“No buscamos venganza pero sí exigimos justicia por Melina”
Este domingo se cumple el primer mes de la muerte de Melina Monzón (25), una de las tres chicas quemadas en Semana Santa. La familia cuestiona que la víctima no fue escuchada y piden ser parte en el juicio.

Sábado 27 de Julio de 2013

“Aunque poco importe mi nombre, quiero contarles que me llamo Norma, vivo en barrio Las Flores 2 y hoy se cumplirá el primer mes de haberme convertido en un miembro más del desdichado club de las madres que han perdido a sus hijos. Se trata de mi hija, Melina Monzón, que el día 1 de abril fue trasladada al Hospital José María Cullen con quemaduras que le afectaban más del 70 por ciento de su cuerpo, las que fueron consecuencia de un confuso episodio que tuvo lugar en su departamento, junto a su pareja y por el que éste estuvo detenido durante 15 días, siendo liberado por falta de méritos. Mi hija, después de tres meses de internación, la amputación de una de sus piernas y un sufrimiento inhumano, murió el 28 de junio”, así comienza la emotiva carta que redactó Norma Bassi, la mamá de una de las tres mujeres quemadas en Santa Fe en el trágico fin de semana de Pascua.

Sin acceso al expediente sobre la causa que investiga la muerte de Melina, la familia Monzón-Bassi intenta reconstruir qué fue lo que sucedió en el departamento de la joven aquella mañana, y por qué, la única persona presente en el lugar durante el desarrollo de los hechos, fue desvinculado del caso con falta de mérito.

Amparar a las víctimas

“No conozco el Código Penal, no sé de procedimientos ni garantías constitucionales, ni de leyes que rijan el juzgamiento, ni las condenas, ni de jueces, abogados o magistrados; por lo que quisiera pedirles a ellos que han dedicado su conocimiento a la Justicia, que hagan honor a esa palabra, que por favor del mismo modo que se resaltan constantemente los derechos y garantías que deben asistir a los acusados, recuerden también a las víctimas que no tuvieron ninguna garantía ni derecho que las ampare”, agrega la carta de Norma.

Y este párrafo se refiere a la dura reacción que la familia y allegados de Melina aseguran haber sentido de parte de la jueza de instrucción penal Nº 4, Susana Luna.

“Las condiciones en las cuales nos ha recibido la jueza son lamentables y se lo explicamos al ministro de Justicia, Juan Lewis, cuando nos recibió. Luna jamás habló con Melina, ni siquiera lo intentó. Mi hija podía dialogar con los médicos, con los enfermeros, y con nosotros. Estaba lúcida y recordaba todo. Nos dijo, más de una vez, que el Bibi Silva (la ex pareja de Melina) la tenía drogada, empastillada y que fue él quien la quemó. A nosotros nunca nos llamó a declarar la jueza, todo esto se lo dijimos porque nos presentamos de manera espontánea. Es más, la jueza esta semana nos dijo que recién ahora se enteró de que Melina tenía una hija. Es una vergüenza”, contó el papá de Melina, Juan Monzón.

Preguntas, a montones

Durante la entrevista con Diario UNO, junto a los padres de Melina, también estuvieron los papás y la hermana de Daiana Ruiz (una joven santafesina de 21 años, asesinada el 30 de mayo de 2008, en un intento de robo en barrio La Florida, cuando regresaba del trabajo). Nadia, la hermana de Daiana era amiga de la infancia de Melina. “Hay un montón de preguntas que la resolución de la jueza Luna, en la que dicta la falta de mérito para el Bibi, no responde. ¿Por qué Melina perdió la pierna? ¿Por qué el Bibi la hace caminar hasta la comisaría? ¿Por qué no le pide ayuda a los padres de Melina o a la amiga que vive en el departamento de abajo. Cualquiera de estas personas estaban a menos de 20 metros de la casa de Melina. ¿Por qué la lleva a la comisaría por las calles internas y no por la avenida para pedir ayuda? Vemos que hay muchas cuestiones que no fueron investigadas y que Melina también podría haber hablado con la jueza. Nunca vino nadie del juzgado a hablar con ella. Melina estaba lúcida y recordaba lo que le había pasado”, agregó la joven.

El 28 de junio

“No queremos que la muerte de Melina sea una muerte más. Queremos que si hay un culpable, sea condenado, queremos que se investigue”, agregó Norma e insistió en que los femicidios no deben reducirse a un dato cuantitativo, sino que se debe reparar en que cientos de historias, de proyectos y de recuerdos se condensan en cada uno de ellos.

