La copa menstrual es un recipiente de silicona hipoalergénica flexible que se introduce en la vagina durante el período menstrual. Se aplica del mismo modo que un tampón, se vacía y se enjuaga de manera simple después y antes de volver a colocarla.

Tiene mayor capacidad de recolección que las toallitas o los tampones. Se recomienda generalmente por sus beneficios ecológicos y económicos. Es una inversión de una sola vez, no es necesario tener más de una y el costo, dependiendo de las distintas marcas, puede variar entre 500 y 1000 pesos contra un presupuesto por período que puede ir de 60 hasta 200 pesos con los elementos higiénicos más populares. No produce residuos y dura entre cinco y diez años. Es raro encontrarlas en farmacias y por lo general las venden particulares en comercios online en sus propias páginas o en Mercado Libre.

Sobre la dificultad de encontrarlas en farmacias, desde el Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Santa Fe observaron: "Aún hay muy poca demanda. Obviamente se generará cuando sea demandada por la gente. Actualmente las droguerías que abastecen habitualmente a las farmacias no las comercializan".

Ahora, este método ha ganado relevancia en los últimos años, pero la difusión o la información disponible es escasa en la web. Por lo que se han generado espacios femeninos y feministas en blogs o grupos de Facebook donde se intercambian ciertos datos que pueden ser falsos.

UNO consultó a María Cecilia Fábrica, médica tocoginecóloga (matrícula 4198) y docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Litoral, sobre qué es lo que se debe tener en cuenta a la hora de pensar en comenzar a usar una copa menstrual: "Lo primero es conocer bien sus genitales, conocer su cuerpo. Es mejor si ya se han colocado antes alguna vez un tampón, porque va en relación a conocer bien su cuerpo. Hay dos medidas: 1 y 2. Una mujer joven que no ha tenido hijos generalmente usa el tamaño 1, y cuando han tenido hijos o pacientes más obesas, el 2".

Entre los grandes debates en las redes sociales está qué tipo de certificaciones deben poseer las marcas para poder vender las copas en Argentina. Al respecto, Fábrica expresó: "No están certificadas. Son de silicona, es lo único que hay que fijarse, no van a ser de otro material. Pienso que un tampón va a ser más contaminante que la copa. Debe haber un tema entre fabricantes, si en realidad son todas lo mismo".

Asimismo, UNO consultó con la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) sobre los permisos para la venta de estos elementos y la entidad respondió: "Los productos "Copas menstruales femeninas" no se encuadran bajo la definición de producto médico y, por lo tanto, no requieren intervención de esta administración, dado que el fabricante, en su rotulado e instrucciones de uso, le atribuye prestaciones o funciones que no son destinadas a la prevención, diagnóstico, tratamiento o rehabilitación de enfermedades o a la anticoncepción en seres humanos, sin perjuicio de la obligación de cumplir otra normativa por la cual el producto o actividad se hallaren alcanzados y que no fueren de competencia de la Anmat. Se informa además, que el fabricante tiene la obligación y la responsabilidad de proporcionar información fidedigna sobre sus productos al consumidor con el fin de evitar que estos tomen decisiones equivocadas basadas en afirmaciones falsas, engañosas, no veraces, sobre las propiedades y características del producto, con el objeto de que el consumidor adquiera una compresión clara del uso apropiado del producto".

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Sobre la consulta si es recomendable para adolescentes, hayan tenido o no relaciones sexuales, Fábrica señaló: "Sí, como recomiendo un tampón, recomiendo la copa. Creo que va más allá de lo físico, sino que lo importante es la educación del paciente sobre su cuerpo. Por ahí las niñas pueden tener más miedo porque es algo más grande, pero se puede colocar. Y sobre el himen, no puede pasarle nada porque es totalmente flexible".

—¿Cómo es el cuidado de la copa?

—Se le puede tirar agua bien caliente. Hay que recordar que la vagina no es estéril, hay gérmenes. A un tampón tampoco te lo colocás estéril, no necesita tanta higiene.

