Lunes 26 de Diciembre de 2011
Ignacio Pettinari
Paulo Rosales se ganó en estos últimos año y medio el lugar de ídolo en Unión. Quienes siempre consideramos que el Pichi es un muy buen jugador de fútbol, creo que tenemos la autoridad de hablar. Primero sin compromisos con ningún sector y, segundo, con el respaldo del tiempo que a la larga ha demostrado eso que tantas veces pregonamos y que hoy ya nadie discute.
La bandera Perdón Rosales es la evidencia más grande y clara de todo esto. Ahora, luego de ser figura en el ascenso y de subir al pedestal de ídolo por lo hecho en Primera División, llega el análisis de lo que pasa en este momento.
Está demostrado que la dirigencia esperó demasiado tiempo para tratar el contrato de Rosales. Se merecía un aumento en sus haberes hace 6 meses. Y esta situación es responsabilidad de esta Sub-Comisión de Fútbol que preside Luis Spahn, y no de la anterior que encabezó Jorge Molina. Al vice ya le hemos dado su parte en aquella ocasión en que se perdió a Roberto Battión. (Mérito absoluto de Molina).
Hay que tratar de satisfacer las pretensiones de Rosales.
¿Cuántos ganan mucho más dinero y no han hecho ni la cuarta parte de lo que hizo él? Sin embargo, y aquí marco la diferencia con la situación de Battión, allí el reglamento le daba dos años a los dirigentes para negociar, hoy quedan sólo 6 meses.
Esta dirigencia ha ordenado a Unión institucional y económicamente. Nadie va a querer pagar el costo político de una posible ida de Paulo, pero tampoco se puede hipotecar el club por un jugador y aquí está el límite.
El cementerio está lleno de imprescindibles. Hay que intentar retenerlo, pero no a cualquier costo. Los dirigentes durmieron una siesta. Ojalá no sea tarde...