Nada podía borrar el doloroso 7-1 que Alemania le propinó a Brasil en la semifinal del Mundial 2014. Pasara lo que pasara en este amistoso entre ambos, jugado en Berlín, esa paliza ya estaba clavada en lo más profundo del alma brasileña y también en el orgullo alemán.

Ni siquiera una goleada brasileña iba a curar esa herida. El partido ofrecía, además de este antecedente, la posibilidad de ver frente a frente a dos de los máximos candidatos a quedarse con la Copa del Mundo.

Alemania sabía de la carga psicológica con la que llegaba su rival, y estaba dispuesto a aprovecharla. La imagen que había dejado ante España en el empate 1-1 no había sido sólida, para alegría de México, que deberá enfrentarlo en el debut del Mundial. Sabía que tenía que sacudirse esa igualdad ante la Furia y nada mejor que Brasil para hacerlo.

El respeto fue el común denominador en la primera media hora de juego, ya que ambos se miraron y estudiaron demasiado. Brasil no quería otro papelón ante los germanos y Alemania progresaba de a poco, con la paciencia que lo caracteriza pero sin la contundencia de la que hace gala.

Sin embargo, en un minuto cambiaría la historia del partido, en dos jugadas con idénticos protagonistas pero con resultados muy diferentes. A los 36 llegaría el unipersonal de Gabriel Jesús, desperdiciando una situación muy clara luego de hacer toda la jugada bien. Recibió el pase de Willian, arrastró a dos alemanes desde la mitad de la cancha y, al llegar al área, clavó el freno, levantó la cabeza, pero también el balón, colocándolo en órbita planetaria.

El delantero se agarró la cabeza, pero tuvo revancha un minuto después. Otra vez Willian le sirvió el pase desde la derecha, esta vez en forma de centro al corazón del área, y el hombre del Manchester City volvió a equivocarse, con un cabezazo fuerte pero demasiado al medio, en donde estaba parado el portero. Pero Trapp le hizo un obsequio, poniendo débil su mano izquierda y la pelota terminó dentro del arco ante su desesperación e impotencia.

En la segunda parte, Brasil presionó mucho mejor en el medio campo, creció Paulinho en la recuperación y todo se le hizo mucho más sencillo. Alemania respondió con un cambio de nombres, haciendo ingresar grandote por grandote: afuera el errático Gomez, adentro Sandro Wagner. Pero le faltó juego, otra vez.