—¿Se debe hervir?

—No tanto porque se puede desintegrar el material. Al lavarla la vida media de la copa puede ser más larga, puede durar mucho más. Se puede limpiar con agua bien caliente, se seca y se guarda.

—¿Es mejor esta opción que los tampones o las toallitas? ¿Cuál es la diferencia?

—Es lo mismo. Es por una cuestión ecológica más que otra cosa. Gastás menos toallitas, menos algodón, es menos dinero. Creo que el pensamiento de los que inventaron este método está destinado a que sea más barato y no produzca residuos. Se coloca igual que un tampón. No genera olor como con las toallitas, porque esa sangre no está en contacto con el oxígeno, entonces no huele. Es muy positiva la copa.

—¿Es una opción más higiénica?

—No lo creo. Hay que conocer bien el propio cuerpo. Cuando la retirás se puede derramar, más dependiendo cómo la tenés ubicada. Hasta te podés ensuciar más tal vez.

—¿Cuánto es el tiempo máximo recomendable para tener la misma copa puesta?

—Ocho horas. Es igual que el tampón. Tenerla más de ese tiempo con una pérdida menstrual abundante puede generar toxinas que pueden terminar en una infección generalizada. Uno tiene que cuidar que no pasen muchas horas. Igual también depende del día menstrual en el que estás, así se hace el recambio más seguido o no. Por su parte, los tampones ahora están bastante bien a diferencia de lo que teníamos hace quince años atrás; me parece que es más ecología que otra cosa.

—¿Cómo se coloca y cómo se retira?

—Para la colocación lo ideal es levantar una pierna y doblarla. En los manuales vienen distintas maneras en las que se puede doblar que recomiendo leer, eso es personal cuál te colocás mejor vos. Siempre le digo a mis pacientes que recorran con su dedo la copa - cuando ya está puesta - para ver si está totalmente abierta porque a veces puede quedar plegada. Y en la punta tiene un cabito, que se puede ir recortando si es que te molesta, depende como vos te vayas sintiendo con la copa menstrual. Y para retirar, hay una maniobra que es la de hacer una fuerza como para defecar, eso hace que el útero descienda y ahí la podés tomar a la copa, y es importante apretarla para sacarle el vacío porque sino es como una sopapa que queda pegada al cuello del útero y te va a molestar.

Asimismo, se debe tener en cuenta que con la copa menstrual se puede practicar cualquier deporte, natación inclusive. Para colocarla, hay distintas maneras de doblarla: se puede poner un dedo en el costado de la copa y usarlo como punto de flexión o hundir un lado hasta la base de la copa para formar una especie de capullo. Hay otras formas, pero lo importante es tener en cuenta que es un material flexible, suave y anatómico. Para retirarla es recomendable hacerlo en el baño, en un inodoro o bidet para tirar lo recolectado, y con fácil acceso a una canilla con agua para poder lavarse rápidamente. En caso de hervirla, tan solo se debe buscar un recipiente que resista las altas temperaturas. Algunas marcas venden envases esterilizadores, pero como opción más barata también se puede utilizar un frasco vació de mermelada. Se llena de agua, se introduce la copa previamente lavada y se pone tres o cuatro minutos en el microondas o se deja dentro de una olla en ebullición algunos momentos. Luego, se seca y se guarda.

Experiencias

Para muchas usuarias la mejor manera de saber si es la opción correcta es comprarla y probarla. Al ser un proceso individual, las experiencias pueden ser tanto negativas como muy positivas. En el caso de Yamila, hizo la inversión pero no le resultó: "Los tamaños que se ofrecen no son "claros" como para saber si es tu tamaño o no. No la pude colocar porque me resultó muy grande, y compré la más chica", lamentó.

Por su parte, Lucía le contó a UNO: "Una vez que conseguís la copa correcta, es un viaje de ida. No más manchas, ni más dolores. Podés hacer deportes sin ningún problema. En cuanto a la elección, fue por una opción ecológica y sin tóxicos, fue mi razón más fuerte. Nunca más tuve que salir corriendo a comprar un paquete de toallitas, que por cierto son bastante incómodas. Aprendí a conocerme mejor y por sobre todo, recuperé el respeto hacia mi menstruación".

