Relatos de soldados santafesinos desde la trinchera

Los integrantes del Centro de Excombatientes de Malvinas de Santa Fe compartieron sus historias y recuerdos del conflicto armado. También llamaron a buscar, a través de las vías diplomáticas, una solución real que restituya las islas a la Argentina.

Viernes 31 de Marzo de 2017

Durante meses sufrieron hambre y frío con la convicción de que hacían lo necesario para defender a la Patria. Eran jóvenes que un gobierno de facto envió a la guerra y, cuando volvieron, los ocultó y olvidó. Hoy son adultos que han superado pruebas muy difíciles y que, finalmente, encontraron en la sociedad el reconocimiento merecido.

Raúl Galicio, Oscar Eduardo Ojeda, Argentino Foremmy y Omar Díaz compartieron con UNO sus historias, recuerdos y deseos a 35 años del inicio de la Guerra de Malvinas.

"La guerra no te deja nada bueno. Pero por suerte nosotros en el Centro de Excombatientes de Malvinas de Santa Fe nos apoyamos y nos conocemos", dijo Oscar Ojeda y remarcó el cambio que hubo en la mirada de la sociedad sobre ellos. "Antes ibas a conseguir trabajo y te decían que eras "un loquito de la guerra". Muchos nunca pudieron tener un empleo. Había discriminación pero hoy tenemos el apoyo del pueblo. Para nosotros es un orgullo", sostuvo y deseó "que no haya nunca más una guerra y que el camino diplomático lo resuelva a favor nuestro".

Los primeros años después de la guerra fueron muy difíciles para quienes habían estado en combate. "No teníamos el reconocimiento de la sociedad como ahora", coincidió Foremmy y aclaró que, si bien era una dictadura, quienes estuvieron en Malvinas lo hicieron "por la Patria".

No sabían a dónde iban

Cinco meses antes de que se declarara la Guerra de Malvinas, Omar Díaz había sido dado de baja de las Fuerzas Armadas. El 2 de abril de 1982 estaba en su casa escuchando los informes de los medios de comunicación sobre los problemas que había en el sur y la ocupación de las islas.

"Jamás pensé que iba a ir a la guerra pero estaban llamando para que nos presentemos", recordó Omar y agregó: "Primero tuve una discusión con mi mamá porque ella no quería que me vaya pero yo estaba decidido a defender la Patria".

Él había sido soldado Clase 62 del Regimiento 12 de Infantería de Mercedes (Corrientes) así que se dirigió a ese lugar. Allí lo equiparon. "No lo suficiente para ir a una guerra, pero bueno... Con 19 años pensábamos que no íbamos a llegar a una guerra", remarcó.

De Mercedes lo trasladaron a Paraná (Entre Ríos) donde subió a un avión de Aerolíneas Argentinas al que le habían sacado todos los asientos para que puedan entrar más personas. "Íbamos pegaditos. Uno al lado del otro para no tener problemas en el despegue ni en el aterrizaje", contó. El destino era Comodoro Rivadavia y, de ahí, a Malvinas.

Ese último viaje fue una aeronave Hércules a la que, junto a los 40 soldados, también subieron un cañón y algunos elementos de campaña. Apenas pisó las islas lo recibió un fuerte temporal con agua nieve y temperaturas bajo cero. La mayoría de los adolescentes que lo acompañaban no estaban acostumbrados al frío. Tampoco tenían el equipo necesario para ese clima.

Su primer destino fue Darwin, donde se ocupó de custodiar a los kelpers que estaban prisioneros. Luego, lo tocó ir al frente de guerra. "Fue algo muy duro. En todo momento es malo estar en la guerra pero aprendés a valorar muchas cosas como la familia", destacó.

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En la trinchera

Raúl Galicio es santafesino pero también le tocó hacer el servicio militar en el Regimiento 12 de Infantería de Mercedes (Corrientes). Tenía 18 años cuando lo mandaron a Malvinas. Tampoco sabía que iba a la guerra. "El día que llegamos no sabíamos ni dónde estábamos parados. No se veía nada. Era un lunes a las 1.45 de la madrugada", recordó y coincidió con que las condiciones de vida eran muy precarias para los soldados.

A él le tocó estar en varias trincheras. Construirlas en un suelo mojado que está lleno de rocas y turba no era fácil. Encima, lo cambiaban de lugar cada 24 horas. "Estuvimos casi un mes esperando que vinieran los ingleses y nos seguían cambiando de lugar. No teníamos posiciones fijas", explicó.

El desconocimiento sobre lo que ocurría y los planes que la Junta Militar tenía para los jóvenes soldados era común a todos. Oscar Eduardo Ojeda perteneció al Regimiento 4 de Monte Caseros (Corrientes) y dijo: "Llegué a la guerra sin saber a dónde iba".

