Ovación

Las historias de héroes existen y se pueden dar en juegos de fútbol

Viernes 20 de Junio de 2014

Por Lucio Ortiz

Enviado especial a Brasil

Las historias de héroes existen y se pueden dar en juegos de fútbol, no sólo en aquellas batallas épicas que tanto cuentan los ingleses en formato de cine y que conocemos por los libros de historia, que nos hacían tragar en la secundaria.

Como la que sucedió en el Arena Corinthians y no había escudos, ni lanzas ni espadas como en la edad media, en esos combates sobre la campiña inglesa. Eran jugadores de fútbol con las camisetas de Inglaterra y Uruguay. Fueron los que le dieron rigor físico a cada intervención y no se guardaron absolutamente nada para embestir, con el balón, al adversario. Alteraron la calma de los 62.575 espectadores del estadio Itaquerao y a millones que vibraron por la tele.

Jugaron el partido de mayor intensidad y continuidad de todo el mundial hasta ahora. Y el mejor.

Y dentro de esa actividad que no paró en los 90 minutos, estaba el hombre que debutaba en Brasil 2014, el que se había perdido el primer encuentro, el que había sido operado (el 22 de mayo) en una rodilla, el que salió elegido el mejor jugador de Inglaterra de la temporada ’13-’14. ¿Saben todo lo que debe haber pasado por la cabeza de Luis Suárez?.

Pero lo que es seguro es que este muchacho tiene agallas de verdad. Tiene piel resistente a los empujones de la vida y sus músculos se transformaron ayer jueves en propulsores de energía positiva. Tras el pase de Cavani llegó con su cabeza, allá a lo alto y le cambió la trayectoria a la pelota. Gol de Uruguay frente a la nación en donde juega habitualmente, en donde los hinchas de Liverpool se deben haber amargado por su selección y alegrado por su ídolo. Sensaciones enfrentadas.

Justo después que Wayne Rooney metía un cabezazo de muy cerca en el travesaño. Los uruguayos debían soportar el asedio que proponían los ingleses y eso generaba un partido emotivo en ambos arcos.

Suárez le tiraba los tiros de esquina bien cerrados a Hart, Muslera sacaba pelotas difíciles como una a Rooney. La garra charrúa se traducía en el apoyo de su gente “Soy celeste… celeste yo soy” y también daba para pararse y darle al “ole… el que salta es un inglés…”. También Sturridge se movilizaba por el empate que llegaba por el pase de Johnson para que le diera Rooney en su primer gol mundialista.

Muslera le ponía una coraza al arco y sus manos aferraban con pegamento cada balón. Esa seguridad también se contagiaba en los celestes y a Muslera se le ocurrió patear lo más fuerte adelante y Gerrard (también del Liverpool) se olvidó que su compañero goleador, era un rival. Lo habilitó de cabeza para atrás y eso fue letal. Suárez concretaba su segundo gol y Uruguay ya estaba cerca de la victoria. No se descuidó, la fortaleza estaba intacta.

El muchacho de la hazaña, de haberse operado hace menos de un mes, otra cantó la armonía del gol. Lo entonó dos veces. Y quedará estampado por siempre. Grito, sonrisa, emoción y gran superación personal.

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