Domingo 15 de Diciembre de 2013
El fiscal federal de Santa Fe, Walter Rodríguez, solicitó la elevación a juicio de la causa que investigó a una banda que captaba víctimas en la capital de la provincia y luego las trasladaba a las ciudades de Puerto General San Martín y San Lorenzo, para ser explotadas sexualmente.
El requerimiento, dictado el viernes pasado acusa a Martín Gómez, Zunilda Godoy y Mariela Sandoval por el delito de trata de personas, agravado por haber mediado abuso de la situación de vulnerabilidad de las víctimas, por la minoría de edad de dos de ellas, porque en la comisión del delito participaron más de tres personas y porque se logró consumar la explotación de las víctimas objeto del delito. El escrito detalla la metodología de explotación y describe cómo antes de los traslados las mujeres eran maquilladas y se les cambiaba la ropa en una estación de servicio ubicada a la vera de la autopista Santa Fe-Rosario.
Producir “lo suficiente”
Tras notificarse del dictamen elaborado el 18 de junio de este año por la fiscalía a cargo de Walter Rodríguez, que daba cuenta de la existencia de la red, el Juzgado Federal Nº 1 había emitido órdenes de requisa de personas y vehículos, allanamientos, detenciones e intervenciones telefónicas. Así, se logró la interceptación, el 24 de junio pasado, de un vehículo que transitaba por la autopista Santa Fe-Rosario, conducido por uno de los involucrados. En el auto, secuestraron treinta preservativos y un papel con nombres de mujeres y a su costado montos en números, entre otros elementos.
Las seis víctimas fueron asistidas por el Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento de Víctimas de Trata de Personas, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Durante la pesquisa, se desentrañó el duro régimen al que los captores sometían a las jóvenes: si la explotación sexual no llegaba a rendir ganancias para cubrir el pago del “pasaje”, ellas eran trasladas a otro lugar “a voltear camiones” hasta que se produzca dinero suficiente. En cambio, si decidían “no trabajar” se les cobraba el día. En ese caso, si el aviso era hecho antes de las 17 horas, debían abonar 30 pesos; de lo contrario “el pasaje completo”.
Hasta cubrir el pasaje
A continuación, parte de la declaración de una de las víctimas: “Si no llegábamos a cubrir el pasaje nos bajaba en Coronda, en una estación de servicio, para que trabajemos hasta cubrir el pasaje. Si es una mala noche y llega la hora y no tenés para pagar el pasaje, Mariela nos lleva a la rivera a voltear camiones. La rivera es una estación de servicio. Nos lleva ahí hasta que tengamos para poder pagarle el pasaje”.
En el requerimiento de elevación a juicio, el fiscal Rodríguez cita los fundamentos de una resolución del juez Alejandro Cilleruelo para explicar la vulnerabilidad de las jóvenes: “El hecho de explotar en un lugar distinto del cual se captó se debe primordialmente a que el traslado de la víctima es necesario para alejarla de sus vínculos, afectos y contexto social que pudieran auxiliarla. La víctima tiene como único lugar en el mundo aquel en el cual es explotada, su única vinculación con el exterior es el propio explotador, y por vínculo de iguales a las restantes víctimas.
Los roles
La sede judicial interviniente recibió las declaraciones indagatorias de las cuatro personas detenidas, Martín Oscar Gómez, Mariela Alejandra Sandoval y Zunilda Guadalupe Godoy (quienes se negaron a declarar), luego de lo cual se pronunció favorablemente en punto a la solicitud del dictado de auto de procesamiento formulado el 4 de julio pasado por el Ministerio Público Fiscal. El pedido fiscal valoró especialmente los testimonios brindados por las seis víctimas, a partir de los cuales dio por probado que Martín Gómez aparece como quien se encargaba de buscar y trasladar a las mujeres, diariamente, desde esta ciudad de Santa Fe hasta Puerto General San Martín y San Lorenzo. Las mujeres captadas eran recibidas por Zunilda Guadalupe Godoy.
Quien coordinaba los traslados de las mujeres hacia los puntos de explotación sexual era Mariela Sandoval. Muchas veces, ella las acompañaba durante el trayecto, y una vez allí les asignaba a cada una un lugar, “una parada”, al tiempo que recaudaba el dinero proveniente de la actividad, al finalizar la jornada.