"La elegí porque las toallitas me empezaron a sacar alergia en la piel y los tampones no me parecían cómodos a la hora de cambiarlos, siempre se me terminaban pasando. La copita me funciona perfecto. Si está bien puesta ni siquiera te das cuenta que está. No me generó ninguna alergia ni incomodidad, me parece más práctica porque no tengo que estar preocupándome por un stock de toallitas y tampones y me ayuda mucho a conocer mi cuerpo y mi período. Al fin de cuentas, me parece más cómoda, más práctica y a la larga mucho más económica", indicó Valeria.

En esta misma línea, Zaida explicó a UNO: "Una vez que aprendí a colocarla, ¡me funciona de maravilla! La elegí porque es cero basura, por los plaguicidas que tiene el algodón, porque es muy económica y porque estoy en estrecho contacto con mi ciclo, veo cuánto flujo hay, de qué color, olor. Hasta el momento no tuve problemas".

"La copa me funcionó perfectamente. Me costó tres períodos encontrar el pliegue que iba conmigo pero desde un primer momento la amé. La elegí con ayuda de una amiga. Tan convencida quedé desde entonces que la milito y soy revendedora", comentó Victoria.

Rocío en cambio, relató: "Ya venía usando un anillo vaginal como método anticonceptivo, por lo cual no fue difícil aprender a colocarme la copita. Las primeras veces la revisaba todo el tiempo y no me animaba a cortarle el cabito. También alguna vez la dejé mal desplegada y filtró un poquito. Nada serio igual. Al tercer período ya estaba recanchera. No me duele, no me filtra y no la cambio por nada".

"Fui al ginecólogo y me encontraron unas manchas en el cuello del útero, un PAP que no dio del todo bien y mil miedos. No quise usar más tampones porque me generaba mucha impresión y usaba toallitas descartables, que siempre me resultaron incómodas. Así llegue a leer de la copita y todos los testimonios favorables que tenía", dijo Florencia a UNO y agregó: "Al principio me costó un poco agarrarle la mano y tenía pérdidas, pero fui hablando con otras usuarias de la copa y me reayudaron".

La experiencia de Cecilia fue complicada: " Empec é c o n los pañales de tela y luego pasé a la copa, creo que la odio. Cometí el horror de comprar una que se me bajaba y cuando se satura filtra; además la usaba del revés porque el cabito era una tortura. Después compré otra de una marca diferente y no me resultó. El cabito me sigue torturando, lo corte y aún molesta, también se me baja y las rayitas que tiene en la base me raspan. La di vuelta y los relieves del talle me lastiman. Tengo entre el segundo y cuarto día muchísima intensidad, dos partos, 38 años, contextura grande y cérvix bajo. Tendría que probar otra copa pero la verdad ni ganas porque ya gasté. Hacer otra inversión y pifiar me da rabia. Igual no volví a usar toallitas descartables. Voy a ver cómo me va este próximo período".

Por último, Mayte expresó: "Lo que me motivó principalmente a adquirir la copita fue la cantidad tremenda de testimonios hablando maravillas de ella. Siempre padecí mucho que me viniera y me lo tomaba como una tortura por todo lo que implicaba (manchar todo, dormir mal, andar perseguida constantemente, usar ropa interior horrible, nada de deporte, el olor de las toallitas, el tema de la pileta en verano, etcétera). Otro beneficio que tiene es que no necesitás llevar nada más: la copa la tenés puesta siempre, vaciás, te la ponés de vuelta y a seguir la vida como si nada, tranquila y segura. Antes de adquirirla también me informé respecto al tema ecológico y de salud que implicaba, que es algo muy favorable y a tener en cuenta. Realmente me cambió la vida, la forma de transitar el período y se la recomiendo a todas".