Y en su carta, la mamá de Melina le dedicó un párrafo especial a su nieta, Alma, la pequeña hija de Melina, que pasó casi tres meses completos en los que –de a poco– la fueron preparando para el peor final. “Quisiera pedirles que por un minuto cierren los ojos e imaginen el féretro en el que se encontraba el cuerpo de una chica de 25 años y entrando al lugar, en brazos de su papá, una nena de tres años (a la que por consejo de su psicóloga debieron llevarla al velatorio) con un pequeño ramito de flores en su manito, para dejarla suavemente sobre el cuerpo sin vida de su mamá, mirarla tiernamente y sin derramar una lágrima tirarle un beso y decirle con voz clara que la quería. Esto que les pedí que se imaginen tuvimos que vivirlo la noche del día viernes 28 de junio y tratar de no romper en llanto para que la nena no se asustara. Yo les aseguro que de todos los que esa noche se encontraban allí, no hallé uno que no tuviera sus ojos empañados por el llanto y un nudo inmenso en la garganta que le impedía articular palabra”, continúa la carta de Norma.

El hecho de que historias personales, individuales, se transformen en hechos políticos que nos interpelan como sociedad, lleva a pensar qué sucede con las personas que conocieron, amaron y disfrutaron de la amistad o la compañía de las víctimas: integrantes de sus familias, amistades, quienes trabajaron o estudiaron con ellas. Cómo sigue la vida sin esas personas queridas, cómo exigen o esperan justicia, cómo los años van transformando el dolor en lucha.

“Fue una muerte absurda”

¿Pero cómo se sigue después de que una hija, hermana o amiga fue asesinada por ser mujer? Para Norma, en estos casos, para no repetir las historias, el dolor se debe transformar en denuncia: “Mi vida está destrozada y nada me devolverá a mi hija, pero déjenme pedirles a los encargados de impartir justicia, para que esa muerte absurda no sea en vano, en nombre de ese ángel llamado Alma que llevó el ramito de flores a su mamá, que al menos por un instante la tengan en cuenta a la hora de analizar esta causa y determinar qué fue lo que realmente pasó. No quiero nada más que eso, ni venganza ni castigo, sólo justicia y si alguien debe pagar que así sea. Desde ya muchas gracias como así también a todos los que nos acompañaron a lo largo de este tiempo tan difícil para nosotros”.

Dos víctimas, una sola lucha

Es que la muerte de un hijo es algo que produce el mayor sufrimiento del alma y desestabiliza toda lógica existencial. Lo lógico es que los hijos entierren a sus padres y no al revés. Va contra la naturaleza humana. Sin duda alguna, la muerte de un hijo provoca una primera reacción de choque, negación y de incredulidad.

“¿Qué se les dice a los padres que sufrieron la pérdida de un hijo?”, le preguntó Diario UNO a Carmen Valpondi, la mamá de Daiana Ruiz, que junto con su esposo José, están acompañando a los padres de Melina.

“No es mucho lo que se puede decir con palabras, simplemente se los acompaña”, contestó Carmen, y agregó: “Requiere de mucha paciencia pero sobre todo, mucha humanidad, porque hay que ponerse en el lugar del otro y en el caso de la pérdida de un hijo, es tan profundo el dolor, que sólo alguien que pasó por lo mismo puede comprenderlo plenamente. Todo es difícil, desprenderse de los objetos materiales de los hijos, evitar sentir culpa por lo que le sucedió y poder hablar del tema, para que el dolor no se transforme en ira. Nosotros peleamos mucho por Daiana, y lamentablemente ahora volvemos a sufrir por Melina. Queremos que toda la lucha que impulsamos por nuestra hija también sirva para ayudar a Norma y a Juan a batallar contra la impunidad. Se trata de dos casos muy distintos, pero que tienen en común que fallecieron dos chicas jóvenes, llenas de vida y de proyectos. Eso es más que suficiente para pelear porque el caso se resuelva”.

Los llamados que faltaron

Hacía casi cinco meses que estaban de novios y cuatro días que se habían comprometido, cuando llegó la fatídica mañana del 1 de abril. Melina Monzón, una joven de 25 años, de barrio Las Flores II resultó quemada, casi en un 80 por ciento. Falleció casi tres meses después, por una falla multiorgánica.

José María Silva, su novio, fue el único detenido por el caso. Tras pasar 15 días tras las rejas, fue liberado y la jueza de instrucción penal que entiende en la causa, Susana Luna, dictó su falta de mérito. La decisión de la magistrada fue apelada por el fiscal Gerardo Alesso, pero aún la Cámara no resolvió la situación.

Sin embargo, la falta de mérito que dictó la jueza Susana Luna sobre Silva no cierra la investigación. Aún resta un plazo de –por lo menos– tres meses para avanzar con las medidas probatorias. Según el abogado de Silva, Romeo Díaz Duarte, en el expediente constan registros de los llamados que Silva realizó al 911 y también a un amigo para pedir ayuda. Además, Silva declaró que fue Melina quien le pidió que no le contara a los padres “lo que se había hecho”.