Era el 13 de abril y tenía 19 años, estaba cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio. Antes de llegar a la colimba, vivía en el campo en Chaco y trabajaba como puestero. En tanto, Argentino Foremmy fue a la guerra cuando tenía 19 años integrando la compañía 602 de Comando. Llegó a Malvinas a mediados de mayo y regresó, cuando finalizó la guerra, como prisionero en el buque inglés Canberra.

De la impotencia a dejarlos sin nada

Del conflicto Ojeda recuerda la bronca y el dolor de sus compañeros. "Escuchabas que estaban heridos y llamaban a su mamá. Y uno no podía hacer nada. La impotencia te da bronca", comentó.

Las condiciones en las que estaban los combatientes eran pésimas. La ropa que les habían dado no estaba preparada para las bajas temperaturas de la zona y los suministros no alcanzaban. "Teníamos dos pares de medias y comíamos salteado. Y sufríamos principios de congelamiento", detalló.

Oscar nunca pudo comunicarse con su familia. No había teléfonos en la zona y él no tenía posibilidades de que una carta llegase al campo donde estaban sus padres. "Además si mandabas una carta primero te la leían y después veían si la enviaban, dependiendo de lo que decía", recordó.

Una vez que finalizó el enfrentamiento, las cosas no mejoraron. Los hicieron regresar en colectivos tapados y en trenes que entraban hasta las sedes de los regimientos. Nadie los podía ver, quizás, para ocultar las condiciones de salud en las que regresaban tras haber padecido hambre y frío.

"Y cuando nos dieron de baja nos hicieron salir de civil y sin un pasaje para volver a nuestras casas. Fue muy difícil porque hacer dedo de civil era complicado, de soldado era más probable que te lleven", contó Galicio. Y cerró: "Nos dejaron sin nada y arrancamos la vida de civil muy mal".

Hambre y muerte

Díaz todavía tiene muy presente el recuerdo del hambre y la muerte. "Un día estábamos en el campo de guerra y vemos que llega una camioneta. Nos acercamos para ver si traía algo de comida pero eran cuerpos argentinos", recordó.

Hacia el final de la guerra fue apresado. Los ingleses los mantenían en unos corrales pero un día lo eligieron junto a unos 80 compañeros y los llevaron caminando cuatro kilómetros. Al llegar a una zona delimitada por un alambrado de púas, los hicieron pararse uno al lado del otro y les dijeron que avancen 10 pasos.

"Pensé que nos mataban por la espalda", reconoció y agregó: "No lo hicieron pero tuvimos que caminar por los campos minados recogiendo los cuerpos de nuestros héroes caídos".

Después los hicieron colocar los cadáveres sobre un alambrado. Cuando terminó esa tarea lo subieron a un helicóptero y lo embarcaron. "Ahí nos tuvieron prisioneros dos semanas hasta que nos dejaron en Montevideo, Uruguay", detalló.

Del regreso a la Argentina contó que primero los recibieron en la Escuela Sargento Cabral de Buenos Aires donde, por primera vez en mucho tiempo, pudo tener una comida caliente y abundante. La única asistencia que le dieron fue una psicóloga que le preguntó si le dolía algo. A la semana lo enviaron de regreso a Mercedes.

"Cuando llegamos, en tren, las madres y los padres que nos esperaban se colgaban del tren gritando los nombres de sus hijos, preguntando si los habíamos visto, si habían vuelto. Fue durísimo. Yo solo les podía decir que se fijen en el vagón de atrás", dijo quebrado por el recuerdo de ese dolor compartido.

Un cambio importante

Los Excombatientes coincidieron en que hoy se sienten muy reconocidos por la sociedad. Ya no son "loquitos de la guerra" sino veteranos respetables. A eso se suma que la provincia y la Nación les han otorgados pensiones que les permiten un mejor pasar económico, tras años en los que les fue muy difícil encontrar trabajo.

Foremmy remarcó: "Nosotros seguimos con nuestra lucha porque va a durar todavía muchos años. Quizás nosotros no veamos la recuperación de Malvinas. Todavía tenemos que crecer como país, cuando seamos un país serio nos vamos a poder plantar no con una guerra sino con los acuerdos necesarios para encontrar una solución".

Por su parte, Raúl dijo estar muy contento con cómo la ciudadanía apoya a quienes estuvieron en Malvinas. "En un primer momento nos metieron en la misma bolsa que a los militares pero no era así. Nosotros fuimos soldados que fuimos a cumplir el juramento que le hicimos a la bandera, no éramos militares de carrera", cerró Galicio.

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Por Victoria Rodríguez y Valentina Fassi

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