Lo colectivo le dio un nuevo cachetazo al individualismo al que se suele apelar en el fútbol argentino por la magnitud de los jugadores con los que cuenta la Selección. El tener al mejor del mundo (Lionel Messi) puede significar un plus pero de ninguna manera la solución definitiva.

Este equipo sin Messi no puede ni soñar con ser campeón, pero únicamente con Messi está claro que no alcanza. Y los 90' ante Croacia dieron muestra de que sin un sostén de juego es imposible pensar en algo grande.

Argentina clasificó al Mundial en la última fecha ante un equipo casi amateur de Ecuador. Y en esas Eliminatorias fueron tres los entrenadores (Martino, Bauza y Sampaoli). Ese desquicio dirigencial se trasladó al campo de juego. Se hizo todo mal y en consecuencia es difícil que cuando no hay planificación, trabajo y un proyecto serio, se pueda festejar.

Argentina se autoboicoteó en la previa al Mundial y encima la cabeza del grupo como lo es Sampaoli jamás tuvo las cosas claras. Cambió todo el tiempo, nunca se mostró convencido, y ese desquicio se lo trasladó al equipo.

Argentina fue un equipo sin alma que ante la primera adversidad se desplomó. No tuvo hombría ni temperamento, en un equipo sin líderes que no pudieron ni supieron rebelarse. Este debía ser el Mundial de Messi y luego de 180' el rendimiento del 10 fue desconcertante, no solo en lo futbolístico, sino también en lo anímico. Falló un penal clave ante Islandia y ante Croacia no la tocó.

Hasta aquí un verdadero fiasco, pero aún por estas cosas que tiene el fútbol, Argentina dependiendo de algunos resultados puede imaginarse con pasar a los octavos. Hoy luego de lo que pasó pareciera ser una utopía, una verdadera quimera, rayando al milagro.

Para ello deberá vencer a Nigeria y esperar que Islandia no gane más de dos puntos. O si Islandia suma tres puntos, Argentina deberá vencer a los nigerianos por una buena diferencia de gol para recuperar el registro negativo que en ese aspecto le proporcionó la caída ante Croacia.

Sampaoli hizo todo mal, se confundió, cambió de esquema y nombres en dos partidos, practicó con un equipo y después paró otro. Lo tenía a Lo Celso como uno de los favoritos y no sumó un minuto, puso de titular a Pérez, a quien no lo había incluido entre los 23. Sin trabajo improvisó con línea de 3. Excluyó a Sergio Romero, cuando podía llevarlo y le dio la confianza a Caballero, que no brindó seguridad postergando el buen momento de Franco Armani. Infinidad de errores que no podían tener otro desenlace.

Esta piña se veía venir, Argentina tenía la guardia baja y cuando eso sucede cualquiera le puede pegar un golpe. La Selección está en la lona y el árbitro contó hasta nueve, aún queda un hilo de vida antes de que le tiren la toalla. Pero ya no depende de sí mismo y los golpes que le propinaron le duelen en el cuerpo y en el alma.