Jueves 22 de Agosto de 2013
Juan Tento
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Este jueves al mediodía, arribó al Cementerio Municipal el cortejo fúnebre que trasladó los restos mortales de Griselda Noemí Correa de 26 años, quien fue asesinada a balazos en la noche del martes 20 de agosto en la casa de su madre, en Diez de Andino al 6.700 del barrio El Abasto en el noroeste de la ciudad.
Acompañaron a los familiares unas cien personas que se movilizaron en motos, autos y camionetas, allí estuvieron sus amigos de toda la vida y vecinos del barrio El Abasto; hasta llegaron dos detenidas, que vinieron a darle el último adiós.
Tristeza de un día frío
El mediodía frío, nublado y ventoso fue la escenografía de tristeza generalizada de más de cien personas que acompañaron el féretro: sus familiares, sus amigos de toda la vida y casi todos los vecinos del barrio fueron hasta la necrópolis de la capital provincial a dar su último adiós.
Del primer auto de los acompañantes descendieron la mamá y su nieto, la beba de nueve meses y un hijo varón, inmediatamente de los otros vehículos de la cochería lo hizo el resto de los familiares.
Los chicos de barrio El Abasto
Más de 20 pibes y chicas de no más de 10 años con flores en sus manos hicieron el cordón a ambos lados del acceso principal del Cementerio Municipal santafesino, y cuando los empleados de la cochería extrajeron el féretro, la multitud estalló en un llanto profundo hasta entonces contenido.
La mamá de Griselda con su nieta en brazos, soportó estoicamente el que tal vez sea el peor momento de su vida: estaba enterrando a uno de sus hijos.
El guía marcó el camino
Allí siguió el recorrido dentro de la necrópolis y luego por los pasillos hasta llegar a una escalera que da al primer piso, y donde estaban apostados agentes del Servicio Penitenciario Provincial en silenciosa y respetuosa custodia.
La madre le hablaba al cajón
Una vez que subieron y cuando el féretro fue transportado hasta el nicho, nuevamente estalló un llanto generalizado y doloroso, y la madre de Griselda lo hizo arriba del cajón, mientras su hijo tenía alzada a su nieta de nueve meses, la hija de Griselda.
Ellas estuvieron y lloraron
Unos minutos después, un oficial del Grupo de Operaciones Especiales Penitenciarios GOEP, se aproximó a los familiares y saludó a uno de los hombres con un apretón de manos y le dijo que serían traídas dos mujeres privadas de su libertad que le querían dar el último adiós a Griselda, e inmediatamente subieron.
Un abrazo interminable
Entonces, dos agentes del Servicio Penitenciario, acompañaron esposadas a las jóvenes hasta donde estaba el féretro. Después saludaron a la madre, hasta que finalmente fueron retiradas nuevamente por las mujeres del Servicio Penitenciario.
Rostros mustios de angustia
La angustia y la impotencia por la pérdida de una joven querida y respetada como era Griselda, fue el corolario de un mediodía nublado, frío y ventoso. Sus familiares pidieron justicia y que la policía encuentre al asesino.