Martes 25 de Noviembre de 2014
La semana pasada se realizó en la ciudad de Santa Fe el IV Congreso de Salud Pública, que reunió a más de 2.600 personas entre trabajadores del área, funcionarios locales, provinciales, nacionales e internacionales, bajo la consigna Integralidad como Movimiento para el Cambio Cultural en Salud.
Quizás, una de las presencias más interesantes y destacadas haya sido la del doctor Arthur Chioro, ministro de Salud de Brasil, uno de los responsables de llevar adelante un proyecto inspirado por autores y actores ineludibles del pensamiento sanitario progresista; que también marcaron y marcan las políticas públicas en salud que, desde fines de 2007, vienen implementándose en la provincia.
El amigo personal de Lula da Silva y funcionario de la presidenta Dilma Rousseff, consideró al encuentro como “una oportunidad muy especial para el intercambio de experiencias y vivencias, dados los desafíos que Santa Fe tiene para con su población: una atención de la salud integral y de calidad”.
“Hoy se comprende –enfatizó Chioro– que muchos de los retos a los que nos enfrentamos son compartidos en el ámbito mundial y no solamente en Sudamérica: la fragmentación del modelo biomédico, la necesidad de humanizarlo, de producir mayor calidad en el cuidado, son hoy prioridades universales”.
Consultado por Diario UNO y otros medios, aseguró que si bien cada experiencia está atravesada por las singularidades de un país, y que en Brasil y Santa Fe hay problemas y desafíos distintos, “compartimos un mismo horizonte ideológico y conceptual sobre lo que debe ser el sistema público. Aquí también se apuesta al acceso gratuito, universal y equitativo a la salud, que es un valor y un derecho incuestionable que todo Estado debe garantizar”.
Y destacó: “El concepto de «integralidad» que se explica en este congreso, se desarrolla y se busca aplicar, es uno de los conceptos más importantes en el campo sanitario para hacer transformaciones en favor de todos los ciudadanos y brindar más y mejores servicios. Estos servicios se aseguran por la construcción de una red real, eficiente y comprometida de personas y recursos que van desde la prevención hasta la atención de máxima complejidad: desde las vacunaciones hasta la atención de emergencias, la internación en cuidados críticos y el trasplante de órganos. Esto no es posible si no se establece un vínculo, una relación comprometida entre los trabajadores de la salud en toda esta red y los usuarios”.
E ilustró Arthur Chioro en este sentido: “Porque podemos tener los mejores hospitales, equipos, tecnologías y los médicos más capacitados; aunque si no existe ese compromiso y esa empatía, los resultados de nuestra intervención no son los mismos. Nada de todo ello puede sustituir al cuidado, a la relación, a la comunicación franca entre el trabajador y las personas”.
—Para ello hace falta un presupuesto acorde. ¿Brasil lo tiene? (pregunta otro medio).
—No completamente, hay dificultades. Nuestra Constitución dice que todas las personas tienen derecho a satisfacer las necesidades básicas como la salud y que las mismas deben ser garantizadas por el Estado. Para ello necesitamos el acceso creciente a recursos, dada la incorporación de nuevas tecnologías, que no son sustitutivas sino acumulativas, algo muy costoso. Ejemplo es el caso de la biomedicina. De modo tal que debemos buscar nuevos recursos. Por eso es que nuestra presidenta Dilma ha realizado un cambio legislativo importante para que, de lo obtenido de la exploración del petróleo profundo, un 25 por ciento sea destinado a Salud y un 75 por ciento a Educación, dos prioridades.
Cuba, relaciones y tensiones
—Ministro, ¿por qué Brasil incorpora médicos de otros países con orientación en medicina general para el primer nivel de atención? (pregunta Diario UNO).
