psicológicos para hacer frente a ello, también llamada resiliencia psicológica.
Hoy, pudiendo refrescar nuestro imaginario social acerca la vejez, nos posibilitaría implementar estrategias para contribuir al mantenimiento de estas emociones positivas en los adultos. ¿Cuál, por ejemplo?, es fundamental conocer bien a la persona que tenemos delante. Saber su historia de vida, sus gustos, preferencias, etc. todo ello va a favorecer que en nuestro trabajo o relación personal podamos facilitar muchas situaciones generadoras de emociones positivas para esa persona. Son las pequeñas cosas del día a día las que pueden hacer que alguien se sienta feliz. A la vez, comprender que las personas mayores constituyen un grupo muy heterogéneo y que cada persona es única, conlleva a la detención de generalizaciones innecesarias o erróneas sobre este grupo.

Como sociedad, aunque no lo veamos, poseemos una gran responsabilidad con respecto a lo que exteriorizamos de ellos. Si pudiéramos focalizar en los aspectos positivos, promover espacios favorecedores de situaciones agradables, buscar momentos de intercambio de experiencias con generaciones más jóvenes, acaso, ¿No estaríamos contribuyendo a seguir generando en ellos, la felicidad y el bienestar integral tan necesarios, para un buen envejecer?, No sólo eso, sino que además, confirmaríamos a partir de la inclusión, que la felicidad, de ninguna manera es sólo cosa de jóvenes.