El gobernador Miguel Lifschitz abrió el 136° período de sesiones ordinarias con un mensaje que marcó claras diferencias políticas con el gobierno nacional. Además repasó los temas más candentes de la coyuntura, como el de las tarifas y la inseguridad; convocó a un gran acuerdo para el desarrollo productivo de la provincia; describió el plan de obras e infraestructura que viene desarrollando su gestión y habló de la planificación a futuro. Por último, le dedicó el cierre del discurso al planteo de la necesidad de encarar el proyecto de reforma constitucional.

Lifschitz condensó todos esos temas en 59 minutos de un discurso que siempre mantuvo un tono tranquilo y que solo fue interrumpido en 22 ocasiones por tibios aplausos, casi fríos. Tal vez los más efusivos se dieron cuando dijo que la paridad en las listas no puede seguir esperando y cuando reclamó que Nación pague su deuda histórica de coparticipación con Santa Fe.

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La inseguridad

Una de las definiciones políticas más importantes fue el anuncio de que enviará a la Cámara de Diputados algunas sugerencias para introducir modificaciones al proyecto que faculta a la Justicia provincial a perseguir el narcomenudeo. La iniciativa del senador Lisandro Enrico tiene media sanción de la Cámara alta pero mucha resistencia de los diputados, incluso de los oficialistas.

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El gobernador intentará zanjar esa distancia que hoy parece insalvable. Después habrá que escuchar al presidente de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, Rafael Gutiérrez, para saber si cambió de opinión, porque hace unos años se pronunció en contra de esa idea.

Pero para Lifschitz, a pesar de dejar en claro que la persecución del narcotráfico es competencia federal, la violencia es un fenómeno que está íntimamente ligado al negocio de las drogas en los barrios de las principales ciudades de la provincia y dijo que cada vez que quiso avanzar contra esas organizaciones se encontró "con una barrera que es la dificultad de la Justicia Federal para desarticular estos grupos".

"La mayoría de los que matan o mueren son jóvenes o personas de más edad, pero todos vinculados a la venta de drogas en las ciudades", dijo el gobernador y les pidió a los legisladores "no tirar la pelota para otro lado".

"El problema de la seguridad es actual y futuro", aseguró el mandatario y volvió a convocar a todos a ser parte de la solución. También dijo que en su gestión hubo resultados positivos "aunque estamos lejos de las metas planteadas".

Ante este problema de extrema complejidad, Lifschitz sostuvo que se hizo un abordaje multidimensional con un trabajo coordinado desde diferentes lugares del Estado. Hubo que intervenir en la policía para mejorar el trabajo preventivo como de investigación y al mismo tiempo recuperar la confianza; mejorar la investigación en la Justicia Penal; ampliar y mejorar las condiciones de seguridad y habitabilidad del sistema penitenciario sacando a los presos de las comisarías; la coordinación con las fuerzas federales; y el abordaje social de la situación de miles de jóvenes que por su situación están al borde de vincularse con la violencia.

La situación social y económica

Lifschitz dijo que solo entiende a la sociedad desde "la solidaridad y la justicia social" y pidió "dejar de lado el manual del neoliberalismo" tanto en el aspecto económico como en el de los valores. Dijo que no se puede plantear "una flexibilidad laboral para las empresas y en contra de los trabajadores" y que el esfuerzo para reducir el déficit fiscal y la inflación debe ser equitativo.

"No se puede sostener el déficit con deuda", reclamó y expresó que la integración al mundo debe ser inteligente y "cuidando lo nuestro".

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"La perpetuación de la pobreza y la desigualdad constituyen una herida abierta en el cuerpo social de la Argentina que nos impide progresar como país. Hasta que no suturemos esa herida no habrá paz y futuro para todos", definió.

En este punto destacó todos los programas que el Frente Progresista puso en marcha en los últimos 10 años como el Vuelvo a estudiar, el Plan Abre, el Abre Familia, entre otros. También convocó a un gran acuerdo entre el Estado, el sector privado y los trabajadores para promover el desarrollo productivo de la provincia y aseguró que Santa Fe ya tiene la base para hacerlo y que es el Consejo Económico provincial.