—Creo que, históricamente, el Estado brasileño no tuvo la capacidad de hacer una planificación adecuada a las necesidades, en cuanto a la formación, perfil y distribución de los profesionales. Siempre delegó a las corporaciones médicas la propia regulación de la formación y de la especialización. Ahora sucede que nuestro sistema ha crecido tanto, y fuimos extendiendo tanto los espacios para la atención primaria, que fue necesaria esta medida. Para que se comprenda: en Argentina ustedes tienen tres médicos para diez mil habitantes. Nosotros tenemos 1,8. Incluso, algunas regiones del norte de Brasil tienen menos de un médico por cada 10 mil habitantes. Eso es inadmisible. Entonces, dado que ellos demoran seis años en formarse, más dos o tres años en la residencia, debimos iniciar este proceso de convocar a médicos extranjeros hasta tanto esta situación se revierta.
—La medida fue muy criticada por la oposición. Dicen que los cubanos trabajan en situación precaria, que le quitan trabajo a los médicos locales, entre otros argumentos.
—Sí, fue muy criticada.
—¿Le pagan lo que corresponde?
—¡Sí! En favor de esta política, puedo decirles que el Programa Más Médicos tiene, sin embargo, un 95 por ciento de aprobación popular. Y, según las encuestas, incluso entre la población que no es usuaria de ese servicio, una aprobación del 84 por ciento. Además, la iniciativa es el resultado de una ley aprobada en el Congreso Nacional. Asimismo, tanto los médicos brasileros como los extranjeros –en donde hay argentinos– tienen un contrato que dura solamente tres años y van a los centros de atención primaria. No pueden ejercer libremente. Además, los cubanos que vienen, lo hacen a través de un convenio firmado con OPS –no es una contratación individual–. OPS tiene un convenio con Cuba y otro con Brasil. Son todos trabajadores empleados del gobierno de Cuba, con los derechos laborales que los asisten; tienen allí sus cargos, reciben el sueldo de Cuba más un complemento del 30 por ciento de lo que ganan los médicos brasileños. Sucede que los médicos opositores no quieren atender a la población más vulnerable y no quieren que otros profesionales del mundo vengan a garantizar esa atención que ellos no están dispuestos a dar. Se trata de una disputa política.
—¿En qué consiste el programa?
—Es parte de un amplio servicio de mejora para los usuarios del Sistema Único de Salud, que prevé la inversión en infraestructura de los hospitales y centros de salud, además de traer más médicos a las zonas donde no hay. Con la convocatoria para trabajar en la atención primaria en las afueras de las grandes ciudades y municipios del país, el gobierno federal garantiza y amplía la accesibilidad llevando profesionales adonde antes no los había. Estos cargos se ofrecen prioritariamente a nuestros compatriotas; y en el caso de que no sean cubiertos, se aceptan extranjeros, con la intención de resolver este problema, que es una situación de emergencia para el país. Los municipios no pueden esperar seis, siete u ocho años hasta que egresen los médicos y, tampoco, depender de algo azaroso: que decidan o no ejercer allí.
Viraje radical en la formación
Para el ministro de Salud de Brasil, la creación de un programa para llevar a los médicos a zonas desatendidas es un aspecto más, dentro de una serie de acciones estructurales para mejorar la formación y reducir la escasez de profesionales.
Por eso, “desde el 1 de enero de 2015, los estudiantes que se matriculen en cursos de pregrado deberán cumplir con un mandato de dos años en las clínicas y salas de emergencia de los SUS (Sistemas Únicos de Salud)”, explicó.
Con matices, esto es similar a lo que se aplica en otros países: los estudiantes deben pasar por un período de entrenamiento en el trabajo, con una inscripción provisional, y luego ejercer la profesión.
—Este cambio curricular seguramente es resistido.
—Sí. Y ahora hay otra gran disputa: se oponen a la creación de nuevas facultades de Medicina.
Estado garante
- “Un médico recién recibido que ingresa al Estado, en Brasil, cobra 15 mil dólares. Incluso, algunos municipios del interior llegan a pagarles hasta 20 o 30 mil dólares. ¿Por qué? Porque no se consiguen; o a veces no van todos los días a trabajar. Hay una condición determinada por el mercado: cada vez más espacios vacantes”, dijo Chiorio.
- Por eso hay una situación objetiva de desequilibrio. ¿Qué hacemos?: lo mismo que Canadá, España, Reino Unido, entre otros: regular la formación de modo tal de garantizar la atención para aquellos que más la necesitan”.
Por Mariano Ruiz Clausen / Diario Uno Santa Fe