Leonardo Caruana abre la puerta de su despacho a una hora en la que el Centro de Especialidades Ambulatorias (Cemar) comienza a quedar vacío. Es una oficina enorme, con un gran ventanal que da a la calle San Luis y muy despersonalizada: apenas un par de fotos adheridas a la pared permiten entrever que se trata del lugar de trabajo del secretario de Salud de la Municipalidad. A este médico especialista en medicina general y familiar, nacido en Isla Verde hace 45 años, le tocó un papel difícil durante la crisis provocada por el trágico estallido en el edificio de Salta 2141, el martes 6 de agosto. Durante casi siete días fue quien se ocupaba, entre otras múltiples actividades, de informar a los familiares y al público las identidades de los cuerpos rescatados de entre los escombros. A casi una semana de los últimos dos casos, admite que atravesó momentos mucha angustia pero afirma que se sintió contenido. "Hicimos un gran trabajo en equipo, y es lo que más rescato", confiesa.

Caruana participaba de una reunión vinculada a la gestión de la salud pública cuando le avisaron de la explosión. Estaba en el Palacio de los Leones y, un rato después, cuando tuvo los primeros indicios de la gravedad del episodio, decidió ir a Salta y Oroño.

En el camino hizo dos cosas: habló a la Dirección de Hospitales y también con la Asociación de Clínicas y Sanatorios. A ambos organismos les pidió que estuvieran preparados para una grave emergencia.

Cuando llegó al lugar de la explosión tuvo una noción más clara de que la ciudad se enfrentaba a un verdadero desastre. Junto con la intendenta Mónica Fein y otros miembros del gabinete decidieron activar un protocolo de emergencia para casos de derrumbe. Entre otras disposiciones, eso implicaba que el Cemar se convertiría en el centro de información sobre la gestión de la crisis, y que a él le tocaría dar los informes oficiales sobre las víctimas.

"Yo era la cara visible, pero detrás había un equipo muy grande integrado por médicos emergencistas, psicólogos y trabajadores sociales. Y, desde el principio, nuestra máxima preocupación que los familiares de las víctimas que pudiéramos rescatar de los escombros se enteraran primero y que recién después se hiciera público", recuerda el funcionario.

Aunque está habituado a convivir con el sufrimiento, Caruana admite que atravesó momentos de una angustia extrema, pero al mismo tiempo afirma que la tensión y la actividad que había en el Cemar no le permitía flaquear. "Tampoco al resto de la gente que trabajaba para asistir a las víctimas y sus familiares", agrega.

Dice que Fein y otros miembros del gabinete lo llamaban todo el tiempo: "La intendenta incluso lo hizo varias veces a la madrugada, sólo para preguntar si necesitaba algo". Dormía poco y apenas se permitía disfrutar de los diálogos telefónicos con su hijo, que se fue de viaje de estudios a Bariloche al día siguiente de la tragedia y lo llamaba todos los días. "Tuvo que venir a despedirse al Cemar porque yo no podía moverme de acá", recuerda.

Afirma que lo emocionaba el reconocimiento de los familiares de las víctimas y recuerda especialmente un tuit en el que alguien le expresó: "Gracias por no decirles desaparecidos".

También confiesa que uno de ellos lo emocionó y le dio una lección cuando, en plena búsqueda, le dijo: "Ahora puedo entender lo que sienten los familiares de los desaparecidos". El secretario de Salud afirma que también él lo comprendió.

Caruana recuerda mucho a todos los familiares, pero especialmente a los padres y la hermana de Santiago Laguia, el estudiante de medicina de Pergamino cuyo cuerpo fue hallado el lunes 12. "Quizás porque fue el último al que pudimos rescatar, con Luisina Contribunale", intenta explicarse. Después añade: "También por la ilusión que teníamos todos de que estuviera vivo en alguna parte".

No sabe identificar cuál fue el peor momento en esos casi siete días, pero en cambio puede hablar de qué fue lo mejor que les pasó a él y a su equipo. "En primer lugar, haber podido mantener la coherencia hasta el final y haber respetado a las víctimas. Y, después, el abrazo colectivo, el cuidado y el respeto de todos, incluso de la prensa".

Ahora es el momento del balance y la autocrítica. "Aprendimos mucho de esta experiencia dolorosa, pero siempre podemos mejorar y seguramente vamos a capitalizar todo, también los errores que hayamos podido cometer en la gestión de esta crisis".

Prejuicios

“Entre las situaciones no previstas en estos días está el hecho de haber conocido a la directora del Instituto Médico Legal, Alicia Cadierno”, contó Caruana. Y añadió: “Por su actividad, hasta llegué a pensar muy prejuiciosamente que tal vez se trataría de una persona fría. Me equivoqué: conocí a una mujer sensible, a la que vi emocionarse varias veces”.

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