Los lobos pelean entre sí para defender su liderazgo pero nunca buscan destruir al oponente. Desde la etología, sabemos que cuando este último ofrece su cuello, la lucha ha acabado y todos regresan a su manada. Nunca un animal mata por placer o por poder.

Todos, de manera consciente o inconsciente, nos hallamos dentro de "relaciones de poder" donde se generan luchas. Es decir, que nuestras relaciones con los demás son interdependientes y tenemos la oportunidad de emplear ese poder coerciva o persuasivamente (para obligar o para influenciar al otro).

El poder es una construcción que cada uno hace, de acuerdo con los objetivos que persigue. En determinadas circunstancias, alguien puede ser más poderoso que los demás, con respecto a algo que quiere conseguir. Mucha gente que acumula poder se aferra a este porque teme perderlo; por otro lado, muchos que se ubican abajo en la pirámide se esfuerzan para obtener poder. Así es cómo puede surgir el conflicto.

Hoy en día las luchas de poder son moneda corriente en muchas organizaciones. ¿Por qué una persona lucha por el poder? En la mayoría de los casos, lo hace por alguna carencia emocional interna que intenta llenar con poder. Se trata de alguien por lo general inseguro que, una vez que logre poder, se encargará de mostrárselo a todo el mundo.

¿Cómo se hace ostentación del poder?

Llegando a un lugar y exclamando: "¿Vos sabés quién soy yo?". Mostrándoles a todos lo que compramos, desde una prenda de ropa (de marca) hasta una casa. Para esto, resultan de gran utilidad las redes sociales. En el fondo, lo que se exhibe es una especie de "trofeo narcisista" y un pseudopoder que le hace creer a la persona que es superior.

El poder seduce y atrae y, en algunos casos, lleva a las personas a quedar apegadas a este, sin estar dispuestas a soltarlo. La persona que se siente poderosa (aun cuando no lo sea tanto) no solo recibe innumerables beneficios sino que puede usarlo para hacer mal. Es por ello que siempre debería ser una herramienta en manos de gente emocionalmente equilibrada.

Aquellos que recurren al poder para llenar vacíos emocionales internos casi siempre terminan cayendo en la competencia. No se superan a sí mismos sino que procuran, por todos los medios posibles, ganarles a los demás. Sienten que el que está por encima de ellos es un obstáculo e intentan quitarlo de su camino, cuestionando lo que dicen o hacen y comparándose todo el tiempo. La competencia es, en realidad, una consecuencia de la envidia y nunca sirve en absoluto.

La competencia tiene lugar entre pares. Un abogado no puede competir con un cantante, así como un periodista no puede competir con un cocinero. Quienes compiten tienen baja autoestima, por lo que esconden orgullo y narcisismo. Creen que todo lo que han conseguido fue por su propia capacidad y no necesitan la ayuda ni el consejo de nadie.

El orgulloso que alcanza una meta suele olvidarse del proceso, es decir, que se trató de un camino recorrido. Entonces desprecia y minimiza el contexto y no es consciente de que todos somos el resultado de una construcción permanente. Nunca dejamos de crecer, si así nos lo proponemos. Los seres humanos somos "nosotros y nuestras circunstancias".

Esta es la gran diferencia con una persona humilde, que tiene en cuenta el contexto y agradece la ayuda recibida porque sabe que nada importante se logra solo. A propósito, humildad no es sinónimo de pobreza o falta de recursos, sino de una actitud abierta al aprendizaje.

¿En qué otros ámbitos se suscita la lucha por el poder?

Uno muy habitual es la familia. En primer lugar, entre padres e hijos. Una criatura que hace un berrinche porque quiere algo y no se lo dan, en el fondo, está luchando por poder. Su mensaje es: "¡Déjenme ser yo mismo!". Es allí donde los padres deben ponerle límites. Consiste en una batalla temporal con un fin: fortalecer el "yo" y es perfectamente normal para que el niño puede forjar su carácter.

Luego viene la lucha de los chicos en la adolescencia. Los hijos comienzan a cuestionarlo todo porque inconscientemente desean independizarse y luchan también por poder y autonomía. Con el tiempo, se instala en ellos el "pensamiento democrático".

Y por último, tenemos la lucha de poder en la pareja. En este enfrentamiento que la mayoría de las parejas atraviesan, en algún momento, se busca establecer quién toma las decisiones. Aunque peleen por temas que parecen insignificantes, cómo la manera de apretar el pomo del dentífrico, en realidad lo hacen para saber quién define la escena entre ambos (quién tiene más poder). En este caso, es importante recordar que los dos deberían ganar para que ninguno pierda.

¿Qué tipo de poder estás construyendo en tu vida?