Jueves 26 de Julio de 2012
Rubén Antonio Casal tenía 47 años y hacía más de 20 que vivía en el barrio Brigadier López, donde tenía una fábrica de escobas. Había presentado un proyecto para enseñar su oficio a los chicos del barrio, pero no pudo concretarlo, el sábado pasado fue asesinado de 10 puñaladas en su vivienda, ubicada en la intersección de las calles Hugo Wast y Hermanos Figueroa.
“Lo mataron porque él había denunciado, en forma sistemática, a quienes traficaban droga en el barrio. En los últimos tres meses había sido amenazado, la última vez, con un arma en la cabeza”, contó Sandra Casal, la hermana menor de la víctima.
Ayer por la mañana, y cuando recién se conocían las novedades de una detención por el crimen, los familiares de Rubén marcharon a Tribunales en reclamo de justicia. “Nosotros somos su familia, y no podemos evitar sentirnos responsables de no haber hecho esta marcha antes, cuando él fue amenazado. Rubén había hecho la denuncia por las intimidaciones pero nunca le dieron seguridad y el resultado fue fatal”, agregó la mujer.
Sandra integra, junto con su marido, Martín Frutos la agrupación Luchadores Independientes Organizados (LIO). Acostumbrados a movilizarse por reclamos sociales, esta vez, les tocó salir a la calle por una pérdida irreparable. “Queremos que se haga justicia y que la investigación por el homicidio siga hasta que se determine exactamente qué pasó con Rubén. La agresividad del ataque nos hace pensar que no fue perpetrado por una sola persona”, cuestionó Frutos.
Además, la pareja se quejó de la escasa información que recibió de parte de la policía y de la Justicia durante el fin de semana: “Nosotros lo velamos en la casa y para eso tuvimos que limpiar, no sabíamos que de esa manera se podían perder rastros y huellas. Además, quedaron pruebas, como un vaso, una gorra, cigarrillos que no fueron secuestrados”.
El dolor de la madre
Al dolor de la pérdida de su hermano, a Sandra se le suma el precario estado de salud de su madre, de 65 años quien desde la casa lindera a la de Rubén, fue quien lo escuchó pedir ayuda.
“Ella se desesperó a la madrugada por los gritos de mi hermano, que pedía ayuda. Tardó en cambiarse porque es una mujer grande y cuando salió a la puerta lo vio a su hijo muerto en medio de un charco de sangre. Quedó muy mal y también siente que no se hizo todo lo posible por evitar que mi hermano fuera ultimado de esta manera”, concluyó.