La columna para la mujer
Domingo 24 de Diciembre de 2017

¿Sentiste alguna vez que no merecés lo que tenés?

Muchas mujeres sienten que no merecen una casa mejor, una buena familia, un trabajo bien remunerado, un lugar de privilegio, vacaciones, atención. Algunas sienten que no merecen nada porque tienen culpa, creen que ya tienen demasiado; otras piensan que no merecen nada por miedo a perderlo, ya que se consideran a sí mismas malas administradoras.

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Hay mujeres que creen que cometieron demasiados errores en la vida o que tienen limitaciones –dicen que son torpes, débiles, incultas, pobres, feas–, entonces, aseguran que definitivamente no merecen que les pase nada bueno. Ciertas mujeres piensan que tienen limitaciones porque sus padres les dijeron: "No deseés más, no aspirés a más, porque eso es para los ricos, no para familias pobres como la nuestra", entonces se conformaron con la mediocridad, con lo justo, porque lo bueno no era para ellas, y si lo conseguían –por ejemplo si se enamoraban de alguien con dinero, si se casaban con un hombre de más nivel sociocultural–, iban a sufrir.
Sin embargo, hay otras mujeres que sienten que no merecen nada porque están acostumbradas a dar y no saben recibir, porque de tanto dar y dar, llega un momento en que piensan internamente que no merecen recibir.
Dar no está mal, el problema se plantea cuando nos ponemos solamente en la posición de dadoras y nunca en la posición de receptoras.
A estas mujeres yo suelo llamarlas proveedoras afectivas. Las proveedoras afectivas son personas que se vacían cuidando, dando, respondiendo a demandas, resolviendo problemas de los hijos, de la pareja, de los amigos. Lo cierto es que cuando esa proveedora emocional reclama algo, el reclamo le rebota, porque no le enseñó al otro el arte de dar. Sin darse cuenta creó monstruos (un marido monstruo, hijos monstruos, amigos monstruos) que en relación a ella solo saben recibir.
Tres características de la mujer que es proveedora afectiva:
La proveedora afectiva transforma a los que están a su alrededor en muy buenos receptores. Todos saben que si ella está presente, no les va a faltar nada y ella se va a encargar de resolverles todos los problemas, les va a dar el dinero o lo que sea que necesiten.
La proveedora afectiva es una mujer que no se atreve a pedir, porque en su mente piensa: "Cuando yo haga más, tal vez me merezca algo. Tengo que hacer más, porque todavía no soy digna de recibir". Generalmente nació en una familia donde le pedían que no trajera problemas, que no diera dolores de cabeza, porque solo de ese modo iba a ser querida y recibiría todo el amor que necesitaba.
La proveedora afectiva siempre se va a relacionar con hombres inmaduros, carentes, con hombres vagos, frustrados, hipercomplicados y negativos, porque necesita ser la gran dadora. El rol de dadora afectiva constante es el único lugar donde se ubica.
Pero, querida mujer, ¡tenés que aprender a merecer! Veamos cómo lo hacemos:
1. Tenemos que aprender a nutrirnos emocionalmente. Necesitamos reconocer la diferencia entre ser amada y ser demandada: que alguien te demande todo el tiempo cosas, que constantemente cuente con vos para que le des lo que necesita no significa que esa persona te ame. ¡No confundas amor con requerimiento o demanda! Si alguien te ama, aunque no le des, te va a seguir amando.
2. Tenemos que aprender que hay amores incondicionales en la vida. Crecimos con amor condicional. Por ejemplo, nos dijeron: "si te sacás buenas notas, pedime lo que quieras". El amor condicional es ese amor que tenés que merecer. Alrededor de tu vida tiene que haber amores incondicionales, tenés que encontrarte con gente que te ame incondicionalmente y que no te diga: "Si querés que te ame, tenés que hacer tal cosa".
3. Para sentirnos merecedores tenemos que aprender a dejar espacios vacíos. Debemos dejar que otros se ocupen de ciertas tareas que siempre hicimos nosotras. Cuando dejás un espacio vacío alguien va a venir a reclamar, porque se acostumbró a verte en ese espacio. Es entonces cuando le tenés que poner un límite y decir: "No; no quiero hacer eso que hice siempre". No seas el todo de tus hijos, de tu esposo, de tus amigos, porque van a terminar transformándose en monstruos que lo único que hacen es pedir, pedir, pedir y no saben nunca dar. Aprendé a dejar espacios vacíos, y verás que cuando lo hagas, alguien vendrá a ocuparlos. ¡No seas el todo de nadie!
4. Por último, para sentirnos merecedoras, tenemos que aprender a construir relaciones profundas. A veces las mujeres decimos: "si le doy, voy a tener una relación", "si le doy, él me va a querer". Sin embargo, para sentirnos merecedoras tenemos que aprender a construir relaciones profundas. Y las relaciones profundas no se construyen solo con el dar o solo con el recibir: el verdadero amor da y recibe. Si no hay un ida y vuelta, no es un amor verdadero.

Querida mujer, tal vez pensaste que no merecías nada, pusiste un freno a la posibilidad de recibir, y te conformaste con lo poco que hoy tenés, no querés más, sin embargo, necesitás saber que merecés tener todo lo que sueñes en la vida.