El pasado fin de semana se concretó en Buenos Aires una nueva edición del Mundial de Taekwondo ITF en el microestadio del Bicentenario de Tecnópolis. La selecciones masculina y femenina quedaron con la medalla de oro tanto en formas como en lucha, dejando en claro el poderío reinante en esta disciplina, la más practicada del planeta y que no es considerada olímpica.

Hubo más de 1.000 exponentes y 30 países, que brindaron un espectáculo mayúsculo y sin precedentes. Pero uno de los principales actores de esta película fue un santotomesino: Bruno Bianchi, de 29 años, que se transformó en pieza clave del equipo masculino, con cuatro preseas doradas (lucha individual, formas por equipos, lucha por equipos y rotura de potencia por equipos) y una de plata (formas), además de la condecoración de over all (el mejor competidor).

Después de tanto buscarlo, Bruno se radicó en Buenos Aires para ir en busca del salto de calidad, teniendo que paralelamente ganarse la vida laburando y dando clases. Por si fuera poco, logró esta colosal consagración a poco de ser padre por primera vez. En diálogo con UNO Santa Fe, Bianchi contó cómo está viviendo las horas posteriores después de haber hecho historia.

—¿Qué sensaciones te dejó el torneo?

—Las sensaciones son netamente positivas. Para mí, esto era una deuda pendiente. Siempre quedaba cerca del podio en los mundiales, pero no me alcanzaba para ser primero. Siempre me faltaba algo. Esta vez todas esas dudas y problemas que iba teniendo no estuvieron y pude llegar a la medalla de oro. A la cima, que es donde todo atleta quiere llegar. No puedo decir nada en contra de mi actuación. Muchas veces me fui disconforme con mi actuación y ahora no fue así. Muy conforme con todo. No cumplí uno sino varios sueños juntos en un fin de semana.

—¿Se dio lo que tanto estabas buscando?

—Uno de los sueños que tenía de chico era, primero, representar a mí país en un mundial, después buscar el oro y en esta ocasión se dio todo. Salí primero en mi categoría. Con la Selección Argentina ganamos todo, así que no se dio lo que buscaba, sino mucho más. Además fui consagrado como el mejor competidor del torneo. Es como sería ganar el balón de oro en el fútbol. Te están diciendo que, entre todos, fuiste el mejor, algo que en mi vida nunca había pensado. Increíble.

—¿Cómo fue lograr todo esto en tu país y con tu familia en la tribuna?

—Tener el Mundial en Argentina es algo único. No solo de estar acá y sentir el apego de defender los colores de tu patria sino poder compartirlo con mi familia, que estuvo siempre alentándome desde la tribuna. Fue importantísimo sentir ese apoyo. Los amigos que pudieron ir, los que me siguieron por televisión e internet. Una repercusión impresionante. El país entero está hablando de esto. Lo que logramos como equipo y yo como deportista es muy bueno. Un broche de oro.

—¿Qué cambió en vos desde tu ultima participación mundialista?

—Llegué mucho más maduro, con mucha más experiencia. Sabía que el físico no era el mismo, entonces tuve que hacer una preparación física excelente y una alimentación para pelear con pibes de 18 años, ya que estoy pisando los 30. Me fui preparando mentalmente para lo que se venía. Fueron seis meses muy duros, sacrificando trabajo y tiempo con mi familia. Estoy a punto de ser padre y también tuve que convivir con todas estas situaciones. Creo que a la hora de definir la final, lo mental fue lo que marcó la diferencia. Yo quería ganar más que él. La pelea fue muy cerrada y se resolvió en el último segundo, solo porque yo desee ganar la medalla. Fue clave la convicción con la que llegué al Mundial.

—¿En qué etapa de tu carrera pensás que estás?

—Encaré este Mundial pensando que sería el último. Pero al día siguiente me di cuenta de que tengo un montón más para dar. No solo porque gané, sino porque las sensaciones que se viven son increíbles y no estoy preparado para abandonarlas. Quizás me ponga objetivos más alejados para disfrutar de la paternidad. Esto entrando en una etapa muy especial de mi vida, que quiero disfrutar al máximo. El año que viene quiero ir al Open de Estados Unidos, al igual que al Mundial de Rusia. Pero no estoy pensando en que atravieso mi etapa final. Voy a pelear hasta que me convenza yo mismo de que no puedo. Mientras las piernas me respondan, estaré ahí.

—¿Qué queda en este 2018?

—Lo que queda suena chico en comparación al Mundial, que es el Campeonato Bonaerense, el más importante a nivel local el 19 de agosto y me toca afilado. Lo vengo ganando hace siete años y lo pienso repetir. Más adelante tenemos el torneo nacional de clubes, que ya ganamos con la Asociación Universal y queremos repetir.

—¿Se podría decir que cumpliste todo lo que te propusiste?

—Vivo el deporte y el taekwondo día a día. Tenía muchos sueños y a todos los cumplí. Hoy diría que no me queda nada por cumplir, pero de seguro encontraré una meta. Esa es la vida del deportista, de encontrar nuevas barreras que superar. El día que no tenga sueños, ese día no me levanto. Hasta el día que me muera tendré objetivos para cumplir.