Lunes 27 de Enero de 2014
Juan Trento
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Fue algo oportunista, o –por lo menos– eso es lo que indican los indicios recabados en las últimas horas sobre el asalto que sufrió una joven comerciante de barrio Escalante. Ayer, poco antes de las 9, cuando Laura recién había abierto las puertas del Almacén de Vinos Indiana, ubicado sobre avenida Facundo Zuviría al 5100, un hombre entró al negocio con el casco de moto puesto. Cuando ella lo vio, enseguida se dio cuenta de lo que iba a pasar.
El hombre, de ojos claros y de ímpetu decidido le exigió “todo el dinero”. Laura atinó a decirle que no se lo iba a dar, y él le enseñó la pistola que portaba en la cintura del pantalón. El ladrón se alzó con casi 11 mil pesos y un celular de alta gama. Una suma de efectivo que nunca tienen en el local, pero justo ayer estaban por llegar los proveedores.
“Creemos que fue un robo al azar. Lo único que hicimos fuera de lo cotidiano fue ir a buscar algo de plata que faltaba al cajero ubicado en la vereda de enfrente. Tal vez, la vieron salir del cajero y aprovecharon la oportunidad”, contó ayer en diálogo con Diario UNO, Cristian, el marido de Laura.
Pero los ladrones no eran los únicos atentos. Fueron otros comerciantes de la cuadra quienes notaron una situación extraña y dieron aviso a la policía. “Lo primero que les llamó la atención fue un hombre subido a una moto de alta cilindrada que miraba hacia el negocio. Entonces uno de ellos pasó por enfrente del local y me vio a mí en el fondo del comercio y de espaldas veía al hombre con el casco puesto. Ahí fue cuando le dijo a uno de los playeros de la estación de servicio que llame a la policía”, recordó Laura.
Los agentes de la Comisaría 9ª, con jurisdicción en la zona, llegaron a los pocos minutos. Le tomaron declaración a Laura y a algunos de los vecinos. Ahora, están buscando una moto Falcon 4000 color gris. “Vienen a robar en una moto que sale 100 mil pesos y yo no puedo ni cambiar el auto”, se quejó Cristian.
Es que una vez pasado el susto inicial, sigue la preocupación de cómo afrontar los costos del episodio. “Tenemos un seguro, pero no nos cubre ni el 20 por ciento de lo que nos robaron. Yo ahora tengo que salir a hacer algunos trámites pero no quiero dejarla a Laura sola en el negocio. Esto es un emprendimiento familiar que estábamos sosteniendo con esfuerzo todos los días. Ahora no sabemos cómo vamos a seguir”, agregó.
La idea de abrir el Almacén de Vinos, que lleva el nombre de la hijita de la pareja, se concretó hace cinco meses. Cristian trabajaba como repartidor, y pensó que si ponía su propio local podría pasar más tiempo con su familia. “Pensamos que íbamos a estar más tranquilos. Pero imaginate qué seguridad podemos sentir después de lo que pasamos esta mañana”, expresó.
A Laura también le duraba el susto. “Nosotros no tenemos un tipo de negocio que pueda ser atendido a puertas cerradas. La gente acá viene a elegir tranquila, muchas veces vienen a mirar, preguntan. No les podemos pasar la mercadería entre las rejas. Pero claramente este episodio nos hace replantearnos un poco cómo nos vamos a organizar”.
Y ambos plantearon una preocupación que comparten con la mayoría de los comerciantes que sufrió un hecho de inseguridad: los altísimos costos de la vigilancia privada. “Estuvimos sacando cuentas y un policía de adicional saldría unos ocho mil pesos al mes. Es un costo que hoy no estamos en condiciones de afrontar. Estuvimos hablando con algunos de los otros comerciantes de la cuadra, tal vez lo podemos contratar entre varios, pero ésa no tendría que ser la solución”.