Sauce Viejo: las pistas guían el caso hacia un doble homicidio
El tipo de heridas que sufrieron Roskopf y Michelín es uno de los principales pilares que sustenta la versión de una tercera persona en la escena del crimen.

Lunes 31 de Marzo de 2014

Con el correr de las horas, las hipótesis sobre el doble crimen de Sauce Viejo comenzaron a afinarse y surgieron cuestionamientos cuyas respuestas podrían ser las que orienten la investigación hacia el asesino que apretó el gatillo seis veces, y terminó con la vida del productor agropecuario Sergio Roskopf (42) y la abogada Carina Michelín (38), una pareja que hacía más de 9 años que estaba casada, sin hijos, y que compartía la casona ubicada a escasos metros de la ruta 11.

Ayer por la tarde, los fiscales de la Unidad Especial Homicidios, Jorge Nessier y Cristina Ferraro, volvieron a la escena del crimen. No sólo intentando reconstruir los momentos previos al ataque y la balacera en sí misma, sino para buscar indicios sobre motivaciones de una escena tan macabra como la que encontraron.

Es que la primera hipótesis, que presentaba el caso como un homicidio seguido de suicidio –sin terceros intervinientes– perdió fuerzas, en particular porque Roskopf no tiene un solo disparo como se dijo en un principio, sino dos. La autopsia reveló que tiene una primera herida de bala en el hombro, típica de situaciones de forcejeo y que recién luego recibe el disparo final, a quemarropa, en el entrecejo.

De esta manera, cobró fuerzas la posición de quienes sostenían que hubo un matador que escapó con el arma utilizada para ultimar a las víctimas. La hipótesis del robo tampoco se descarta. Varios investigadores sostuvieron que si bien no faltaba nada de valor de la finca, incluso la billetera de Roskopf, con dinero en efectivo, estaba intacta, también existe la posibilidad de que el delincuente decidiera no perpetrar el robo después de haber asesinado a los moradores.

Uno de los pilares de esta hipótesis es que el matrimonio había sido asaltado semanas antes, y esos hechos de inseguridad fueron el fundamento que dio Roskopf a sus más cercanos para explicar porqué se había comprado la pistola calibre 22 que guardaba, cargada, en su mesa de luz, y que hoy está desaparecida.

También por prevención, Roskopf había colocado en el patio de la casa un “cazabobos”, una especie de hilo traslúcido colocado a baja altura que, cuando alguien al dar un paso lo tocaba, hacía sonar una especie de alarma que se escuchaba en el dormitorio de la pareja.

Estos dos elementos: el arma y la alarma, son los que hoy guían la investigación. La secuencia indicaría que Carina estaba apunto de bañarse. Su ropa interior estaba en la pileta del baño, la ropa que se iba a poner estaba arriba de la tapa del inodoro y en el piso del baño había dejado una toalla.

En el dormitorio, la cama estaba desecha y el cajón de la mesa de luz de Roskopf –donde guardaba el arma– estaba abierta. Como si él hubiera escuchados ruidos, tomado el arma y salido al patio de la casa, por la puerta principal, para enfrentar al intruso. También, da la impresión de que forcejeó con esta persona y que entonces se produce ese primer disparo que lo hiere en el hombro. Parecería ser que es entonces cuando Michelín –desde el baño– escucha el disparo y sale corriendo al patio, casi sin ropas. Recibe un primer disparo en una pierna y cae sobre su marido. El resto de las heridas son en el costado y en la espalda. El último, el cuarto balazo que recibe, es en la nuca. Cayó desplomada. Las seis vainas fueron encontradas.

Según algunos testimonios de vecinos, escucharon disparos entre las 7 y las 8 del sábado. Pero los cuerpos estaban en el jardín, a la vista de todos porque el tapial perimetral de la casa es muy bajo y permite a cualquiera una visión perfecta. Por eso, se cree que es más ajustada la hipótesis de que el hecho ocurrió a la tarde, tal como lo marcó el médico forense según el rigor que presentaban los cuerpos a la medianoche, cuando fueron encontrados.

Ahora, resta analizar las comunicaciones de los teléfonos celulares de ambas víctimas. El hermano de Roskopf viajó desde Entre Ríos, donde vive, hasta la casa ubicada en Uriburu y la plaza, de Sauce Viejo, porque hacía muchas horas que intentaba comunicarse con Sergio o con Carina y ninguno de los dos respondía. Para los pesquisas, el hecho de que realizara un viaje tan largo, sólo porque hacía menos de un día que no los podía ubicar, deslinda que tal vez sabe algo más que pueda ayudar en la investigación.