La columna de Stamateas
Domingo 24 de Diciembre de 2017

¿Sos un buen administrador de tu tiempo?

Fin de año es el momento ideal para hacer un balance sobre cómo hemos administrado el tiempo en los últimos doce meses. El tiempo es el bien más preciado que tenemos los seres humanos y nos es dado a todos por igual: 365 días de 24 horas cada año. Pero una vez que este se ha ido, no vuelve más a nuestras manos.

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En este tiempo de encuentros, balances, festejos y para algunos, mucho estrés, te invito a considerar las siguientes ideas con respecto al tiempo:
Quedar atascados en el pasado
Muchas personas quedan "enganchadas" en el ayer. Sucede que la energía emocional, o el tiempo presente, queda dando vueltas alrededor de una situación, un recuerdo, personas, hábitos, objetos, etcétera. Entonces quedan atascadas y no logran avanzar.
¿Cómo saber si estamos atascados con alguna persona o situación del pasado?
-Cuando recordamos permanentemente una situación o a una persona y decimos por ejemplo, "Fiestas eran las de antes, cuando se reunía toda la familia" o frases similares, estamos girando alrededor de la mente y volvemos a pensar en lo mismo una y otra vez. Se trata de pensamientos invasivos o intrusivos, es decir, que no tenemos control sobre ellos. Simplemente aparecen.
-Cuando sentimos emociones intensas: por lo general, esto tiene lugar recordando a una persona o una situación, lo cual implica que todavía no hemos resuelto lo que vivimos en el pasado.
-Cuando hablamos internamente: Muchos dialogan consigo mismos. Es como si fueran "ensayando" qué decir, cómo responder o reaccionar.
-Cuando nos preocupamos más por las personas de lo que ellas se preocupan por sí mismas: hay gente que "rema" más que la persona que tiene un problema, en un intento por ayudarla y solucionárselo a toda costa.
-Cuando empatizamos demasiado con el otro: las personas con una alta sensibilidad suelen chequear permanentemente qué sienten los demás. Este es un comportamiento muy habitual entre las mujeres.
¿Por qué nos quedamos atrapados en el pasado?
Porque conectamos con algún talón de Aquiles: algo de nuestra historia que quedó "enganchado" con una persona o una situación. ¿Qué podemos hacer? En estos casos, tenemos que transformarnos en investigadores de nosotros mismos y realizar una mirada introspectiva para descubrir por qué nos atascamos. Algunos quedan atascados porque le tienen miedo al futuro. Como resultado, la ansiedad de lo que vendrá es mucho mayor que el dolor del ayer. En cierto sentido, entre los dos males, el del dolor del ayer y el de lo conocido (que podemos ensayar) es preferible al de lo desconocido.
Enfrentar el paso del tiempo
Primeramente tenemos que diferenciar entre el "tiempo cronológico", el cual es medible o cuantificable, y el "tiempo psicológico", que se trata de una experiencia subjetiva porque cada persona lo vive de distinta manera. Hoy en día la mayoría de nosotros sentimos que el tiempo pasa muy rápido. Cada diciembre, no podemos creer que ya estemos a punto de despedir otro año que se fue y de recibir uno nuevo con sus múltiples oportunidades y desafíos por delante.
¿Cómo vivimos el tiempo en las distintas etapas de nuestra vida?
-Cuando uno es chico, quiere ser grande y cuando uno es grande, quiere detener el tiempo y volver a ser chico.
-Cuando uno es adolescente, vive el "tiempo eterno", el hoy. El mañana no existe y el tiempo parece durar una eternidad. De ahí, la urgencia de disfrutar todo el tiempo, sin planear nada para el futuro.
-Cuando uno entra en la media vida, a partir de los 30 años, se da cuenta de que el cuerpo ha empezado a cambiar, los padres envejecen, algunos amigos se van de este mundo, ciertas enfermedades o dolencias aparecen, etc. Es decir, que descubre la vivencia del tiempo.
-Cuando uno llega a la tercera y la cuarta edad, siente que el tiempo transcurre demasiado rápido y suele recordar las vivencias del pasado.
Todas las experiencias intensas negativas se perciben como si pasaran más lentamente que las experiencias intensas felices. Esto se debe al hecho de que el cerebro necesita registrar mayor cantidad de detalles (por un sentido de supervivencia), es decir, procesar más información. Como consecuencia, sentimos que el tiempo se lentificó o que esa experiencia puntual que nos causó tristeza duró demasiado tiempo. En cambio, cuando estamos entretenidos y disfrutando del momento, sentimos que el tiempo vuela y no queremos que la experiencia se termine.
Sea cual sea la etapa en la que nos encontremos, si queremos cada año que termina tener la satisfacción de hacer un balance positivo, es fundamental esforzarnos por administrar el tiempo sabiamente. Esto significa básicamente:
Evitar posponer (hacerlo ahora).
Evitar la sobrecarga de actividades.
Priorizar nuestras tareas.
Disfrutar cada momento y cada día como si fuera el último.
El tiempo es vida... ¡no lo desperdiciemos!

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com