Mucho se habló (y todavía se habla) de las lesiones que le impidieron a Ángel Di María participar de los partidos decisivos que disputó la Selección argentina en los últimos años: Fideo se perdió la final del Mundial 2014 por un desgarro que había sufrido en cuartos de final, debió salir en el primer tiempo de la definición de la Copa América 2015 por otra dolencia muscular y no pudo completar los 90 minutos del duelo decisivo de la Copa América Centenario porque una nueva ruptura fibrilar lo había hecho llegar con lo justo desde lo físico. Sin embargo, poco se conocía sobre cómo afectaron esas situaciones el jugador.

En un artículo que escribió para el sitio Player's Tribune, el rosarino reveló cómo vivió las horas previas al partido frente a Alemania en el Maracaná: "Sinceramente querìa jugar ese dìa, incluso si se terminaba mi carrera. Pero tampoco quería hacerle las cosas más difíciles al equipo. Así que me desperté muy temprano y fui a ver a nuestro técnico, Alejandro Sabella. Le dije honestamente, con una mano en el corazón, que él debía poner al jugador que él sintiera que tenía que poner: 'Si soy yo, soy yo. Si es otro, entonces será otro. Yo sólo quiero ganar la Copa. Si me llamás, voy a jugar hasta que me rompa' le dije. Y entonces me largué a llorar".

En el texto, Di María confesó que se sometió a dos infiltraciones el día del encuentro: "Me había desgarrado el muslo en los cuartos de final, pero con la ayuda de los antiinflamatorios ya podía correr sin sentir nada. Les dije a los preparadores estas palabras textuales: 'Si me rompo, déjenme que me siga rompiendo. No me importa. Sólo quiero estar para jugar'. Me hice una infiltración antes del partido, y después me di otra durante el segundo tiempo, así podía estar preparado para jugar, si me llegaba a tocar la chance de entrar".

Por otra parte, Fideo también confirmó las presiones que sufrió por parte de Real Madrid, donde jugaba en ese entonces, para que no participara del partido: "Me acuerdo cuando recibí la carta, la rompí antes de abrirla. Esto pasó en la mañana de la final, exactamente a las 11. Inmediatamente entendí lo que estaba pasando. Todos habían escuchado los rumores de que el Real quería comprar a James Rodríguez después del Mundial, y yo sabía que me querían vender para hacerle lugar a él. Así que no querían que su jugador se rompiera antes de venderlo. Era así de sencillo. Ese es el negocio del fútbol que la gente no siempre ve. Rompí la carta en pedacitos y le dije al médico 'el único que decide acá soy yo'".