La columna para la mujer
Domingo 25 de Febrero de 2018

¿Sentís culpa cuando te divertís?

A todos les gusta pasar un tiempo grato y cada uno suele hacerlo de formas particulares, sobre todo las mujeres, a quienes la cultura social las ha llegado a presionar hasta en este sentido.

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A las mujeres, desde chicas, la cultura nos ha condicionando en ciertos aspectos, entre los que se encuentra el área de la diversión. Y es que a la mayoría, cuando éramos chicas escuchamos hasta el cansancio frases como: "no te diviertas así", "no juegues a eso", "no te sientes de esa manera", al tiempo que se impusieron juegos que tenían más que ver con la una responsabilidad que con la diversión.

Cuando jugábamos a la muñeca teníamos que cambiarle los pañales, vestirla, hacerla dormir... Si jugábamos a tomar el té, teníamos que preparar nosotras el té, lo que íbamos a comer y esperar a los invitados... No era un juego así nomás: ese juego implicaba una responsabilidad; no era como los varones que pateaban la pelota y no importaba si rompían un vidrio. A la muñeca había que cuidarla, teníamos que prestarle atención, había que cambiarla, darle de comer a ciertas horas... o sea, todos nuestros juegos de chiquitas eran una responsabilidad y no simple diversión.

Este hecho de ser criadas en el juego para la "seriedad", hizo que a muchas en la adultez a muchas les cueste mucho divertirse. Por eso es notable escuchar a mujeres decir que no saben distinguir muy bien qué es lo que las divierte, qué es lo que la alegra y le trae paz, tranquilidad o relax, y por eso van siempre a los mismos lugares y hacen siempre las mismas cosas.

Además de la culpa cultural, la culpa familiar o personal tampoco les permite a este grupo de mujeres divertirse. Si tienen hijos, cuando salen tienen la atención bifurcada, porque están en un lugar, pero pensando todo el tiempo si los chicos estarán bien, si habrán comido, si no se estarán peleando, si la casa no se estará incendiando... Todo esto, sin mencionar que sienten la presión de estar en casa antes de que llegue el marido y se encuentre con que no prepararon la cena, genera un no disfrute de la diversión.

También nos pasa que están en un lugar pasándola bien y de repente nos sentimos viejas: "¿Qué estoy haciendo yo acá? Ya no estoy para estos trotes", pensamos. Y como si esto fuera poco, encima tenemos la mirada de los otros: "¿qué pensará mi ex marido si ve que estoy acá divirtiéndome?, "¿qué pensará mi suegra si sabe que estoy acá y dejé a los chicos en casa?".

Hace algún tiempo se realizó una investigación con dos grupos de trabajadores. El primer grupo estaba compuesto por personas que todavía no habían cenado, es decir, tenían hambre. El segundo grupo estaba formado por trabajadores que sí habían cenado y estaban satisfechos. A ambos grupos se le hizo la misma pregunta: "¿Qué les gustaría comer: comida chatarra, hamburguesa con papas fritas, o frutas y verduras?". Los que no habían cenado dijeron que querían comida chatarra, mientras que los que sí habían cenado dijeron frutas y verduras. Las personas que estaban saciadas eligieron comidas sanas, mientras que las que no estaban saciadas eligieron comida que les iba a hacer mal. Esto quiere decir que cuando estamos saciados en las distintas áreas de nuestra vida podemos elegir cosas buenas y sanas para nosotros, y esto incluye a la diversión. Así, si estás saciada, si te procurás lo que vas necesitando en la vida, si estás bien con vos misma, no vas a estar esperando el momento de decir, por ejemplo: "¡Esta noche me desato!, ¿¡quién me va a quitar lo bailado?!".

Tampoco vas a estar esperando desesperadamente el fin de semana, los quince días de vacaciones o un feriado para "romperla", porque cuando estás saciada toda tu vida es un tiempo de diversión. Por otro lado, una mujer que está saciada no espera que el otro la divierta o la invite a algún lado para sacarla del aburrimiento, sino que sabe cómo mover la situación para poner alegría y que la cosa sea divertida.

Ponele una cuota de alegría a tu vida en cualquier momento y lugar. Cambiá los ambientes, hacé chistes en tu trabajo, pasala bien, ¡reíte! No esperes un momento especial, no esperes que otra persona te divierta. ¡Vos misma podés hacer que sean lindos, divertidos, agradables todos los momentos de tu vida!

Tomate las cosas "con soda" y desdramatizá: aún en las peores situaciones podés encontrar momentos para disfrutar. ¡Y no sientas culpa! No hagas cosas que destruyan tu cuerpo o tus emociones, porque eso no es diversión. Recordá que esta es la única vida que tenés. Este día no viene de nuevo, es irrepetible, así que pasalo bien, divertite sanamente, ¡te lo mereces!