Además, sacó a relucir la cantidad de obras que se están haciendo en la provincia y, particularmente, hacia dónde se direccionan las obras. El gobernador dijo que en Santa Fe eso se hace con un sentido de equidad social y territorial concentrando los mayores esfuerzos en el norte provincial y en los barrios más postergados. "Eso nos da la autoridad moral para pedir a Nación que no concentre los recursos en Buenos Aires", afirmó al tiempo que volvió a reclamar el pago de la deuda histórica que Nación tiene con la provincia.

Lifschitz dijo que el reclamo de Santa Fe representó un hito en la historia del federalismo en el país y que la oferta inicial de Nación estaba muy lejos de lo esperado. No llegamos hasta acá para aceptar cualquier cosa", advirtió el gobernador y anticipó que la propuesta final que haga el gobierno de Macri será enviada a la Legislatura para que sea aprobada y que sino se volverá a recurrir a la Corte Suprema Nacional, ahora con un antecedente más a favor de Santa Fe.

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Tarifas y palos

Al momento de hablar sobre las tarifas, Lifschitz coincidió con el diagnóstico del gobierno nacional y dijo que había que rectificar un sistema que estaba distorsionado, pero que se equivocó en la forma de hacerlo. En ese sentido, Lifschitz aseguró que el ajuste tarifario que hizo la gestión de Mauricio Macri terminó siendo un freno a la economía y combustible para la inflación.

"Este es un tema en el que no tenemos que jugar políticamente. No es un tema para avivadas. Es un tema para trabajarlo con seriedad, con responsabilidad. No engañar a los ciudadanos, no decirles una cosa por otra", dijo Lifschitz ante un auditorio que tenía en primera fila al intendente de Santa Fe, José Corral, que la semana pasada anunció que el municipio se hará cargo de la Cuota de Alumbrado Público y que eso redundaría en una reducción del 10 por ciento en la boleta de los vecinos.

"Todos los ajustes, las reducciones de costos, la eliminación de tasas o de tributos provinciales o municipales no van a resolver el problema de fondo. No alteran sustancialmente el impacto de las tarifas sobre el bolsillo de los usuarios. Esto no quiere decir que no haya que hacer un esfuerzo", aclaró y anunció que se va a financiar el plan de obras de la empresa con recursos extrapresupuestarios y que eso posibilitará reducir en el corto y mediano plazo el valor de la factura.

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La reforma y los tiempos

Los últimos nueve minutos del discurso se los dedicó a la necesidad de la reforma de la Constitución. "Si la democracia se torna aburrida, si no incomoda, si no genera cambios es porque ha perdido fuerzas y entonces empieza a perder sentido para la gente. La democracia supone reformismo ciudadano, no status quo. Vivimos tiempos de reforma", sostuvo.

"Ahora es el turno de la Legislatura, de abrir un debate", les dijo a los legisladores Lifschitz y les aseguró que su problema no es la reelección sino plasmar los derechos para las generaciones futuras en la Constitución.

Pero, además, les dijo que el diálogo se planteó de cara a la sociedad y que no se debe contaminar con acuerdos que no puedan ser explícitos ante la ciudadanía. "Yo me pregunto, ¿si el momento no es ahora, cuándo entonces? Si los años electorales no son buenos y los no electorales tampoco, ¿cuándo entonces será el momento?".

La pregunta del gobernador quedó flotando en el ambiente y los legisladores tendrán una respuesta, al menos parcial, antes de finalizar el primer semestre del año. Si entre mayo y junio el proyecto de necesidad de reforma -que tuvo ingreso formal hoy en Diputados- no se trata, se archivará junto a los de Jorge Obeid y Hermes Binner.

Lifschitz sentó las bases de lo que será la última parte de su mandato. La reforma constitucional será su primera -y muy difícil- batalla política. Pero también presentó varios temas con los que busca asegurarse seguir teniendo por el mango la sartén de la iniciativa política. Algo que para un gobernador resulta muy difícil sobre el final de su mandato cuando no tiene la chance de ser reelecto.