El comienzo del Mundial de Rusia le dejó bien en claro a las potencias que si quieren ser protagonistas tendrán que esforzarse al máximo. A excepción del encuentro entre España y Portugal (empataron 3-3), del local ante Arabia Saudita (5-0) y de Bélgica contra Panamá (3-0), el resto mostró mucha austeridad, más preocupados por no perder que por ganar.

El primero de los casos lo dio la Selección Argentina que, si bien llegó envuelto en muchas dudas y con menos amistosos que el resto (aún está latente la controversial suspensión del choque contra Israel), tenía mejores individualidades que Islandia, al que muchos daban como perdedor antes del tiempo. En la previa, el elenco de Jorge Sampaoli debía ganar caminando, pero cuando fue momento de salir al campo quedó bien en claro que no es así.

Los vikingos fueron de los mejores en las eliminatorias europeas y por eso se temía que podían llegar a ser un verdadero dolor de cabeza. Vaya si lo fue, ya que se abroqueló desde el minuto inicial en 30 metros cerrándole los caminos a Lionel Messi y compañía, que hacía del control de la pelota un culto, pero que no encontraba los resquicios para lastimar.

En un momento parecía que el golazo de Sergio Agüero rompía el molde. Más que nada, porque los islandeses no se habían armado para salir a buscar el partido, pero en una de sus pocas excursiones, aprovecharon el desconcierto del fondo nacional, sumado al titubeo del arquero Wilfredo Caballero y lo empataron a través de Alfreð Finnbogason, que remató con el arco vacío. Otra vez a empezar. Después en el segundo tiempo llegaría el penal malogrado por Messi y, pese a buscarlo por todos lados, cayó en la intrascendencia e Islandia hizo su negocio: sumar un punto ante el "más fuerte" del Grupo B.

Pero para magnificar todavía más el espectro, solo hay que mirar la victoria de México contra Alemania, en lo que podría decirse el golpe más importante de la competencia hasta ahora. La única diferencia es que los aztecas jugaron un gran primer tiempo, haciendo méritos para ir ganándolo. Después en el complemento no le quedó otra que resistir ante los embates teutones. Luchó y corrió a destajo para defender su valla y por eso se quedó con tres puntos vitales ante el último campeón.

Antes, Uruguay tuvo que esperar hasta un cabezazo agónico del defensor José María Giménez para quebrar a un Egipto que, sin Mohamed Salah, se plantó en busca de un preciado punto, que se le esfumó en la última jugada del partido. En el Grupo B lo mismo sucedió entre Irán y Marruecos, que se resolvió también en tiempo adicionado, en este caso con un cabezazo en contra para los asiáticos, que habían sido dominados claramente.

En el Grupo C, Francia quebró a un áspero Australia, que le hizo casi marca personal a Kylian Mbappé y Antoine Griezmann, pero en el final con una corajeada de Paul Pogba conquistó tres puntos de oro para ratificar el mote de candidato, pese a la juventud de su plantel, plagado de estrellas. En esa misma faceta se situó Dinamarca, que tuvo que cortar clavos para superar a Perú, que indudablemente mereció más. Que Cristian Cueva marrara el penal en el primer tiempo fue determinante, ya que no pudo controlar el trámite a su antojo. Después decayó y los europeos lo ajusticiaron en el segundo tiempo con muy poco.

Serbia necesitó de un tiro libre para superar a Costa Rica. Brasil fue puro entusiasmo y tampoco pudo doblegar a un Suiza que también defendió con uñas y dientes para atesorar un empate que venía como agua en tiempos de sequía. Finalmente, en el duelo por ahí más rudimentario, Inglaterra, en pleno recambio generacional, pegó de entrada y después no pudo ser regular y le permitió a Túnez igualarlo en una de las pocas ocasiones en ataque (fue mediante un penal). En el final, en una tónica en gran parte de los duelos, alcanzó la victoria (2-1) con un cabezazo de Harry Kane.

Hablando mal y pronto, es un Mundial muy jodido para los a priori equipos más fuertes. Quizás España es el que pinta para estar un escalón por encima del resto, pero también es cierto que recién va la primera fecha y es prematuro sacar conclusiones de cómo será todo al final. Muchas selecciones seguramente se despertarán y sacarán sus verdaderas credenciales, pero quedó en claro que deberán transpirar de lo lindo si quieren progresar. Hoy las "cenicientas" no deben ser subestimadas, porque pueden pasarte factura en el corto plazo.

En un Mundial el margen de error es nulo y por eso el equipo que menos goles reciba será el que más llegue. Lo primero parece ser mantener el cero y después ver cómo se ataca. Quedará en el destino determinar quién es el mejor y si hace lo necesario para ser campeón. La Argentina está en este pelotón y, si quiere soñar con volver a levantar la copa, necesita mejorar ostensiblemente atrás y no claudicar en ataque. Ahora se viene Croacia, que le ganó a Nigeria y se presentará todavía más exigente. Entonces llegó el momento de demostrar por qué supuestamente es el mejor.