Varios entrenadores lo baticinaron, entre ellos Leonardo Madelón. "Se viene una Superliga con recaudos y partidos cerrados, donde muy pocos van a arriesgar".

El boceto para comparar con el arranque de la primera edición ya nos pone diferencias que, en caso de extenderse, nos pondrán en las puertas de un certamen pobre, de escasas emociones y donde los visitantes tendrán que esforzarse para sacar tres puntos a domicilio.

Con dos equipos menos en la edición 2018/19, en los primeros 25 partidos (aún pendiente Independiente y San Martín de Tucumán) se convirtieron 45 goles (1,8 de promedio), por debajo de los 71 en los 28 iniciales de la edición anterior (2,53).

Apenas un elenco (Rosario Central) es el único en ganar sus dos partidos, ambos 1-0 (Banfield y Talleres). Precisamente en 25 choques el Canalla fue el único visitante en poder festejar en el certamen. Todo un dato por demás de llamativo en el amanecer de la competencia.

El 1-0 es el resultado más repetido (8 veces), hubo cinco empates sin abrir el marcador y apenas 3 veces un equipo se impuso por 2 goles de diferencia (2-0 de Vélez a Newell's en el partido que abrió el torneo; más los 2-0 de Racing sobre Vélez y Estudiantes ante Boca).

La escasa capacidad ofensiva también se vislumbró en que ninguno de los 26 participantes pudo convertir tres goles en un partido. Desde la brusquedad, vimos algunas acciones duras que no fueron penalizadas con rigor por el arbitraje.

Por eso apenas hubo dos rojas (Juan Andrada de Godoy Cruz y Joel Amoroso de Newell's), ambos pertenecientes a equipos anfitriones, respecto a las siete que se sacaron las dos fechas iniciales de la Superliga anterior.

Los jueces si se atrevieron a marcar más penales (10) en dos fechas, que los 5 sancionados a favor de los conjuntos locales en el torneo pasado. Números, datos, estadísticas. El camino es largo para algunos, para otros cada parada representa una final.

Es que en pos de reducir la cantidad de participantes hasta llegar el máximo torneo a 22 participantes todavía hay un camino donde muchos tienen que estar despiertos y, en caso de jugar otra competencia, no descuidar el certamen local para no hipotecar el promedio.

Los protagonistas serán los que tengan la última palabra. Y ese mensaje dentro de cada cancha será emanado por los entrenadores y la búsqueda de cosas ambiciosas o bien especular con el error del rival para facturarlo en el arco rival.