La historia que despertó el miedo entre algunos y sonrisas entre otros, se la comentó el joven de 16 años, algo angustiado, a un periodista del portal San Justo Noticias, de la ciudad santafesina homónima.

Según el propio relato de Jorge, volvía de la casa de una amiga a las 5 de la mañana de este lunes cuando al llegar a la esquina de Milesi y 9 de julio, en barrio Reyes de la ciudad de San Justo, se le apareció un animal grande, negro, con cola larga y ojos rojos. A eso se le sumo, según dijo, un olor muy fuerte. Inmediatamente emprendió la carrera en bicicleta, mientras el espeluznante animal lo seguía de cerca.

La madrugada de miedo se corono con la salida de la cadena de la bici al llegar a la esquina de Independencia y Belotti. Desde ahí el asustado joven –luego de tirar el rodado - corrió hasta su casa para contarle lo sucedido a su padre.

Sin dudas que luego de lo comentado a San Justo Noticias y CADENA 7 por el menor, la noticia tomo varios ribetes.

Algunos optaron por sacar conclusiones risueñas, mientras que los oyentes con más años apoyaron la historia contada por Jorge manifestando que el “lobizón” siempre existió.

La Historia del Lobizón

El lobizón, es un equivalente al sinónimo sudamericano del hombre lobo europeo.

La leyenda dice que el lobizón es el séptimo y último hijo de Tau y Kerana, en quien sobrecayo la mayor maldición que pesaba sobre sus progenitores (esto último, según la Mitología Guaraní), que en las noches de luna llena de los Viernes; y/o Martes se transforma en un “animal” que mezcla las características de un perro muy grande y un hombre (otras veces, también, mezcla las características de un cerdo).

Para la transformación, el maldecido, comienza sintiéndose un poco mal; por ejemplo comienza sintiendo dolores y malestares, luego , presintiendo lo que va a venir, busca la soledad de un lugar apartado, como la partes frondosas del monte, se tira al suelo y rueda tres veces de izquierda a derecha, diciendo un credo al revés.

El hombre-lobizón se levanta con la forma de un perro inmenso, de color oscuro que va del negro al marrón bayo (dependiendo del color de piel del hombre portador de “la maldición” ), ojos rojos refulgentes como dos brasas encendidas, patas muy grandes que son una mezcla de manos humanas y patas de perro, aunque otras veces, también tienen forma de pezuñas y que despide un olor fétido, como a podrido. Luego se levanta para vagar hasta que caiga el día.

Cuando los perros notan su presencia le siguen aullando y ladrando, pero sin atacarlo, por donde vaya. Se alimenta de las de heces de gallinas (por eso se dice que cuando el granjero ve que el gallinero está limpio, es porque el lobizón anda acechando por el lugar), cadáveres desenterrados de tumbas y de vez en cuando come algún bebé recién nacido que no haya sido bautizado.