"Los Clásicos se ganan". Es una frase que en su momento tuvo un importante peso en el fútbol, pero que en los últimos tiempos pasó a ser más de casete y conformismo que algo real. El 0-0 de este domingo dio una muestra clara del precio que tiene perder este tipo de partidos en detrimento de lo que brinda si se gana.

Amén de los merecimientos o de quién hizo más, ambos cuidaron primero su arco en vez de pensar en vulnerar al otro. Esto va en función de aquellos que piensan que Unión superior, sobre todo lo por lo realizado en el primer tiempo, pero la realidad es que Leonardo Burián tocó muy pocas pelotas, entonces para encontrar las situaciones que hubo hay que usar solo los dedos de las manos.

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Misma situación para Marcos Peano, al que solo Colón le pateó una vez al arco -a través de un remate tibio y lejano de Adrián Bastía-. Dio la sensación que el dueño de casa respetó demasiado al Tate, que definitivamente es un equipo aceitado y que entiende al pie de la letra el libreto que propone el DT, Leonardo Madelón. Como si el empate era algo importante. Solo se contabilizaron dos acción para el Sabalero, en la que sobresale un tiro mordido de Javier Correa dentro del área tras un buen centro de Marcelo Estigarribia. Después, ¡nada!

Los últimos tres clásicos terminaron en empate (dos 1-1 y el del domingo 0-0). ¿Hay terror a perder? Otra pregunta que surge del análisis. Al no jugarse seguido, la espera es amplia, el fervor es inmenso y la susceptibilidad está a flor de pie. Todos factores que confluyen en un dramatismo que Santa Fe cumple un rol que, por ahora, no quiere irse.

¿Los antecedentes hacen mella? Las últimas derrotas hizo que las campañas se vieran un tanto fracturadas: sucedió con Juan Pablo Pumpido en Unión y Darío Franco en Colón, que al poco tiempo dejaron su cargo. Como que perder les generó a los equipos un golpe difícil de asimilar, como un boxeador que recibe una piña fulminante que terminan en un indefectible nocaut.

Por algo es uno de los Clásicos más parejos del país. Si no es así, pega en el palo. Pero no animarse a ganar atentó directamente con el espectáculo y montó una escenografía de aburrimiento que hasta a la misma gente exaspera. Esperan ver que su equipo gane, pero después en la cancha no sienten que eso sea transmitido. Desde el 2010 este factor se acrecentó y todo cae en reiteraciones y casi antipatía.

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También tiene un rol saber quién juega de local, quien debería tener el mayor compromiso para ser protagonista en comparación al visitante, que es el que debería especular. Pero nada más lejos de lo que este deporte pregona, que está hecho para romper el molde y echar por tierra con cualquier lógica.

No sería sorprendente que comience a decirse que "los clásicos no se pierden", en algo que tendrá más coherencia al relato oficial de los protagonistas que lo tradicional. No hay que abandonar la zona de confort. ¿Para qué arriesgarla?

Pero los hinchas y los apasionados por el deporte más popular del planeta no quieren eso, porque eso se sigue esperando un atisbo de querer cambiar eso para que se vuelvan a ver lindos espectáculos y que algunos puedan festejar como corresponde, sanamente y sin violencia -no está de más la aclaración-. Pero en el terreno de las opiniones, todas son válidas.

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Se fue un Clásico Santafesino más. El 90 del profesionalismo, que volvió a quedar en deuda desde el resultado y sobre todo, en lo futbolístico.