Argentina estaba ¡hasta las manos! Hablando mal y pronto y para que se entienda bien. Empataba ante Nigeria 1-1 y se quedaba afuera del Mundial de Rusia. Para colmo, Islandia se lo empataba a Croacia y ponía la tensión en su punto máximo.

Cada uno en sus casas se agarraba la cabeza. Todo pasó de la algarabía y el entusiasmo al nerviosismo tras el penal que cometió Javier Mascherano, que dicho sea de paso terminó con dos cortes en la cara de tanto ir a chocar. A partir de allí fueron más ganas y corazón que fútbol. El ingreso de Cristian Pavón fue un factor fundamental para la remontada anímica. No iba más Enzo Pérez; se necesitaba verticalidad y profundidad para quebrar a un elenco africano que estaba chocho con el punto, porque con eso le alcanzaba.

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La adrenalina estaba a flor de piel y Argentina iba, pero no podía. Hubo dos córneres y Pavón y Ever Banega no pudieron levantar la pelota. Había que insistir, hasta que a los 39' llegó un magistral centro de Gabriel Mercado, que encontró en el punto penal a Marcos Rojo que, en una corajeada, la empalmó de una con la ¡derecha! (es zurdo) para ponerla abajo y desatar la alegría con el 2-1.

Después llegó el gol de Croacia para el 3-2 y la tranquilidad suprema para Jorge Sampaoli, que solo le pedía la hora al árbitro turco. Así llegó el pitazo final y el desahogo después de cinco días polémicos y repletos de dudas, las cuales quedaron por un momento en segundo plano luego del zapatazo de Rojo.

Justamente el defensor es uno de los sobrevivientes del Mundial de Brasil 2014, siendo incluso uno de los mejores jugadores desempeñándose como lateral izquierdo. Ahora desde hace un tiempo ya es marcador central en Manchester United, donde no tiene todos los minutos que pretendería, ya que para el DT, José Mourinho, es un suplente de lujo.

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Marcos Rojo nació el 20 de marzo de 1990 (28 años) y surgió deportivamente en Estudiantes. Luego fue a Spartak de Moscú, donde apenas jugó un par de partidos. De igual modo, encontró su lugar en el mundo afianzándose en Sporting de Lisboa de Portugal. Luego de sorprender en el Mundial de la mano de Alejandro Sabella llegando a la final, fue vendido a Manchester United, en el que ya lleva cuatro años.

Es el segundo gol que convierte en cita ecuménicas, porque también le marcó a Nigeria en 2014, justo para el 3-2 con el que Argentina se terminaría quedando con la victoria. Al parecer la historia de Marcos Rojos en la Selección escribe una página distinta cada día y este martes 26 de junio fue determinante para la clasificación a los octavos de final.