"Es un Clásico, el partido más importante de la ciudad, la presión de la gente que no quiere perder, eso a veces en la cabeza del futbolista juega y pesó mucho. El mensaje es ese, no perder, no perder, no perder, y a veces el jugador deja de hacer lo más lindo que es jugar a la pelota", manifestó Jonathan Bottinelli luego del derby santafesino del pasado domingo en el Brigadier López.

Es que el partido fue un verdadero bodrio, quizás uno de los más aburridos en lo que va de las cuatro fechas de la Superliga. Ambos equipos llegaban con la necesidad de ganar para encaminar sus campañas, pero a medida que fueron pasando los minutos se enamoraron del punto y como dijo uno de los referentes del plantel tatengue, pesó mucho más el miedo a perder que las ganas de ganar.

Por ese motivo, la 90ª edición del Clásico entre Colón y Unión pasará rápidamente al olvido, más allá que el recibimiento que le dio el hincha sabalero a su equipo fue uno de los más emotivos, coloridos y ruidosos de los últimos tiempos, e incluso se ganó el elogio de gran parte del mundo futbolero.

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Lo que tampoco pasará al olvido fue lo que le ocurrió al Tatengue en el arco. Es que luego del partido ante San Lorenzo, que terminó 1-1 en el 15 de Abril, se conoció que Nereo Fernández sufrió una ruptura fibrilar en el gemelo derecho.

Por ese motivo se entrenó diferenciado durante toda la semana previa al partido, y concentró junto a sus compañeros. Incluso cuando se conoció que en la lista de concentrados Madelón solo convocó a él y Joaquín Papaleo, se descartaba que sería de la partida frente al Sabalero.

Pero en las primeras horas del sábado el entrenador rojiblanco llamó de urgencia a Marcos Peano, lo que encendió las alarmas. Durante todo el domingo se mantuvo la duda acerca de la presencia del capitán tatengue, e incluso se lo probó durante la mañana, hasta que el mismo Madelón antes de emprender el viaje rumbo al barrio Centenario confirmó que no llegaría y que Papaleo sería el titular.

El arquero santotomesino saltó al campo de juego para afrontar el Clásico en lo que representaba su debut en Primera División, pero en una jugada en el primer tiempo recibió un pelotazo en el ojo izquierdo, que lo obligó a abandonar el partido.

Fue así como Madelón debió recurrir a Peano para reemplazarlo, y el pibe de no estar concentrado, de pasar la noche del viernes en su casa, pasó repentinamente a ocupar un lugar en el arco rojiblanco. Es verdad que no tuvo mucha participación, pero en las pocas que tuvo respondió con mucha solvencia y seguridad.

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Su ingreso al derby no pasó desapercibido para ningún hincha y tampoco para la historia del fútbol argentino, ya que fue la tercera vez en la era profesional que dos arqueros debutaron en Primera División en un mismo equipo en un encuentro.

La primera vez ocurrió el 10 de diciembre de 1972, cuando en un encuentro entre Belgrano y Chacarita, debutaron Hugo Bearzi e Ignacio Bustos en el conjunto cordobés. Fue en el marco de la fecha 13, del Nacional de 1972. Llorens (PT 27') puso en ventaja al Pirata, mientras que García Gambón (PT 29) lo igualó para el Funebrero. Luego aparecieron Guerini (ST 11') y nuevamente Llorens (ST 33') para darles el triunfo a los Celestes.

En tanto, la segunda vez ocurrió el 10 de agosto de 1996. En el marco de la fecha 18 del Clausura de ese año, debutó Walter Cáceres y más tarde, Albano Bizarri ingresó por Sergio Zanetti tras la expulsión de Cubito. Los goles del Lobo los marcaron Roberto Sosa (PT 14' y 43, y ST 14'), José Fabián Albornoz (PT 22' de penal), Guillermo Sanguinetti (ST 21') y (ST 25') Pablo Morant.