Con sus 27 años y embarazada de su primer hijo, Macarena decidió que no iba a parir en un sanatorio. No era un lugar que la hiciera sentir cómoda y libre. Quería transitar ese momento especial y anhelado en un ambiente familiar, pero sintiéndose segura y acompañada.

El trabajo de parto comenzó a las 40 semanas y tres días de gestación. Estaba todo preparado para que ese ser que creció en su vientre llegara al mundo en el lugar que su mamá y papá, Rodrigo, habían elegido. Ese, donde acontece lo cotidiano, lo íntimo y familiar: su casa en San José del Rincón. Así fue como el 22 de abril, en el Día de la Tierra, a las 17.02 y con 3,600 kilos, nació Río.

—¿Cómo y por qué decidiste dar a luz a tu primer hijo en tu casa?

—Cuando estábamos transcurriendo el séptimo y octavo mes de gestación, con mi compañero, Rodrigo, habíamos decidido participar de una de las clases de preparación para el parto en el sanatorio. Justo asistimos a la clase que te llevan a conocer la sala de parto. Nos hicieron vestir con un kit quirúrgico y la partera nos dio una charla explicativa. Una de las cosas que me hizo ruido fue que apenas nace el bebé lo llevaban para limpiarlo, pesarlo, vacunarlo, etcétera; y yo deseaba que nuestro bebé esté la primera hora de vida conmigo. Es lo que se llama "la hora sagrada", donde el bebé se conecta con la madre y toma la teta por primera vez, panza con panza, después de haber transcurrido tanto estrés por el parto. Tampoco me gustó mucho el lugar, lo sentí frío, metálico, industrial. El olor de la sala me quitó más aún las ganas de estar ahí. Me descomponía. Fue por esto que se me despertó la curiosidad y le pregunte a Rodri: "¿Y si lo tenemos en casa?". Mi compañero me dijo que sí. Pensamos que podíamos hacerlo ya que todos los estudios médicos que me realizaban estaban muy bien. Y así se abrió el camino a la posibilidad de tener el parto en un lugar más cálido y armónico, en casa.

—¿Cómo te informaste acerca de los beneficios y los riesgos de parir en casa? ¿Tuviste miedo en algún momento?

—Una vez que había considerado la idea de tener el parto en casa, comencé a buscar información sobre las personas que me podían acompañar en este camino. Una vez que las encontramos, comenzamos a conocernos y a charlar sobre el tema. Fue en estas ocasiones que nos sacamos las dudas sobre los beneficios y los riesgos. Ellas me explicaron todo lo que podía llegar a salir mal y siempre supimos que si había complicaciones íbamos a ir al sanatorio. Pero en ningún momento tuve miedo, en ese caso no me hubiese animado. Sí tuve muchas dudas y lo importante siempre fue informarme y confiar en que podía, que el cuerpo está preparado para generar una vida y parir.

—¿Hablaste sobre esta decisión con tu médico obstetra? ¿Cómo fueron tus controles en el embarazo?

—Antes de decidir tener el parto en casa pensábamos tenerlo en una institución privada y aquí nos acompañaba mi ginecólogo obstetra. Él me hizo los seguimientos de todos los estudios médicos en el embarazo y todos estuvieron muy bien. Nada fuera de lo normal. También él estuvo de acuerdo al comentarle que planeábamos tener el parto en casa.

—¿Cómo se conformó el equipo que asistió a tu parto domiciliario?

—Tuve muchas recomendaciones de doulas, una obstétrica y parteras en la tradición de la zona de Rincón en la que vivo. Acá se dan muchos partos en domicilio. Después de tener un par de reuniones para conocer su forma de trabajo, elegí el equipo: la obstétrica, que viene del ámbito institucional y que tiene todo el conocimiento para acompañar el parto desde el lado de la ciencia y espiritual; y dos doulas, que me acompañaron desde el lado emocional y también espiritual. Todo el equipo iba para el mismo lado, humanista, de respetar los derechos de la familia y de la madre.

—¿Qué lugar elegiste para el parto y cómo lo acondicionaste?

—Elegí mi casa. Desde que quedé embarazada sentí que quería parir en la selva como un animal salvaje. Y cuando se acercó el momento, me fui a un vivero a buscar las plantas que me harían sentir en ese lugar mágico en mi mente. Compré unas palmeras de interior que representaban la humedad y la selva, una lavanda que representaba la tranquilidad y la confianza, y un Juvenil -planta que aún no había florecido y no sabía de qué color eran sus flores- que representaba la frescura y el renacer. Preparamos la cocina comedor, el baño y nuestra habitación. Teníamos a disposición una pelota de Pilates, una tela de hacer acrobacias, estufas, sonidos y aromas relajantes.

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—¿Cómo fue el parto?

—El parto fue una experiencia mística. Cada contracción la viví como una montaña rusa: cuando la contracción llegaba y crecía, el carrito de la montaña rusa subía la pendiente hasta el punto máximo y luego se deslizaba por la pendiente hacia abajo. Así las sentí y emocionalmente me llevaban a un estado primitivo que nunca en mi vida viví. Siempre era para adentro, conectarme con mi vientre y con toda la energía que nacía de todo mi cuerpo para lograr un solo objetivo. Es increíble cómo todo tu cuerpo, tu mente, tu espíritu, tus emociones, se unen para un mismo fin. Mi trabajo de parto duró 15 horas. En todo ese tiempo, que en mi mente fueron como dos horas nada más, me dediqué a respirar, a conectarme con mi ser primitivo, con mi linaje femenino, a vocalizar en cada contracción. Usé la pelota de Pilates para relajar y abrir el cuerpo, la tela de acrobacias para colgarme y pujar con ayuda de la gravedad, la ducha caliente para relajar mi cuerpo y expandirlo, los sonidos de las aves en el amanecer -que había elegido para el parto como música ambiental- para relajar cada contracción y sentirme parte de esa selva, los aromas para conectar con todos los puntos energéticos de mi cuerpo. En todo momento estuve acompañada por mis seres queridos, por el equipo de trabajo, por mi linaje femenino que me precede, todos con amor y armonía, con mucha confianza y empoderamiento para lograr lo que nos propusimos, tener a Río en nuestro hogar.

—¿Cómo fueron los primeros minutos con Río?

—Río nació en nuestra cama, lloró apenas salió y se calmó al instante. Miró a todos, me lo apoyaron en mi vientre, nos miramos y sentí como el reencuentro de dos personas que hace muchos años que no se ven. Alegría de conocer a mi nuevo compañerito de vida. Le hicieron el control y durante esa primera hora de vida estuvo conmigo, arriba de mi pecho, como lo deseaba. A los días, fuimos al pediatra y a ponerle las vacunas.

—¿Hubo algo fuera de lo previsto?

—No

—¿Tenían planificado algún protocolo por si había una emergencia?

—En el caso de que algo no saliera como lo esperábamos teníamos un plan B: ir de urgencias al sanatorio donde estaría esperándome mi ginecólogo obstetra.

—¿Por qué Río?

—El nombre de nuestro bebé tardó en llegar. Recién al octavo mes apareció ese nombre y nos encantó. Río nos identifica como seres que fluyen, que crecen, que se transforman. Río nos une. Por el río Ubajay, el río Paraná, el río Amazonas, por la misma sonrisa, es Río.

Para Macarena su parto planificado en casa fue "algo fantástico y amoroso", una experiencia que volvería a repetir.