Ovación

Pocos pero "fiesteros" hinchas iraníes y nigerianos en Curitiba

El primer encuentro entre los seleccionados de Irán y Nigeria, por el Grupo F, contó con simpatizantes en las gradas de ambos elencos, aunque no en gran número. Los hinchas brasileños disfrutaron del fútbol.

Lunes 16 de Junio de 2014

El nuevo estadio Arena da Baixada de Curitiba lució un marco colorido y emotivo para el debut de Nigeria e Irán, pero con la particularidad de que la mayor parte de los espectadores fueron brasileños que hincharon por el fútbol, vale decir, por el equipo que tenía más chances de convertir.

Hubo grupos de iraníes distribuidos por los cuatro costados del escenario que se hicieron sentir durante todo el partido con la misma y monótona canción que decía: "Irán (unas tres palmadas), Irán (otras tres acompañadas también por cornetas o bocinas), Irán", y así sucesivamente, sin cansarse.

En tanto, los africanos, apostados en su mayoría en la segunda bandeja sobre el córner izquierdo, tomando en cuenta la valla defendida por su arquero Vincent Enyeama en el primer tiempo, también dijeron presente aunque en menor medida con el "Ni-ge-ria, Ni-ge-ria, Ni-ge-ria".

No obstante, por más que una u otra "hinchada", no muy ingeniosas por cierto, estuviera cantando su letra de cabecera, los simpatizantes brasileños los taparon fácilmente cuando aparecía una jugada de peligro o una acción destacada en cualquiera de los dos equipos, con los gritos de emoción.

Los locales querían y deseaban que hubiese al menoes un gol y por eso se pusieron de pie y vibraron con cada movimiento importante que estuviese cerca de los tres palos.

En el estadio hubo "manchas" blancas de los grupos de asiáticos y otras verdes y blancas de los nigerianos, pero sin dudas el denominador común fue el color amarillo de los brasileños, que si bien coquetearon sumándose a una y otra parcialidad, lo cierto es que en un momento dejaron en claro a quién apoyan verdaderamente.

Es que luego de la entonación de los himnos de cada país y el aplauso para los seleccionados, gritaron en conjunto el famoso hit "Eu soy brasilero", que ensordeció el estadio.

El partido en sí, por tratarse de dos equipos que no son candidatos ni potencias en el fútbol internacional y sobre todo por jugarse en una ciudad que no demostró clima de Mundial, no auguraba, a priori, un espectáculo histórico.

Empero, el Arena da Baixada estuvo ocupado en más del 80 por ciento de su capacidad, y en su mayoría por hinchas brasileños, que dejaron en claro una vez más que son fanáticos "del fútbol" y permitieron disfrutar igualmente de una atractiva fiesta.

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