"Estaba con una asesina y no me daba cuenta". Con estas palabras comenzó su descargo Sol Martínez, amiga de Nahir Galarza, la joven entrerriana que asesinó a su novio Fernando Pastorizzo.

Es que la joven se convirtió inesperadamente en pieza de una de las coartadas de la asesina, quien buscó establecer un escenario donde se posicionó como víctima de violencia de género.

Así, el 24 de diciembre una pelea en un boliche enfrentó a Pastorizzo con Martínez. La joven reaccionó golpeándolo y asegura que el asunto quedó zanjado en ese momento.

Según informa Big Bang News, Galarza le envío después a su amiga un mensaje que, según sospechan los investigadores, fue un intento de pintar el crimen como una reacción de defensa propia.

"¿Viste que vos le pegaste una piña en el boliche? Bueno después salió y se fue para mi casa. Me rompió la cabeza y se fue", le escribió Nahir a Sol.

Pero eso no fue lo que Fernando le contó a sus amigos. Agustín Ladner entregó el audio. "Me lo mandó a las 8.46. Cuando salía del boliche Bikini, Fernando estaba hablando con Nahir y de la nada sintió una trompada. Miró y era Sol Martínez, eso pasó en la calle. Según lo que me contó, estuvieron discutiendo. Le pegaron y no sé cómo lo metieron en la casa de ella (ubicada a la vuelta del boliche). Cerraron con candado la puerta y le pegaron adentro", relató al diario El Día.

"NAHIR NOVIA"

Otra de las estrategias de la defensa de la acusada pasó por intentar negar que su vínculo con Pastorizzo fuera serio o de larga data para evitar así otro atenuante en su imputación. Pero, en ese sentido trascendió que Silvia Mantegazza, madre de la víctima, la tenía agendada en su celular como "Nahir novia".

El dato fue confirmado por el fiscal Sergio Rondoni Caffa, quien recordó que en la escena del crimen la mujer se descompensó y les contó a los investigadores que Fernando tenía una novia.

Cuando Mantegazza llamó a Galarza para avisarle sobre el asesinato, la Policía pudo verificar cómo la tenía agendada. Y es esa circunstancia la que podría determinar que los cargos que pesan sobre la joven sean agravados por el vínculo.

Nahir fue llamada como testigo: era la última que lo había visto con vida. Le preguntaron si sospechaba de alguien que pudiera haber tenido intenciones de asesinar a su novio y, fría, dijo que no. "No es de pelearse, ni de pegarse", aseguró y regresó a su casa. Doce horas después, regresó por voluntad propia y se entregó: "Basta, fui yo. Lo maté yo".