El ex CEO de Google ha dado algunas pinceladas sobre las mejoras que veremos en próximo año.
Sábado 21 de Octubre de 2023
La inteligencia artificial parece haberse integrado, perfectamente, en la sociedad actual. La sorpresa inicial por sus innovadoras capacidades ha pasado a ser una competición empresarial para encontrar aplicaciones útiles y creativas. Y es que, más allá del uso que le damos a nivel privado, como los chatbots, la IA contiene un universo de posibilidades que vamos descubriendo cada día.
Una herramienta con un potencial impresionante
Desde la creación de contenidos con información actualizada hasta las mejoras de la seguridad en las empresas online, pasando por soluciones innovadoras en el sector de la industria o la agricultura, el diseño arquitectónico, complementos a diagnósticos médicos y tantos otros ejemplos. Además, muchas organizaciones están utilizándola, de manera generalizada, para poder automatizar tareas y poder, así, reducir costes y errores y destinar los recursos humanos a tareas con mayor valor añadido.
A todo ello hay que sumar su capacidad para potenciar otras herramientas, como la realidad virtual o el Blockchain (es vital para crear la nueva generación de internet, la Web 3.0). Sin duda, cada vez encontramos más casos de aplicación creativa de esta tecnología. Pero, pese a que su evolución es progresiva, probablemente el año que viene dará algunos saltos interesantes y que tendrán un gran impacto en cómo utilizamos la inteligencia artificial.
Evolucionando a otro nivel
Las pistas sobre este fenómeno las ha dado, recientemente, el ex CEO de Google, Eric Schmidt. Según Schmidt, veremos tres grandes avances en 2025 en los que respecta a la IA. Y cada uno de ellos tendrá impacto en la aplicación de esta herramienta. En primer lugar señala que los nuevo modelos podrán analizar una mayor cantidad de información de una sola vez, lo que comporta mayor comprensión del contexto y de los datos adicionales, pudiendo generar mejores respuestas y más ajustadas a las necesidades.
También considera que la IA será más autónoma y, por tanto, requerirá de menor supervisión. Esto supone una gran ventaja para su agilidad a la hora de actuar y, por tanto, mayor eficiencia en diferentes procesos, con mayor nivel de automatización. El tercero de los avances está íntimamente vinculado al anterior, ya que Schmidt prevé que esta tecnología tendrá más libertad y podrá liberar a los humanos de algunas tareas habituales, al actuar en su representación (siempre, según unas instrucciones que el usuario le haya dado previamente).
Por supuesto, cada una de estas “líneas maestras” tiene diversas ramificaciones y usos prácticos. De hecho, son tantos que es difícil glosarlos todos. En muchos casos, dependerán de la creatividad (esta vez, sí) humana. Ya que es la persona quien va a guiar las aplicaciones para la IA. No obstante podemos imaginar algunos ejemplos de lo que veremos en 2025, una vez esta herramienta, a través de su evolución, ponga en marcha estos nuevos modelos más avanzados.
Ejemplos de aplicación
En primer lugar, la capacidad para analizar mayor cantidad de datos y profundizar en los contextos puede aportar una personalización más ajustada de los resultados de búsqueda; pero, también, de los servicios y los productos que cada organización ofrece a sus clientes. Si una plataforma ofrece tragamonedas gratis Argentina a sus visitantes, éstas pueden estar orientadas a sus preferencias, sugiriendo entretenimientos diferentes a cada uno de los usuarios en base a criterios más específicos. Y este ejemplo es extrapolable a sectores como el eCommerce, la banca electrónica y tantos otros.
Por otra parte, su mayor autonomía (junto a la habilidad para aprender de forma automática) la da nuevas posibilidades para prevenir ataques cibernéticos. Sin duda, la seguridad es una de las mayores preocupaciones de la sociedad digitalizada. La IA podrá anticiparse a las conductas de los ciber delincuentes, al poder actuar por propia iniciativa, analizando el comportamiento y los patrones de los ataques y adaptando su respuesta, para que sea más eficaz y veloz.
Y no podemos dejar de lado lo que supondría automatizar algunas funciones personales. Si el usuario se lo permite, la inteligencia artificial podría preparar las reuniones en su nombre, revisar parte de su trabajo antes de las entregas, darle periodicidad a algunos trámites (renovaciones, pagos, etc.) y muchos más ejemplos que, una vez más, dependerán de la creatividad de los consumidores. Nos espera un 2025 apasionante; al menos, en lo que se refiere al uso de la IA.