Política
Jueves 03 de Mayo de 2018

El narcomenudeo, la incómoda jugada política del gobernador

Miguel Lifschitz aprovechó su discurso de apertura de sesiones ordinarias para correr el eje de la discusión política en la provincia. La inseguridad, las tarifas de los servicios públicos y la reforma constitucional cedieron paso al debate sobre quién debe perseguir al narcomenudeo. Los riesgos y beneficios

El gobernador Miguel Lifschitz aprovechó el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura santafesina para cambiar el eje de la discusión política en la provincia. En su mensaje a los legisladores les pidió atender a unas sugerencias que él mismo iba a enviar para que luego Santa Fe adhiera a la ley nacional de narcomenudeo que ya tiene media sanción del Senado. Lifschitz quiere que la Justicia provincial persiga a las bandas barriales que venden drogas y eso acaparó la atención de propios y extraños.

Con esa solicitud, el gobernador logró lo que quería: correr el eje de los temas espinosos como las subas de las tarifas y, fundamentalmente, los problemas de seguridad, que en los primeros cuatro meses del año muestran índices de homicidios en Santa Fe y Rosario que se volvieron a disparar luego de un 2017 con resultados relativamente positivos, para poner el foco en el combate al narcotráfico.

Además, desplazó de la escena central al proyecto de necesidad de reforma de la Constitución, que a pesar de haber ingresado formalmente el 1 de mayo a la Legislatura comenzó a perder fuerza a partir de los rechazos que recibió de varios diputados de la oposición. Ahora, sin que el tema esté en la superficie de la discusión pública, tendrá tiempo de trabajar de forma silenciosa con los diputados para reimpulsar esa iniciativa. El trabajo político que mayores frutos da no es el que se hace en los medios de comunicación.

Pero la jugada que hizo el gobernador tiene varias aristas más. Por un lado, se muestra el déficit de la Justicia federal para hacer frente al problema del narcotráfico; también deja en evidencia la lentitud del Gobierno nacional para dotar de estructura a la Justicia federal, un reclamo que viene haciendo desde que asumió. Y, por otro, intenta tomar el protagonismo asumiendo la responsabilidad de dar respuestas a pesar de que no se trata de un problema provincial.


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Pero los riesgos no son menores. A pesar de conseguir el apoyo del fiscal general del Ministerio Público de la Acusación, Jorge Baclini, el gobernador abrió un frente político con el Poder Judicial. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Rafael Gutiérrez, reiteró este miércoles su oposición a que la Justicia provincial se inmiscuya en asuntos federales. En el mismo sentido se expresó otro ministro de la Corte santafesina, Daniel Erbetta, quien fuera presidente de ese cuerpo hasta diciembre del año pasado.

Si la decisión que tomó Lifschitz se termina cristalizando, eso también implica poner a la policía de la provincia a perseguir a las pequeñas bandas que trafican en los barrios de las ciudades. Es la misma fuerza que tiene a algunos agentes y jefes procesados por sus vínculos narcos. Uno de los ejemplos más recientes es el fallo que condenó a policías en la causa de Los Monos, en Rosario. También hay que recordar que está en pleno juicio, acusado de narcotráfico, el exjefe de Policía de la provincia, Hugo Tognolli. El gobernador tendrá que extremar el control interno de sus fuerzas de seguridad para que el remedio no sea peor que la enfermedad.

Otro de los costos que tendrá que afrontar el mandatario santafesino es el giro político que tuvo que dar en este tema, ya que en 2014 –siendo senador por Rosario– había votado en contra de que la provincia persiga al narcomenudeo.

Un tema tan delicado divide aguas en la Legislatura, abre grietas políticas en su propio frente y con dirigentes de otros partidos que tienen que darle el apoyo para la reforma. Todos tendrán que tomar posición, aunque incomode. Lifschitz ya debe haber previsto todos los riesgos de asumir la iniciativa política en este tema, aunque, en definitiva, será el tiempo el que pondrá en la balanza los costos y los beneficios.

En su discurso del 1 de mayo el gobernador dijo: "Si la democracia se torna aburrida, si no incomoda, si no genera cambios es porque ha perdido fuerzas y entonces empieza a perder sentido para la gente". Lifschitz tomó la iniciativa en un tema muy complejo y echó a rodar la bola, a riesgo de que se le pueda volver en contra.