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Domingo 06 de Mayo de 2018

La conmovedora adaptación de Los Puentes de Madison llega a Santa Fe

Será este sábado 12, a las 21, en el Centro Cultural ATE Casa España. La versión de Luis Romero cuenta con las actuaciones estelares de Araceli González y Facundo Arana.

Por Juan Almará / jalmara@uno.com.ar
Los Puentes de Madison, la gran historia de amor de todos los tiempos recorre el país. Luego de un gran 2017 en calle Corrientes y una memorable temporada en la ciudad de Mar del Plata, ahora se encuentra en una gran gira nacional que la trae a Santa Fe.

La presentación tendrá lugar este sábado 12, a las 21, en el Centro Cultural ATE Casa España (Rivadavia 2871). Las entradas pueden conseguirse en la boletería del Centro Cultural, en Credifé y a través de www.ticketway.com.ar.

Con producción general de Javier Faroni y dirección de Luis Indio Romero, quienes se ponen en la piel de estos recordados personajes son nada más y nada menos que Araceli González y Facundo Arana. Ellos llevan adelante esta pieza que narra el encuentro entre Francesca, ama de casa, y Robert Kincaid, fotógrafo. Ambos se conocen casualmente, se enamoran y viven en cuatro días la mejor historia de amor que nadie podrá olvidar.

El elenco lo completan Alejandro Rattoni, Lucrecia Gelardi y Matías Scarvaci. La escenografía está a cargo de Marcelo Valiente, la iluminación es de Marcelo Cuervo y el vestuario de Pablo Battaglia.

Madison

Los Puentes de Madison, escrita por Robert James Waller, se publicó en 1992, encabezando la lista de las novelas más vendidas del año de The New York Times. En 1995, Clint Eastwood la llevó al cine, donde la dirigió y protagonizó junto a Meryl Streep. La película tuvo un gran éxito en todo el mundo, incluido nuestro país. Fue vista por más de 50 millones de espectadores convirtiéndose además en el filme de amor más visto en video y más repetida en los canales de cine.

Para conocer más sobre esta exitosa adaptación, UNO Santa Fe dialogó con uno de sus protagonistas, Facundo Arana.
—Ya llevan más de un año interpretando "Los Puentes...". ¿Qué balance hacés y que esperás de la obra en esta gira nacional?
—Si pudiera puntuarlo del 1 al 10, diría que arranqué con un 7 generoso y hoy estoy en un 10 absoluto. Esas son mis sensaciones hoy. Ha sido un éxito muy grande. Estoy haciendo el oficio que amo, con una obra extraordinaria y podemos salir de gira con los teatros llenos y grandes compañeros. No le puedo pedir más a la vida, porque esto va acompañando lo más importante que tengo, que es mi familia. Están todos sanos y con una sonrisa en la cara.

—Teniendo en cuenta que ya existe una adaptación cinematográfica muy exitosa, ¿qué elementos tuviste en cuenta para construir el personaje? ¿Incide ese antecedente?
—Cuando empezamos a trabajar, lo que hice fue leer el libro, y a pedido de Luis Romero, no vi la película hasta que ya no había ninguna decisión que tomar. Una vez que llegamos a casi al estreno de la obra, ahí el director me dijo: "Ahora si querés, para sacarte las curiosidades, mirala". Y eso fue bárbaro, porque ya no tenía posibilidades de tomar nada del filme, lo que me hubiera sido casi imposible si la hubiera visto antes. Me parecieron muy sabias las determinaciones que Eastwood tomó respecto de la novela. Entre todos los espectadores que asistieron en las más de 300 funciones que hicimos, muchos son fanáticos tanto del libro como de la película, ya que se trata dos obras emblemáticas. Y no pueden evitar acercarse con cierto prejuicio sobre lo que están por ver. Y lo lindo es que cuando termina la función, todos se ponen de pie para aplaudir, reconociendo la muy buena vuelta de tuerca que se le da para llevar esa joya al teatro. Nosotros contamos lo que pasó en Madison. Y el director apostó a lo más importante que puede tener un espectáculo teatral: la imaginación del espectador.

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—¿Cómo se realizó la recreación escenográfica teniendo en cuenta que la novela tiene como elemento principal la ciudad de Madison y sus paisajes?
—Ahí radica el quit de la cuestión. Romero no jugó con la posibilidad de engañar al espectador. Fue al libro y dijo: "¿Qué es lo que pasa ahí más allá de dónde pasa?". Y ahí se apoya la historia. Es ese Iowa de 1965, en el que vive una mujer que se fue de la guerra en Italia y que formó su familia con un excombatiente. Y un día llega allí un fotógrafo de National Geographic y se encuentra con ella. Es una historia que le podría pasar a cualquiera. Y ahí nos une a todos: a los que la vivieron y a los que no. Pero todos somos potenciales candidatos a que nos suceda algo así.

—Trabajaste en cine, TV y teatro y también en el mundo de la música. ¿Te sentís más cómodo en alguno de esos formatos o buscás adaptarte a las necesidades del director y el producto?
—Todo tiene su forma de hacer y su punto de cocción justo, en el que empezás a sentirte cómodo. Actuar en TV es distinto a hacerlo en teatro. No porque se actúe distinto, sino porque el proceso es diferente. En TV tenés que hacer 20 escenas. Y al día siguiente tenés que completar otras veinte que cuentan algo totalmente diferente a lo que hiciste. Eso requiere una dinámica y una forma de concentración que vas a tener que poner en juego. Podés agarrar al mejor futbolista del mundo, pero si lo pasás de una cancha de 11 a una de fútbol 5, seguramente va a ser diferente. La actuación en cine, teatro y TV son tres cosas distintas dentro del mismo oficio. Lo lindo es que con el tiempo, si transitaste las cuatro, sumando mi paso por la música, son momentos preciosos y a la vez difíciles, depende de quién lo encare. No me podría definir por uno. Me enloquece tocar con la banda arriba de un escenario, mirarme cara a cara con el público, me divierte que un director pueda ver realizado su trabajo porque no me tuvo que repetir 25 veces lo que tengo que hacer. En ese sentido, no hay nada que me guste más que dejar bien satisfecha a la persona que tenga en frente: ya sea el director o el público. Quiero que se vayan sabiendo que uno dejó todo en la cancha.

—¿Con qué se van a encontrar quienes vayan a ver la obra?
—Se van a encontrar con una historia de amor preciosa, que está extraordinariamente bien contada, dirigida y excelentemente interpretada, con una Araceli González exquisita en el papel de Francesca. Les va a generar ponerse de pie y aplaudir.