¿Les pasó alguna vez de sentirse incómodo frente a la persona que acuden para resolver un problema? ¿Les tocó tener mas información para brindar pero no poder llegar a expresarse porque no estaban dadas las condiciones de privacidad que la situación amerita?

Este panorama es común en las consultas que a salud de adultos mayores se refiere, llegando a ser encuentros un tanto forzados, escuetos, sin demasiado provecho, y dejando en el paciente una sensación amarga producto de algunas variables que vamos a ver juntos, ahora.

Puede pasar, que en el apuro y/o el afán de resolver situaciones de salud que aquejan a adultos y sus familias, tanto hijos, como hijos políticos, nietos, o demás personas de la familia acompañen al aquejado al consultorio de un médico. En el momento de entrar, al escuchar el apellido de quien se encuentra esperando, se para tanto el paciente como su acompañante, y juntos encaran al consultorio del profesional. ¿Alguien le pregunta al acompañado, si desea que esté sentado una persona a su lado?

¿Tiene el médico la iniciativa de, si va a preguntar cuestiones sensibles, o si frente al síntoma orgánico descubre orígenes emocionales, pedir quedarse solo con el protagonista de la situación para lograr una mayor privacidad y apertura del problema?

Es sabido que la familia es un apoyo importante y vital para todos los miembros que la integran. Es sabido también, que la unión hace a la fuerza, y que juntos se solucionan antes los problemas. Pero ocurre también que muchas veces esta misma familia es portadora de conflictos, donde los afectados muestran secuelas de los altercados.

En el caso de los adultos mayores, ellos muestran una hipersensibilidad a las repercusiones familiares, y muchas consultas son por las dolencias y consecuencias que este tipo de cosas generan. Es aquí donde se me cruza la misma pregunta que antes. ¿Tiene el profesional de la salud la apertura para ver esto? ¿Logra generar el espacio de confianza para que la persona pueda aportar su núcleo de dolor?. ¿Corre a quien lo acompaña para respetar su privacidad, y no exponer al adulto a una situación incómoda donde antes de vivirla lógicamente se callará, para irse luego impotente y con la sensación de que nada ha mejorado? ¿Se toma el tiempo de escuchar activamente a la persona que llega a exponer su molestia? ¿Sabe que no siempre coincide lo que lleva con lo que hay de fondo?

¿Toma los recaudos de derivación correspondiente si así lo exigiese una situación de fondo emocional, o termina cayendo en el reto al paciente para que cambie su manera de sentir, pensar o actuar?

Existen motivos de consulta donde deben tocarse aspectos que a la persona los expone en su privacidad, tales como sexualidad, prácticas sexuales, deseos, problemas o trastornos sexuales, medicación asociada, etcétera. Y aquí nuevamente insisto, ¿actúa el profesional de manera ética y responsable? ¿Realiza las preguntas o dando por hecho que a la persona puede molestarla, deja ese aspecto importante de lado, sin notar que en realidad el otro esperaba solucionarlo?

Cualquiera de estos escenarios intimida al adulto mayor, o menoscaba en su autoestima, le genera una posición de inferioridad de condiciones. A veces, producto de ello, llegamos a escuchar una respuesta rápida y el acatamiento de las ordenes y orientaciones que da el médico con el sólo motivo de irse del recinto, para olvidar esa situación incómoda y hasta angustiante.

¿Cuales son los beneficios de vivir esas experiencias? Ninguno, claramente.

¿Cuales son las consecuencias de vivir esas experiencias? La resistencia a futuras consultas.

Si sos adulto mayor, juzga tu experiencia. Si no te gustó, no dejes de consultar, conocé otras posibilidades. Date la oportunidad de vivir una grata experiencia y disfrutar de una buena relación terapéutica o profesional. Así como pasa con las parejas y las amistades, no siempre las primeras son las definitivas.

Si sos familiar de un adulto mayor, asegurate de acompañar sin invadir, y de chequear la impresión del adulto acerca la visita. Ofrece la posibilidad de quedarse con quien le gustó, y de probar otros -aunque eso implique más o nuevos esfuezos familiares- en caso que no haya resultado una buena experiencia para el consultante.

No normalicemos malos tratos y revelemonos antes situaciones que no terminan de gustar.

Como el zapatito de la cenicienta, siempre uno nos va a calzar a nuestra medida.

Si tenes dudas o comentarios, podes escribirme a lailatomas@hotmail.com